Ernesto Mendoza dice que si pesara cinco toneladas, midiera tres metros y tuviera unos largos colmillos se iría a cazar reyes al Palacio de la Zarzuela. Su tradicional aversión a la monarquía se ha visto alimentada estos días por el escándalo de Botsuana y se pasa el día haciendo chanzas sobre el asunto. Siempre le ha importado un higo la naturaleza, la fauna y la flora, pero ahora se ha convertido en un defensor de los elefantes, unos animales sagrados, dice. En solo dos días me ha contado varias veces la recién aprendida historia de Ganesha, el dios hindú con cabeza de paquidermo. Sé que le interesa tanto el hinduismo como a mí (o menos), pero solo por llevar la contraria se ha hecho con una figura de Ganesha y se empeña en que presida nuestro salón. Ante mi cara de estupefacción e indignación cada vez que veo semejante horterada encima de la mesa que tenemos delante del sofá, le entra siempre un ataque de risa y entre carcajada y carcajada solo se le ocurre una y otra vez el mismo chiste:
-Me parto la cadera, Santi; digo el pecho, perdona, me parto el pecho –y vuelve a reírse todavía con más fuerza.