Rocío Márquez

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“El flamenco como reproducción no tiene sentido”

Rocío Márquez
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Los melismas de Rocío Márquez a boca cerrada advierten de que estamos ya ante otra forma de hacer flamenco. Atrapan por la limpieza y finura de su voz, tan alejada del desgarro y la oscuridad tradicional, y por la frescura y personalidad a la que dan pie.

Con ellos llega una explosión de sentimiento hondo, tan racial y tan de siempre que, alimentado de manera nueva, muestra un flamenco más de hoy, más cercano y hasta casi más comprensivo al renovar, al fin, su lenguaje y forma.

Ganadora de la Lámpara Minera en 2008 en el certamen de La Unión, Márquez (Huelva, 1984) ha sabido buscarse poco a poco un hueco en el flamenco. Ha triunfado en París y acaba de pasar con éxito por Brasil. Confirmada para el próximo Primavera Sound, este 28 de febrero actuará en el Teatro Real de Madrid junto a Pepe Habichuela y Arcángel para hacer un repaso por el cancionero popular ibérico con Lorca como percha.

En El Niño, su último disco, hace un homenaje al polémico Pepe de Marchena a través de una colección de cantes basados en su espíritu pero bajo una visión propia. Contemporánea. Nueva. Quizás por eso, el álbum ha provocado un profundo debate entre los flamencos más puristas y los más vanguardistas sobre lo que es o no es flamenco, sobre la tradición y los nuevos caminos.

¿De dónde parte la idea de este disco?

Llevaba tiempo con Pepe Marchena rondándome la cabeza porque es un artista que a mí me sugiere mucho y que me ha hecho percibir cosas en el arte flamenco que antes no me habían llegado. Quizás esa parte suya tan libre, esa búsqueda constante, ese equilibrio entre lo más tradicional y lo más contemporáneo a la vez… Que esas dos vertientes convivan es algo que a mí me vuelve loca y que me encanta a título personal. Después, a nivel artístico, me ha abierto muchas puertas y me ha ofrecido la posibilidad de poder encontrarme en nuevos caminos.

Entonces Marchena le abrió a otra forma de abordar el flamenco e hizo una especie de click en su cabeza…

Sí, es esa la sensación. De libertad, de amplitud y, sobre todo, de convivencia de estos dos elementos: la parte más clásica y la parte más experimental, más abierta.

Está haciendo la tesis también sobre este cantaor, ¿qué vino primero?

En realidad llegó todo un poco a la vez. Empecé a investigar pero no era ni para la tesis ni para el disco, sino en general. Luego ya colocaría esos conocimientos en algún lado. Es lo que pasa cuando un tema te apasiona tanto. Ha sido muy bonito porque me ha servido para todo. Muchos datos que al principio piensas que son anecdóticos al final he visto que se reflejan en el disco, y viceversa, aspectos que son muy musicales luego, a la hora de narrar aspectos históricos suyos, tienen que estar también.

“Un proyecto tiene que nacer de una necesidad y no porque toca”

¿La creatividad, tan propia de Marchena, es fundamental para cualquier artista?

A mí como público me interesan mucho los artistas que son creativos, pero es verdad que cada persona, como público, puede tener necesidades diferentes. Por eso pienso que tienen que existir distintos tipos de artista. Creo que en la variedad está el gusto para todo, y me parece que lo más bonito es intentar siempre ser lo más coherente posible.

Creo que cuando uno plantea un proyecto tiene que intentar ser lo más auténtico posible consigo mismo, es decir, que le nazca de una necesidad y que no sea porque “toca” o porque te lo plantea una discográfica. Tiene que ser así para que realmente puedas defenderlo bien.

En cuanto a ser más creativo o menos creativo o más enciclopédico y conocer más o menos estilos, a mí me parece que lo único que es imprescindible es que exista esa coherencia. Yo intento escucharme lo máximo posible.

En el disco han participado Facundo Núñez y Raúl Fernández, ¿qué le ha dado cada uno?

Ha sido superenriquecedor trabajar con los dos. Han utilizado procedimientos muy diferentes y creo que muy necesarios para que cada tema sonara como queríamos que sonase. De Faustino me gustó que intentase que tuviera ese punto más natural. Grabamos cada cante tres veces seguidas y escogimos la mejor, pero no nos pusimos a pinchar ni a hacer que pareciera más calentito. Eso me ha parecido que le ha dado un toque muy bonito. Con Raúl ha sido otro proceso totalmente diferente, de ir buscando. Muy enriquecedor. Le ha dado ese color al disco. De otra manera hubiera sido imposible.

¿Qué piensa sobre el debate que ha suscitado El Niño entre puristas y vanguardistas?

Bueno, me parecía necesario teniendo en cuenta, además, que Marchena era un artista que no dejaba indiferente a nadie, que tuvo muchos seguidores y también muchos detractores en su momento y todavía ahora. Me parece que cuando hay un posicionamiento fuerte pasa eso. Mientras que no haya nadie que se quede indiferente, que es lo que sería más peligroso en un proyecto como éste, todo lo demás es bien recibido.

