Afortunadamente la situación parece estar cambiando –aunque sea muy poco a poco– en los últimos años, con la colección Signo e Imagen de Cátedra a la cabeza. Asimismo, a los clásicos pero útiles libros de autor colectivo que orientan sobre las mejores obras –1001 cómics que hay que leer antes de morir (Grijalbo, 2012), 100 Cómics (Jot Down, 2014)– se van sumando otros mucho más personales. Es el caso de los Cómics sensacionales (Larousse, 2015) de Santiago García y el más reciente La cárcel de papel de Álvaro Pons (Confluencias, 2017). Dos obras que contagian entusiasmo y transmiten conocimiento sin pedantería, que hacen convivir con naturalidad la adicción y el amor inmarchitable en primera persona a los tebeos con una labor ensayística y didáctica que ayuda a entender mejor la vigencia de los clásicos, a descubrir nuevos artistas y a redescubrir joyas pretéritas casi olvidadas.

Aparte de guionista de Las meninas (Astiberri, 2015), cima del cómic español reciente, Santiago García es también autor de La novela gráfica (Astiberri, 2010), un repaso por la historia del tebeo adulto y el modo en que ha evolucionado hasta la actualidad. En esa tradición divulgativa hay que encuadrar Cómic, arquitectura narrativa, de Enrique Bordes. Una investigación primorosamente editada, con un esmero en la ilustración que deviene en generoso banquete para cualquier amante del arte. Un trabajo que rastrea y analiza los vínculos más evidentes y también los menos obvios entre la arquitectura y las historietas y que arroja luz sobre el modo en que las dos partes se han tenido en cuenta. Y en ese viaje al pasado en busca de posibles antecedentes del lenguaje gráfico actual en las formas arquitectónicas y soportes más antiguos –columnas, papiros, tumbas, códices…–, uno no deja de acordarse de aquel aforismo de Eugenio D`Ors: “Todo lo que no es tradición es plagio”. Tan aplicable, por otra parte, a tantas disciplinas artísticas.

La construcción de la página

Bordes es persona idónea para abordar esta tarea: apasionado de los tebeos desde crío, obsesionado muy pronto con el modo en que se conciben, y luego arquitecto y profesor que desde hace más de una década incorpora el cómic a sus clases de dibujo. Tras su lectura, uno ya no vuelve, ante la página, a mirar igual una fachada, una ventana o una escalera. No se trata de solo de alucinar con las posibilidades que ofrecen estos elementos y otros como tabiques, ascensores, cornisas, áticos o buhardillas a los dibujantes más arriesgados. Es también fijar la atención en la estrategia que siguen muchos autores cuando deciden la “construcción” de la página: el número de viñetas, su separación, las proporciones, la colocación del texto…

Como no podía ser de otra manera, la 13, Rue del Percebe, de Francisco Ibáñez, es uno de los contenidos protagonistas del libro de Bordes. Antes de que el creador de Mortadelo y Filemón levantara el edificio más icónico de la historieta española, el modelo tenía unos cuantos precedentes fuera y (alguno) dentro de este país pero pocos como éste son capaces de ofrecer un retrato nada pretencioso de los “modos de una época y una manera de vivir urbana”; y sobre todo ninguno se recuerda tanto más de medio siglo después de su aparición en escena.

El edificio como protagonista

La convivencia entre habitaciones que hacen las veces de viñetas cuajó especialmente en las revistas francesas en la segunda mitad del siglo XIX y sigue siendo una opción que alcanza la condición de obra maestra definitiva con la publicación de Building stories (Penguin Random House, 2012) de Chris Ware. De hecho, el estadounidense es, sin duda, el gran héroe de esta indagación por las costuras más y menos visibles de la historia del cómic. Un artista exigente con el lector, que fascina a la crítica y deslumbra a los colegas de profesión con cada nueva entrega.

Para Bordes, Ware es sinónimo claro de revolución en lo que a exploración de los límites de la página se refiere. Seguramente nadie como este tipo modesto parece concebir hoy de un forma tan transparente “la página de cómic como una estructura que hay que diseñar, similar a la arquitectura”. Ware no estudió arquitectura (ni falta que le hace) pero cursar esa carrera y dibujar cómics es más común de lo que podríamos pensar; citemos como ejemplo dos maestros del tebeo erótico, los italianos Milo Manara y Guido Crepax; o los españoles Miguelanxo Prado y Daniel Torres.

Las últimas cien páginas del libro son un verdadero festín para la vista, con ejemplos maravillosos de hasta dónde se puede llegar en el juego de secuencias, dimensiones, perspectivas, fragmentaciones, colores o secciones. Un nuevo libro para aprender a disfrutar aún más de los tebeos de hoy y de siempre.


CA00329501Cómic, arquitectura narrativa
Enrique Bordes
Ediciones Cátedra
408 p
28 euros