Christina Rosenvinge (Foto: Victor Garrido)

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“A veces siento que todavía no he entrado en el mundo adulto”

Christina Rosenvinge (Foto: Victor Garrido)
Christina Rosenvinge (Foto: Victor Garrido)
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'Lo nuestro', el último disco de Christina Rosenvinge (Madrid, 1964), tiene un poco del surrealismo de David Lynch. También un poco del arte conceptual de Yoko Ono y su juego de voces. Combinados, son un poco Björk. En él está presente el entramado de la araña de Louise Bourgeois y el minimalismo propio de obras de Philip Glass o Arvo Pärt. Es pop disfrazado de música experimental, de "romanticismo industrial" lo llama ella. A veces es sencillo, a veces muy complejo. Es poético en cualquier caso.

Ya es primavera en Madrid y llueve. Christina Rosenvinge llega con prisas a un café del centro de la ciudad y pide un té verde. La conversación fluye fácil porque le gusta hablar y escuchar a partes iguales. Curiosa y reflexiva se muestra como una artista muy generosa. Es valiente en sus respuestas y se confiesa. Con este disco no ha podido ni ha querido mirar hacia otro lado y los problemas en los que todos estamos sumergidos, ella incluida, son la base de sus canciones.

La incertidumbre, la muerte, la identidad, la desigualdad o la responsabilidad social van desgranándose así en su juego personal de acordes y pasajes. Lo nuestro es en realidad un disco circular. Lo es porque La tejedora, la canción encargada de abrir el álbum, a pesar de estar llena de capas, de sombras y crudeza, se complementa de forma mágica con La alameda, la hermosísima balada acompañada solo con piano, llena de lirismo y misterio, que lo cierra. La madurez musical y artística de ambas delata a Christina aún cuando dice sentirse igual que a los 30 y aún cuando, hablando y hablando, se le escapa alguna inseguridad.

Editado bajo la cuidada producción de Raúl Fernández ‘Refree’ y la estética de Paula Bonet, estamos ante un disco para escuchar, reflexionar y volver a escuchar. Y de paso para dejarse llevar.

Lo nuestro tiene tintes de música experimental, ¿suele escuchar este tipo de música?

Ya en los discos que tengo en inglés había este tipo de experimentos, lo que pasa es que aquí se han oído menos, pero sí que es verdad que aunque no tengo una educación musical formal, he escuchado mucha música contemporánea y por eso a lo mejor me gustan ciertas armonías que quizás son más difíciles de encontrar en el pop y que vienen de ahí.

En la canción que abre el disco, La tejedora, y en casi todo el álbum se aprecia un juego de capas y de minimalismo musical… 

Aunque intento mantener, en apariencia, el formato pop, hace tiempo que empecé a coger cierto gusto por cambios de acordes, armonías oscuras y algunas disonancias. Es un intento de personalizar la música porque si haces lo que todo el mundo al final todo suena igual. A mí esos giros retorcidos me llamaban y aunque, como decía, no tengo estudios formales, sí tengo muchísima memoria musical. Cuando toco el piano busco esas variaciones que hacen ese tipo de música. No sé dónde las he escuchado exactamente pero sé muy bien cómo se colocan.

Tengo una sensación mental de la música y para mí es espacial, como figuras que se superponen unas a otras. Por eso siempre voy buscando caminos más intrincados. Creo que es mejor buscar un camino un poco inesperado.

“Las relaciones ahora mismo son algo solitario”

Hay quien ve este disco como algo atípico en su carrera, pero en realidad es un resumen de todo lo que ha hecho, ¿no es así?

Lo que es distinto es que he usado muchos sintetizadores. Hasta ahora siempre había trabajado con un batería de fondo, sin ningún tipo de claqueta, por lo que el tiempo era a veces muy subjetivo. Ahora, al empezar a grabar las canciones en el iPad, muchas partieron de programar un bombo y tienen ese aire más cuadriculado. Me parecía que el contraste entre la inestabilidad de acordes y las letras –muchas de ellas muy poéticas– con el racionalismo de las máquinas era algo muy atractivo. Además definía estos tiempos en que vivimos: la relación del hombre y la máquina, algo tan antiguo y, en el fondo, el quid de la cuestión ahora mismo.

