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Lecturas… pasiones

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Él lee; ella, escucha. De las palabras pasan a los hechos y, desde el hilo conductor de la lectura, entre él, un muchacho de apenas 15 años y ella, una mujer 20 años mayor, se instala la pasión. Espigado y adolescente Michael Berg transita por las dudas e inquietudes propias de su edad. Volviendo del colegio un día enferma y es ayudado por una mujer, Hanna, que trabaja como revisora de tranvía, a la que recuperado y agradecido, semanas más tarde lleva a su casa un ramo de flores.

Es el principio de una relación erótica en la que, antes de cada encuentro, ella le pide que le lea a Homero, a Schiller, a Tolstói, a Goethe… Estamos en la Alemania de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. La pasión durará los largos meses de un verano hasta que, sin dejar rastro, Hanna desaparezca.

El tiempo salta y nos sitúa ante un Michael que, como estudiante de derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de crímenes contra la humanidad en su condición de guardianas de campos de concentración nazis. Atónito, descubre que una de esas criminales es Hanna.

Entre los gratos recuerdos y el horror, entre la placidez de aquellas lecturas y la sed de justicia, entre la evocación y los hallazgos (como descubrir que en aquel entonces ella era analfabeta) Michael trata de comprender quién era, quién es, qué queda de la mujer a la que amó.

Del papel a la pantalla

Con este sugerente argumento Berhard Schlink publicó en 1995 El lector, novela que tuvo de inmediato enorme repercusión y fue traducida a 39 idiomas. Ya entonces, Stephen Daldry, en aquel momento hombre de teatro y hoy consolidado cineasta que ha dirigido la más que digna versión cinematográfica, leyó la obra y comenzó su lucha por llevarla a la pantalla.

Por cuestiones diversas ha tardado 13 años en hacerlo. Entre tanto logró dos nominaciones al Oscar como Mejor Director por su debut como cineasta con Billy Elliot y, en 2002, con Las horas. Ahora, a través de la adaptación de esta historia de amor y redención, horror y piedad -protagonizada por una convincente Kate Winslet, que acumula premios  por su interpretación -entre ellos el Oscar a la Mejor Actriz- y unos correctos David Kross (como Michael adolescente) y Ralph Fiennes (como Michael maduro)-, esta reflexión sobre las heridas que la historia ha dejado abiertas y no acaban de cicatrizar, sobre la seducción y el peso de la culpa, Daldry ha visto cumplido un sueño largamente gestado.

Eso es todo

Rodada en Alemania, Polonia y Estados Unidos, marcada por la desaparición de sus dos emblemáticos productores ejecutivos (los también directores Sydney Pollack y Anthony Minghella), El lector, al margen de la polvareda que levantan los Oscar y de algún fallo inexplicable, como el pésimo reflejo del paso del tiempo por ella al que nada ayuda un vulgar maquillaje, es una notable propuesta que contagia sinceridad y logra trasladar al espectador la pasión e inquietud que la historia original contiene.

“En los primeros tiempos después de la muerte de Hanna”, concluye el protagonista, “siguió atormentándome la duda de si realmente la había negado y traicionado, de si al amarla me hice culpable, de si debería haberme liberado de ella de palabra y de obra, y de cómo podría haberlo hecho. A veces me preguntaba si era responsable de su muerte. Y a veces me enfurecía con ella y con todo lo que me hizo. Hasta que el odio perdió fuelle y las dudas trascendencia. No importa lo que hice o no hice, ni lo que ella me hizo a mí: es mi vida, eso es todo”.

El lector.
Dirección: Stephen Daldry.
Intérpretes: Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, Jeanettte Hain y Lena Olin.
Alemania. EE.UU. / Drama / 2008 / 123 min
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