Seguramente no prestó demasiada atención a The Boston Globe cuando a finales de los sesenta le comparaba con James Joyce, cuando aún no había grabado ni un solo disco, y seguramente tampoco celebrará especialmente el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Seguramente preferirá seguir estudiando las enseñanzas del Rinzai Roku de Lin Chi y escribiendo poemas; y a algunos, con suerte, les pondrá música. Leonard Norman Cohen es así, místico y refugiado en sus versos. A mil besos de profundidad. O profundo como mil besos.
Leonard Cohen: A Thousand Kisses Deep
MELOFILIA: Todas las mañanas del mundo…
… son un camino sin retorno. Lo dijo el escritor francés Pascal Quignard, y eso es lo que se puede decir a sí mismo algún político tras las elecciones y también los miles de españoles que estos días inundan plazas y acampan reclamando cambios. Y seguramente deban afanarse en que esos caminos sean transitables, bien señalizados y que recojan lo mejor de otros senderos pasados para no encontrarse con el tiempo en un laberinto, o en un callejón sin salida o, quizá, con la evidencia de que llevan al mismo sitio pero en peores condiciones.
El arte de los recuerdos
Salió tímido al escenario, como si se hubiese equivocado, con los hombros encogidos y agarrado a la guitarra como si se escondiese tras ella de la mirada expectante de la platea. Ya sentado, comenzó a acariciar las cuerdas, afinó por última vez y se relajó finalmente al recibir la sonrisa acogedora, generosa y confiada de Sir Rattle. No en vano, él y los 128 profesores de la Berliner Philharmoniker acababan de despacharse una magistral España de Chatrier como monumental aperitivo de una mañana para el recuerdo en el Teatro Real de Madrid.
Último día para participar en el concurso musical de Melofilia
Con más o menos éxito, nuestro blog Melofilia pretende servirles en cada entrega recomendaciones de música poco habitual o, cuando menos, no demasiado frecuente en los circuitos de consumo masivo. Pues bien, Melofilia les invita ahora a que compartan con todos los lectores sus descubrimientos, sus joyas escondidas, sus rarezas musicales, esas que cuando encuentran, o les cuentan o les recomiendan, les despiertan un regusto especial. O aquella canción que escucharon de madrugada en la radio y no pararon hasta encontrar, o aquel disco que un amigo les grabó y ya forma parte de su colección para los momentos de estar-con-uno-mismo, o esa banda sonora de esa peli de arte y ensayo, o… Bueno, ustedes ya saben de lo que hablamos.
Sin día D no hay DíasDe
Envidia sana. Eso es lo que siento cuando veo a media España regalar un libro a la otra media. Si el 23 de abril no regaló un libro a nadie o nadie le regaló un libro, tiene un problema. O, al menos, eso es lo que dicen los números. Según la Federación de Gremios de Editores de España, en torno al Día del Libro se venden unos veinte millones de ejemplares. Es verdad que cada año esa cifra desciende ligeramente, pero veinte millones de ejemplares.
Último disco, última canción, última toma
Eso es lo que parece que dijeron Los Beatles la última vez que grabaron juntos en un estudio, en este caso el álbum Abbey Road. Antes de anunciar su separación, un día tal como hoy de 1970, nos dejaron su última canción: Let It Be. No fue mal legado. Nos han contado tantas veces su historia y hemos visto tantas veces sus imágenes en blanco y negro, con las fans –las ahora abuelas que no entienden como un personaje como Justin Bieber puede ocupar portadas de periódicos e informativos de televisión– y las gruppies, simbolizando con sus gritos y sus ojos en blanco la histeria colectiva que rodeaba a estos chavales, que no apetece volver a contarla.
El juego de los descubrimientos
El otro día comía con unos amigos en una terraza en Madrid. Unas deliciosas anchoas a la brasa inauguraron un desfile de viandas de primera. Tras la agradable copa, elegantemente servida, nos dispusimos a marcharnos con los consiguientes agradecimientos por la calidad de la comida y la entrañable atención del personal. Poco después comprobamos "ojipláticos" que el amigo al que más le habían gustado los gin tonic del bartender había decidido hacer suya una de esas mantitas que aún son necesarias en la primavera madrileña y que amablemente se disponen para los clientes más frioleros.
Del canon a las descargas
Se reabre el debate sobre el canon digital de la SGAE. Un fallo de la Audiencia Provincial de Barcelona nos ha recordado su existencia y ha traído a nuestras cenas de amigos el siempre polémico asunto. Se enhebran muchos asuntos en uno solo y a veces son distintos.
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