¿Para componer hoy en día hay que servirse del ordenador?

En realidad no hay que hacerlo, es una opción. Tiene cosas muy buenas como que tú solo en tu casa puedes escribir la canción, grabar la maqueta con todas las capas y oír algo que se parece mucho al resultado final. Sin embargo tiene un lado que no me gusta y es que esa labor se convierte en algo muy ‘onanista’. Eres tú contigo mismo todo el tiempo y deja poco lugar para lo inesperado. Para mí, lo inesperado llega cuando trabajas con otros músicos y otras mentalidades y hay colisión. Es ahí donde surgen otras ideas. Así permite ser más dueña de lo que estás haciendo porque investigas, profundizas sobre ti y sobre lo que quieres, pero te falta la interacción con otros. De nuevo me lleva a pensar, ¿no es esto acaso lo que estamos viviendo todos? Las relaciones ahora mismo son algo solitario, se hacen desde una habitación en la que estás sólo y donde nadie te está tocando en realidad.

El disco habla, sobre todo, de la incertidumbre. ¿La experiencia no da seguridad?

Estos tiempos son igual de inciertos para todos, lo cual es algo terrible, pero a la vez muy interesante. Esto nos está llevando hacia otros sitios que no sabemos cuáles son y por eso estamos tan angustiados. Es una época de metamorfosis y no de acomodación y asentamiento.

La parte que me gusta de todo esto es que en otras épocas de supuesta bonanza para mí el estímulo era mucho menor y estaba todo mucho más muerto. Ahora, sin embargo, percibo mucho la energía de los demás. Veo (aunque quizás no tanto en mi generación), pero sí en la anterior y en la anterior, que la gente de treinta y tantos y de veintitantos ha madurado muy rápido, sabe muchas cosas, ha cambiado mucho cuando ha salido al mundo. Su desencanto ya no tiene nada de ingenuo y creo que eso va a dar lugar a un nuevo movimiento.

¿Es una obligación como artista componer sobre lo que sucede?

Nunca he tenido el interés de escribir canciones de contenido político. No porque no me guste o porque piense que no es necesario, sino porque no sé hacerlo. Estéticamente es muy difícil, son palabras feas y es muy difícil aportar algo nuevo que no hayan dicho doscientas mil veces mejor antes que tú o donde uno no vaya a parecer un ingenuo.

En este caso era inevitable hacerlo porque es lo que está encima de la mesa. La debacle económica ha entrado en mi casa también y en las personas de las que yo cuido y en las que me rodean. Es imposible no hablar de ello, pero esta especie de expolio ha entrado en todas partes.

“La decadencia se produce cuando la amargura entra dentro de ti”

En el disco canta también sobre la muerte y sobre el futuro que está por venir. Tiene 50 años, ¿la cifra invita a esas reflexiones?

No es tanto cumplir 50 años, aunque la cifra impresiona mucho. El lado bueno que quiero transmitir a los que vienen detrás de mí es que no hay nada distinto en los 50 respecto a los 30. El tiempo no te amansa, no te amarga tampoco. Todas esas cosas que percibía cuando tenía 30 de la gente de 50 son estereotipos que no tienen por qué cumplirse. Ni siquiera te quita, en cuanto a plenitud física, de hacer cosas. Hablo en mi caso, que a lo mejor me he drogado mucho menos que todo el mundo y me he cuidado mucho más. Estoy en muy buena forma física y no noto ese declive terrorífico. Si me pongo a correr más o menos hago lo mismo de siempre, correr 5 km con dificultad [se ríe para ponerse seria al poco]. La única diferencia es que con esta edad no puedes saltarte a la torera ciertas cosas, tienes que ser más consciente.

Pero vivimos obsesionados con la edad.

