Cuenta Peter Biskind en Moteros tranquilos, toros salvajes que, por regla general, cuando los ejecutivos de un estudio proyectaban una película, a la salida no hacían comentarios. “Cuando Ashley (presidente de Warner Bros.), Calley (ejecutivo y productor) y Wells (vicepresidente de operaciones) vieron El exorcista por primera vez se quedaron clavados en sus asientos, atónitos. Calley preguntó retóricamente: «¿Qué carajo acabamos de ver?» Les encantó, aún sin saber muy bien qué habían hecho. […] El exorcista era un plato fuerte. La gente sufría colapsos, se desmayaba y se cuenta que hubo varios ataques de histeria. Los exhibidores tenían preparadas bolsitas de emergencia para los que no podían retener la comida. Los espectadores, convencidos de que sus seres queridos estaban poseídos por el demonio, bombardeaban a la Iglesia con peticiones de exorcismos. Un funcionario de la Iglesia de Escocia escribió que «prefería darse un baño en un pozo de estiércol de cerdo antes que ver la película»”.

Así se abría en 1973 un agujero en la historia del cine, quizá el factor seminal junto a La Semilla del Diablo, de donde emergerían todas las películas que se han realizado posteriormente en clave de terror. Desde entonces se ha investigado en la tipología del miedo de tantas maneras posibles que ya resulta complicado sorprenderse. Hereditary comienza como un elegante ejercicio visual en que la cámara baila y vascula y juega con las escalas, empleando la inteligente idea de insertar maquetas y el efecto de casa de muñecas como elemento paralelo e interno de la narración. Con una apariencia de distancia, Ari Aster nos sitúa como testigos e incluso partícipes de la vida familia que acaba de perder su octogenaria matriarca. La audacia narrativa deudora de Psicosis parte la película en algo así como dos mitades, alejándose progresivamente del drama en pos de lo sobrenatural.

Solvencia

La fortaleza de Hereditary, más allá de la solvencia narrativa y visual que se da por asumida en Hollywood, reside en la utilización y confluencia de matices y tipologías del terror sin que resulte confuso o cansino. Toni Collette pone el punto de brillantez actoral en un ejercicio de gran versatilidad mientras que la pequeña Milly Shapiro asombra con un rostro que parece diseñado para esta película.

Cuando Francis Ford Coppola trataba de hacerse hueco en la cambiante industria de Hollywood a finales de los 60 corrió numerosos riesgos económicos para conseguirlo. Tras visitar una productora danesa con el equipo más moderno del momento recorrió varias ferias comerciales como la de Colonia, donde compró mezcladoras de sonido y consolas horizontales KEM por valor de 80.000 dólares (dinero que no tenía). Como relata el diseñador de sonido Walter Murch, Coppola se dio cuenta inmediatamente de la importancia del sonido en el cine, algo que se consideraba accesorio en la época. Su aportación fue fundamental. En su película La conversación sintetizó toda aquella preocupación técnica y emocional.

Cabe mencionar este hecho para acercarse y comprender el uso del sonido en el cine contemporáneo. Difícil resulta encontrar fallas con un avance tecnológico tan refinado en dicha materia. Pero al tratarse de cine de terror su relevancia quizá adquiera otro sentido. El sonido no solo asusta o sorprende, también anticipa y facilita la comprensión del espectador, genera expectativas e incluso confunde intencionadamente. En Hereditary podemos observar todo esto, y por ello, la labor de Coppola y otros sigue siendo capital aún en 2018. Otros directores como Stanley Kubrick o David Lynch lo percibieron. Y por cierto, una vez más el sonido, esta vez en forma de música paroxística en una curiosa secuencia final, que hace recordar el diseño sonoro de 2001: Odisea del espacio.

No se trata, pues, de una obra de susto ni digestión fácil, sino de una compleja y tensa película que aleja a cualquier espectador prejuicioso de la trivialización al que está expuesto el cine de terror. Notable.

Hereditary
Dirección: Ari Aster
Guion: Ari Aster
Intérpretes: Toni Collette, Gabriel Byrne, Alex Wolff, Milly Shapiro, Ann Dowd
PalmStar Entertainment / Windy Hill Pictures / 2018 / 126 minutos
Distribuida por A24