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abril
2/05/2012

Jueves, 17 de mayo de 2012

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Relato de verano

'El campo de las brujas': el desenlace

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¿Cómo puede mi Musa tratar de inventar algo
mientras tú me alientas y esparces en mis versos
tu exquisito argumento, demasiado excelente
para que algún papel, vulgar, te lo repita?
Oh, date tú las gracias si algo de lo que es mío
por digno de tu vista se ofrece a la lectura.
¿Quién sería tan necio que de ti no escribiera
cuando eres tú quien da la luz de la invención?
Sé la décima musa, diez veces más valiosa
que las antiguas nueve que invocan los poetas
y al juglar que te llama, déjalo producir
los versos inmortales que al tiempo sobrevivan.
Mas si mi tenue Musa agrada en ese tiempo,
sea mía la pena y tuya la alabanza.

(Soneto XXXVIII, William Shakespeare)

El campo de las brujas (capítulo 9, penúltimo)

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Esta vida que yo vivo
es privación de vivir;
y así es continuo morir
hasta que viva contigo.
Oye mi Dios lo que digo:
que esta vida no la quiero,
que muero porque no muero.
Estando ausente de ti,
¿qué vida puedo tener
sino muerte padecer,
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
pues de fuerte persevero,
que muero porque no muero.

(Coplas del alma, San Juan de la Cruz)

El campo de las brujas (capítulo 8)

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"La situación, cheri, es muy simple. Desde luego, sé con absoluta certeza que no soy nada para ti, menos que nada. Oh, sí, te gusta hablar conmigo (y burlarte de mí), le has tomado afecto a nuestra casa acogedora, a los libros que me gustan, a mi jardín encantador, hasta a los alborotos de Lo, pero... yo no soy nada para ti. ¿No es cierto? Absolutamente nada. Pero si después de leer mi «confesión» resolvieras con tu oscuro y romántico aire europeo, que soy lo bastante atractiva para sacar ventaja de mi carta y hacerme avances, entonces serías un criminal, peor que el raptor que viola a un niño. Ya lo ves cheri. Si resolvieras quedarte, si te encontrara en casa (cosa que no ha de ser, lo sé, y por eso soy capaz de desahogarme), tu permanencia sólo significaría una cosa: que me quieres tanto como yo a ti, como compañero para toda la vida, que estás dispuesto a unir nuestras vidas para siempre y a ser un padre para mi niñita".

(Lolita, Vladimir Nabokov)

El campo de las brujas (capítulo 7)

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"Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;
después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme;
en tantos laberintos, no perderme,
ni haber, tras tanto olvido, recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?
Antes muerto estaré que escarmentado:
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado."

(Las tres musas últimas castellanas, Francisco de Quevedo)

El campo de las brujas (capítulo 6)

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"Si lo que quieres es vivir cien años, no pruebes los licores del placer;
Si eres alérgico a los desengaños, olvídate de esa mujer.
[…] Deja pasar la tentación, dile a esa chica que no llame más;
y si protesta el corazón, en la farmacia puedes preguntar: ¿venden pastillas para no soñar?"

(Pastillas para no soñar, Joaquín Sabina)

El campo de las brujas (capítulo 5)

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"Ven conmigo a otro aposento,
labradora de mi vida,
que en parte más escondida
te quiero hablar un momento;
que me ha dado el corazón
que el Cielo aquí te ha traído
para que en gozo cumplido
vuelvas mi amarga prisión.
Ven, que ya en tu voluntad
está mi vida o mi muerte,
mi buena o mi mala suerte,
mi prisión o libertad".

El campo de las brujas (capítulo 4)

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"¡Es tan fácil, tan natural, crear ese mundo legendario, fantástico! Se diría, en efecto, que no es una ilusión. A decir verdad, en algunos momentos está dispuesto a creer que esa vida no es una excitación de los sentidos, ni un espejismo, ni un engaño de la fantasía, sino algo real, auténtico, palpable".

El campo de las brujas (capítulo 3)

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"La estupidez del mundo es tan superlativa que, cuando nos aquejan las desgracias, normalmente producto de nuestros excesos, echamos la culpa al sol, la luna y las estrellas, como si fuésemos canallas por necesidad, tontos por coacción celeste; granujas, ladrones y traidores por influjo planetario; borrachos, embusteros y adúlteros por forzosa sumisión al imperio de los astros, y tuviésemos todos nuestros vicios por divina imposición. Prodigiosa escapatoria del putero, achacando su lujuria a las estrellas".

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