Sí, es verdad. He estado hace poco en la presentación de un libro del poeta Braulio Ortiz Poole, que me encanta y cuya poesía también me ha influido en los últimos años. El libro se titula Cuarentena y habla sobre el trago de cumplir 40 años. Me di cuenta de que vivimos obsesionados con los cumpleaños. Tenemos la sensación del tiempo asociado a la decadencia y no tiene por qué ser así. Para mí la decadencia no se produce por el tiempo, se produce cuando permites que la amargura y el resentimiento, la falta de curiosidad y todas estas cosas entren dentro de ti.

“Solo se puede hablar de la muerte con alegría si tienes muchas ganas de vivir”

¿Hay miedo a hacer balance?

Lo malo de cumplir años es que lógicamente cada vez queda menos, aunque una vez más es relativo porque la guadaña puede caer en cualquier momento. Sin embargo, cuando vives en contacto con gente más joven, como es mi caso, te entregas a ese ejercicio de jugar con las ópticas, de cómo se ve una cosa desde un sitio y cómo se ve desde otro. Sólamente se puede hablar de la muerte con alegría si tienes muchas ganas de vivir. La consideras una amenaza de la que quieres escapar porque te queda mucho por hacer.

Lo nuestro está lleno de detalles: Luis Cernuda, Bill Callahan, Nikola Tesla… ¿De qué se nutre Christina Rosenvinge? ¿De dónde nacen sus canciones?

Veo la composición como algo conjunto. La música es sólo una parte de ese conjunto. Parto de una idea rítmica, del tipo de energía quiero transmitir para esa canción. Para este disco tenía muy claro que quería hacer canciones energéticas porque no es un momento para hacer canciones depresivas. Además hay una rabia y una energía en el ambiente que es positiva y que hay que sacar. Después de esa sensación voy dando vueltas de una forma intuitiva a ciertos temas de los que creo que hay que hablar.

Tengo cierta obsesión por leer la prensa y todas las mañanas paso horas leyendo. Leo primero la prensa nacional, después la americana, muchas columnas, revistas…. Con eso, digamos, afino lo que está pasando en el mundo. Luego hablo con mucha gente de qué es lo que pasa, qué es lo que les pasa a ellos, qué es lo que me pasa a mí… Me gusta mucho hablar y escuchar, las dos cosas. Intento sacarle a la gente los conflictos que tienen dentro. No porque sea cotilla, sino porque de sus problemas aprendo qué hacer con los míos.

Y sale una canción.

Sí, después de llegar a ciertas conclusiones. Por ejemplo, nadie se siente responsable de lo que hace. De eso canto en Alguien tendrá la culpa. Después de hablar con mucha gente y de hablar conmigo misma me di cuenta de que en el plano personal nadie se siente responsable de lo que hace y todo el mundo se considera víctima. Es muy raro que alguien reconozca que lo que ha sucedido ha sido culpa suya. Todo el mundo siempre señala a otro.

Esto se hace a nivel individual, pero lo que es peor, también a nivel institucional. Es el mismo mecanismo, es escandaloso, y por eso ha habido ese divorcio entre gobierno y ciudadanos. No reconocen que lo han hecho mal. La crisis parece una calamidad que ha caído del cielo, un tornado o algo así. No es un tornado, es algo causado por unas cosas concretas como leyes económicas laxas que favorecen solamente a unos. Se ha demostrado que la economía no está al servicio de todos, sino sólo al de unos pocos.

También estaba en el aire esta rueda del consumo en la que estamos todos metidos y de la que somos todos conscientes. Sin embargo es muy difícil salir de ella. Nuestro verdadero poder ahora mismo es el consumo. Decidiendo qué consumes estás decidiendo hacia dónde va el mundo. Los pequeños gestos como consumista tienen un impacto global pero nadie es consciente de eso.

Alguien tendrá la culpa sale de todo eso. Son tres acordes que puedo enseñar a cualquiera que no haya tocado la guitarra nunca. Todo el mundo va a ser capaz de cantar y tocar esta canción. Es un tema también para que quien quiera le cambie la letra.

