Para el buen cinéfilo, existen dos Nueva York diferentes: la ciudad real, la de los rascacielos, en la que viven millones de seres humanos, y la ciudad mítica, nacida del cine y de los sueños que las películas generan.

Lugares

Con este libro, podremos acompañar por sus calles a estrellas como Natalie Portman, Will Smith, Al Pacino, Leonardo di Caprio o Mia Farrow en películas como Cisne negro, Soy leyenda, Serpico, Revolutionary Road o La semilla del diablo.

Podremos también visitar, entre otro buen número de lugares, la estación de bomberos de Cazafantasmas, al apartamento de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, el banco con vistas al río en el que se enamoran Woody Allen y Diane Keaton en Manhattan o la pizzería en la que trabaja Tobey Maguire en Spider-Man 2.

La real

El cinéfilo echará en falta ciertas obras de referencia en esa larga historia de amor entre Nueva York y las películas, como La ventana indiscreta, La soga, La calle 42, King Kong o Tu y yo. La razón es que no se han incluido los filmes en los que la ciudad fue reproducida en estudio o aquellos en los se utilizaron cicloramas, para primar a las que muestran la ciudad real, no solo como fondo, sino también como tema. Aquellas que han contribuido a la visión generalizada de Nueva York como la ciudad cinematográfica por antonomasia, como un enorme plató de cine al aire libre.

Cada localización incluye una fotografía del lugar, descripción de la escena de la película así como información práctica (cómo llegar, horarios, página web, etc.). Dos capítulos finales nos acercan a dos formas de contemplar la Gran Manzana en pantalla: como inspiración para los cómics de grandes superhéroes y como plató de televisión en el que se han rodado miles de series.

Historia de dos ciudades

Nueva York —su skyline, sus edificios emblemáticos, sus puentes y sus estrechas calles abigarradas de escaleras de incendios— ha estado presente en las películas estadounidenses desde los inicios de Hollywood.

Fred Astaire y Ginger Rogers bailaban en espaciosas pistas de baile de lujosos clubs situados en las altísimas terrazas de los rascacielos; Cary Grant e Irene Dunne discutían, se separaban y se volvían a enamorar en exquisitos apartamentos situados en los Uppers sin perder nunca la sonrisa y sin que apareciera una sola arruga en sus elegantes trajes; James Cagney se convertía en un implacable criminal en las duras calles de las barriadas de inmigrantes de Lower Manhattan; y, por supuesto, un James Stewart ocioso e inmovilizado se metía en líos ejerciendo de voyeur de los vecinos de su bloque de apartamentos del Greenwich Village.

Como nos recuerdan los autores, “la ciudad mítica se fue construyendo, durante décadas, a miles de kilómetros de la real, en los platós de los diferentes estudios situados alrededor de Los Ángeles, en la soleada California. Allí se reprodujeron, con una minuciosidad sorprendente, fragmentos de calles de barrios populares, elegantes lofts de la zona alta, interiores de conocidos establecimientos comerciales e incluso patios de vecinos completos, como el que aparece en La ventana indiscreta”.

Pero esta guía no pretende ser un exhaustivo recorrido por la reincidente representación de Nueva York en el cine, sino un catálogo de lugares de la otra ciudad, la Nueva York real, en los que se filmaron grandes películas; bares, parques, calles y monumentos en los que se puede identificar el rastro dejado por los rodajes: el lugar en el que debía estar situada la cámara, la silla en la que se sentó la actriz, la puerta en la que se apoyaba un actor determinado…

 

Nueva York de cine

Guía de la ciudad en 55 películas

María Adell y Pau Llavador

Lunwerg

167 páginas