Para ella, la identidad es importante y cree que una parte de nosotros está esparcida por el mundo y que al final, antes o después, a lo largo del camino, nos la vamos encontrando. Eso es, en cierto modo, lo que le ha sucedido a ella. Cuando estaba en la escuela superior de canto sabía que tenía que tomar decisiones y buscar algo que la fuera a representar. El fado fue “ese respiro”, como ella dice, esa parte del puzle que encontró en su andar y que a pesar de ser algo ajeno enseguida sintió como suyo.

“Al principio lo incorporé de una manera muy discreta, pero luego la gente me lo pedía y me lo pedía, y por eso decidí sacar mi primer disco”, explica. Todas las horas son viejas, ese primer trabajo, es un álbum dedicado al fado tradicional de Lisboa con el que Berasarte quería hacer oficial su respeto y amor por el género pero que a la vez fuera personal y único. “Quería que supieran que no era un capricho, sino que sentía que también tenía algo que contar”.

Rigurosa y atípica

Fue una locura. Al tratarse de un mundo concreto, particular, al final “terminas teniéndote miedo a ti misma”. Su fórmula mágica pasó por hacer un disco que no fuera a hacer ningún fadista. “Por supuesto, lo hice en Portugal, con letrista de fado, todo con letras originales para mí, con rigurosidad y respeto, pero también con originalidad”.

Lo grabó de la mano de Carlos Do Carmo (con quien debutó además en el país vecino) y eso le dio un gran empujón y aún se acuerda de cuando el gran fadista portugués, convencido, le decía: “María, tú eres la fadista española porque lo digo yo”, y se ríe. En el fondo, su aventura tiene una parte misteriosa y mágica, inexplicable quizás, porque no hay muchos españoles que se hayan atrevido con el fado. Sí con el blues o con el jazz, incluso con el bossa nova, pero curioso que tan cerca de Portugal, España se haya alejado tanto del género luso por excelencia en términos interpretativos.

La valentía de María Berasarte, las maravillosas modulaciones de su voz y su mestizaje ibérico y personal le ha valido a lo largo de los últimos años el reconocimiento de la crítica y del público. Ha compartido experiencias con grandes como Dulce Pontes (con la que cantará en julio en Madrid en el Teatro Circo Price), Cristina Branco o Carminho, el pianista de jazz Mario Laginha o con cantantes como Paulo Carvalho o Helder Moutinho. También con el contrabajista Carlos Bica, el guitarrista Mario Pacheco o el cantautor João Afonso, entre otros.

Más cerca de la gente

Hoy, María reconoce que antes tenía que dar muchas explicaciones, pero que cada día es algo más superado y nota que las nuevas generaciones del fado lo ven de otra manera y puede decir que “cada día está más cerca de la gente”. De hecho, ya con Súbita, su segundo y reciente trabajo, no tiene la sensación de tener que pedir permiso.

En él se unen todos los caminos que ha recorrido y se encuentran artistas de diferentes mundos con los que ha podido aprender y crecer. Entre ellos, los flamencos Niño Josele, José Luis Montón o Javier Limón; Ara Malikian o Carlos Núñez; y el brasileño Edson Cordeiro. También los italianos Gianmaria Testa y Gabriele Mirabassi, el portugués Rodrigo Leão (Madredeus) o el mozambiqueño Stewart Sukuma. Súbita supone, además, su vuelta personal a casa, a San Sebastián, después de vivir muchos años en Madrid y a temporadas en Lisboa.

“Me he hecho a mí misma con muchas de estas canciones, ya que algunas las llevo interpretando muchos años. Son como de alta costura. Están hechas a medida y son las canciones que mejor me pueden definir”. Entre ellas, versiones de algunos temas muy conocidos como el popular vasco Txoria, Txori, o Payaso, de Gismonti, en el que la intérprete quería que la voz fuese un instrumento más. También Piensa en mí, “una apuesta muy arriesgada”, que María no dudó en grabar: “Tenía mi versión en la cabeza muy clara, y tenía que estar. Hay que avanzar. Creo que tenemos que atrevernos y ser valientes”.

Éxito internacional

Es esa manera de arriesgarse la que ha llevado a María a conquistar Francia, donde publicó, entre su primer y segundo trabajo, una compilación de ambos titulada Aguaenlaboca. “Los franceses son los que más festivales tienen, los que más conocen este mundo y los que más trabajan en ello. Tienen una mente muy abierta, mucha curiosidad y se dejan llevar. Son muy exigentes, pero cuando te abren las puertas no sólo lo hacen de Francia, sino de Europa y del mundo entero”.

Para ella, cantar hoy, después de haber estudiado solfeo, danza y canto clásico, “es olvidarte de cantar”. Para eso decidió continuar de manera profesional, para hoy despojarse de todo y volver a la esencia, a la pureza. “Cada uno tiene que decidir. Es un trabajo interno, no sabes a dónde vas a ir, pero tienes que buscar. Lo que he hecho ha sido cuidarme y respetarme. No evitarme”. Hoy, después de prepararse, intenta sacar lo mejor de sí misma, que pasa por sentir el fado, “serlo”, y entregárselo al público en cada soplo de voz.

subita

 

Súbita
María Berasarte
12,99 euros (orientativo)