Cada canción del disco tiene detrás mucha reflexión. Son canciones pop al fin y al cabo, pero como resultado de simplificar y simplificar un montón de ideas.

Otros temas muestran una preocupación por la identidad, por el sentido del arte y por su visión de artista.

Las mujeres que nos dedicamos al arte tenemos una doble culpabilidad. Por un lado, la culpabilidad eterna de las madres, la de estoy dejando de cuidar de los míos para hacer algo que es egoísta y que sólo me da placer a mí. Y por otro, una culpabilidad más propia de los artistas. Como artista pienso, por ejemplo, que hay gente que opera a corazón abierto a otras personas, o que hay gente que enseña a niños en colegios de los arrabales y les cambia la vida. Sin embargo, yo vengo aquí con tres canciones y llevo una vida que es burguesa. Eso te hace sentir un poco un inútil y culpable y a la vez a pensar que eres un privilegiado. Es verdad que luego no lo eres tanto porque al final vives en la inestabilidad económica más salvaje, pero piensas “a ver si crezco algún día y hago algo realmente útil porque esto no puede ser”. A veces tienes la sensación de no haber entrado nunca en el mundo adulto.

“El auge del feminismo es una cuestión de madurez social”

Feminista confesa y uno de los pocos referentes femeninos en el pop-rock español, ¿el feminismo está de moda?

No creo que sea una moda. Llevo años diciendo que soy feminista y he escrito canciones contra el matrimonio, sobre la violación y sobre otros temas reivindicativos desde que tenía 20 años.

Una de mis primeras decisiones fue que no iba a casarme nunca porque no quería que nadie me llamara “mi mujer”. Es algo que decidí a los 12 años. No quería lo de vestirse de blanco y el cuento de la princesa ni de coña, pero eso no es algo que vaya contra los hombres. La mayoría cae en la trampa del matrimonio igual de inocentemente que caemos las mujeres. También se les exige un papel igual de desagradecido y al final lo de los hombres es una condena disfrazada de privilegio. Los más listos se dan cuenta, de hecho.

No creo que sea una moda, creo que es una cuestión de madurez social. Creo que a partir del 15-M y la crisis se han hecho distintos cuestionamientos que han tenido una repercusión en distintas cosas. Una de ellas ha sido que el feminismo ha vuelto a salir y con él la necesidad de estigmatizar el feminismo porque la mayoría de la gente no sabía ni lo que significaba. Es importante aclarar que el feminismo hermana a los hombres con las mujeres y no hay enfrentamiento.

Dentro de la cultura, ¿ha habido una negación?

Más que una negación ha habido una perpetuación de roles. Un gran número de hombres y mujeres sigue pensando de una manera muy sexista porque es muy fácil caer en la inercia. Es más difícil salirte de ella, cuestionarla y darte cuenta de cuantos prejuicios pronuncias al cabo del día sin darte cuenta. Creo que hay que dejar de pensar hombres-mujeres o masculino-femenino y empezar a pensar en aptitudes, que no tienen nada que ver con el sexo que tengas.

Muchas mujeres de cerca de 30 años, como se han educado en igualdad, pensaban que era ya algo pasado. También muchos hombres. Sin embargo, no es algo de los años 70. Basta con ir a cualquier reunión de dirección de lo que sea: de un festival de música, de una empresa… y contar las mujeres. No están tomando decisiones.

¿Y en la música? ¿Faltan referentes?

Faltan referentes, además por dos motivos. Primero porque hay pocos y después porque a los pocos que hay se les da menos visibilidad. Como es algo que yo he sufrido en persona, lo digo. Sin amargura, sabiendo que soy a lo mejor la gran privilegiada, pero puedo señalar con el dedo diferencias de trato. Si yo, que soy la que ha estado en mejor situación lo puedo hacer, no te quiero ni contar…

“Si hubiese sido hombre mi trabajo hubiera sido percibido de otra manera”

¿Si hubiese sido hombre lo hubiera tenido más fácil?

[Lo piensa. Se toma su tiempo…] No es que lo hubiera tenido más fácil, pero mi trabajo hubiera sido percibido de otra manera.

Me ha pasado. Cuando hice el disco con Nacho [Vegas], por poner un ejemplo, escribí creo que tres canciones sola, él una solo, y luego dos juntos. Más o menos. El caso es que mis canciones se le atribuían a él automáticamente. Eso pasó en muchos sitios y todavía hace poco tuve que llamar a alguien de la discográfica porque algunas de estas canciones, que él no ha compuesto ni canta, aparecían en Spotify bajo su autoría. Eso es un prejuicio.

También se ha dicho mucho que él influyó mucho musicalmente en usted.

Sí, mucho, y sin embargo, no se ha dicho, a pesar de que él lo dijo hasta la saciedad, que se quedó enganchado de un disco mío, Mi pequeño animal, y que fue él el que me escribió para colaborar. Era él el que se sabía de memoria mis canciones…

Luego la gente decía también que había vuelto para hacer un disco con él, y no. Si volví de repente a la actividad fue porque me separé [después de una relación de muchos años con Ray Loriga] y entonces tenía un montón de tiempo propio para componer. Como no estaba comprometida con nadie de ahí saqué un montón de jugo creativo.

En el disco dedica una canción a los hombres de su vida [Romeo y los demás]…

Tengo una relación importante con los hombres: crecí con un chico, tengo dos hijos chicos, llevo toda la vida con músicos en la furgoneta… La gente con la que más sincronizo a nivel musical son hombres y han sido mis profesores, mis amigos, se han pegado por mí… Empatizo con esa naturaleza masculina muy incomprendida, siento que los hombres sufren muchos prejuicios también y que son tan complejos como las mujeres.

Fue gracioso escribir este tema porque luego todos me preguntaban “¿y quién soy yo? ¿El que te ha hecho la casa o el que te enseñó a tocar el piano?”. La canción está llena de metáforas.

Algunos han quedado atrás…

Sí, sí, y la canción lo dice, aunque la gente que te ha acompañado un tiempo te ha formado y eres un poco lo que eres gracias a ellos.

¿Por qué este cambio de discográfica? ¿En qué momento se encuentra ahora?

Los discos siempre nacen cuando empiezo a reunir pequeñas ideas en casa y uno de mis momentos de felicidad absoluta es cuando me pongo a escribir. Estoy en casa sola, veo que salen estas canciones y es muy excitante. Supone un subidón personal y es estupendo cuando encuentro lo que estoy buscando. A partir de ahí empieza una especie de odisea para conseguir dónde lo grabo, cómo lo pago y con quién.

No he tenido nunca una discográfica de esas que está a muerte contigo y te da todo lo que quieras. He ido un poco como una luchadora solitaria, saltando de un barco a otro. No he tenido una estructura de rigor que me apoye aunque supongo que también por mi propia naturaleza inconformista. Quiero hacer lo que quiero hacer y no quiero seguir el esquema tradicional.

Quizás con Warner podía haber tenido eso, pero tienen que rendir con números y les interesa tener discos que vendan mucho, e intentan llevarte a eso. No es que no quiera vender, claro que sí, pero creo que la manera de gustarle a la gente es haciendo algo muy bueno e innovador y no repitiendo lo que que se ha hecho mil veces y que se parece a lo de todo el mundo.

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Lo nuestro
Christina Rosenvinge
El Segell del Primavera
Precio: 12,99 euros (orientativo)

 

 

 

 

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4 comentarios a
“A veces siento que todavía no he entrado en el mundo adulto”

  1. Sergio

    Buena entrevista a una grande de la música nacional, por un pedazo de disco, innovador, desde luego, hecho con la inteligencia, y hermosa voz que es marca de casa. Y con esas baladas, finales que cierran el disco, que remueven por dentro. Y la muestra de la progresión de estas canciones, en cuanto a composición musical, de “Lo que te falta”, y “La muy puta”. Un gran disco, en fin, y es que todas las canciones son imprescindibles.

  2. Maria Beatriz Cano Ortiz

    No debería ser un conflicto…..es un estado interior,es tu mirada