“Quería representar sin miedo la personalidad de Marchena en mi disco”

Han llegado incluso a compararlo con el Omega de Morente, ¿qué le parece?

Es el mejor elogio que me pueden decir porque para mí el Omega es el disco de referencia de este siglo para los flamencos. Sin embargo compararlo sería demasiado y muy vanidoso por mi parte. Igualar un disco así es casi imposible. Tampoco lo buscaba, y probablemente porque admiro tanto esa obra jamás entraría en una comparación directa.

Era sólo una propuesta, volver al pasado, con una figura tan emblemática como la de Marchena, pero no desde una visión romántica de “todo lo pasado fue mejor”, que podría darle un toque casi casposo y que hace que a la gente joven le resulte a veces difícil acercarse al flamenco. Mi propuesta era poder representar su personalidad sin miedo a cuestiones como si esto es flamenco o si no, y sin tener que plantearme los límites constantemente.

¿Cómo le nació el gusanillo por el cante?

En mi casa no se ha dedicado nadie profesionalmente al flamenco, pero mi madre, mi prima Nuria y mi abuelo sí que cantaban muy bien. Lo hacían en todas las fiestas familiares y cada vez que nos reuníamos. Mi madre tiene grabaciones mías en las que podía tener dos años. Ya por entonces me puse a cantar por fandangos en un cumpleaños.

Siempre he tenido esa unión con el cante. Al principio era más con el mundo del fandango, que es lo que más se canta en Huelva, pero a medida que fui creciendo, fui aprendiendo. A los nueve años empecé a cantar en la Peña Flamenca de Huelva y allí me enseñaron otros palos, otros estilos: por alegrías, por tangos… Así, poquito a poquito, y casi sin darme cuenta, acabé metida hasta el fondo.

Si alguien quiere hacerse un nombre en el pop o el rock las vías son más o menos conocidas, pero ¿cómo se inicia una carrera musical en el flamenco?

Todo va viniendo un poco rodado. Todo fluye. Las personas que nos dedicamos a cantar flamenco es porque somos muy aficionadas, nos interesa mucho, y si no pudiéramos vivir de esto igualmente cantaríamos e iríamos a escucharlo.

Las peñas flamencas juegan un papel fundamental porque te dan la posibilidad de acercarte al cante en tu entorno más cercano, en tu barrio y desde que eres niño. Para mí fue un elemento importante. También el mundo de los concursos está bastante presente: te vas presentando, ganas alguno, te llaman para otro, te empiezan a llamar para festivales, para peñas… Por eso no te planteas un carrera, no es algo tan racional, va viniendo poco a poco.

Cuando empecé en la peña flamenca obviamente no cobraba por cantar. Te empiezan a llamar para las cruces de mayo y para cosas benéficas y así vas cogiendo tablas. Luego te proponen que te presentes a concursos y cuando ganas a lo mejor luego te pagan un poquito por ir a alguna peña. Nada es de la noche a la mañana y en cierto modo es el propio mundo el que te va metiendo.

“En los orígenes las voces flamencas eran más finas, no tan fuertes y roncas”

¿Cómo describiría su forma de cantar? Una voz distinta a las tradicionales voces rotas y desgarradas…

Curiosamente, las voces flamencas de principios de siglo como La niña de los Peines, Chacón, e incluso Marchena, Vallejo o Pepe Pinto eran voces muy finas, limpias, muy laínas, con muchos melismas, con mucha velocidad… Muy melódicas. Es curioso que ahora no sean el tipo de voces que asociamos al flamenco, ya que toda la gente lo asocia a una voz desgarrada y a una voz rota. Es cierto que también existen, pero si nos remontamos al histórico, anteriores serían las voces más finas que las voces más fuertes y más roncas. A mí me interesa mucho que esta voz también se asocie al flamenco. No como la única, ni mucho menos, pero sí que se abriera el abanico porque está desde los orígenes.

En verano cantó poemas de Luis García Montero y ahora cantará poemas de García Lorca en el Teatro Real. Al final, la vida une flamenco y poesía, y todas las artes en general…

Es verdad. He hecho muchos proyectos seguidos que me han invitado a involucrarme en otras artes. Le leído mucha poesía, además. Otra experiencia muy bonita fue interpretar en enero El Amor Brujo con la Orquesta Nacional Sinfónica de Ile-de-France en la Philharmonie de París. Es un edificio muy bonito que te hace pensar en el arquitecto, en otros edificios que ha hecho… Es una espiral y te va enredando. El arte en general me fascina y es una suerte poder vivir todo esto.

¿Cómo ha preparado ese concierto en el Teatro Real?

He tenido la suerte de contar con la ayuda de Pedro G. Romero. La propuesta era muy interesante, pero era algo que ya estaba hecho -y además de una manera insuperable- y por eso yo quería darle un giro. Así hemos intentado en algunas canciones como Los sones de Asturias o en la Nana ver un poco de dónde ha podido beber el cancionero popular y a dónde ha podido llegar a parar. Ese antes y después de las canciones populares es un punto interesante para analizar. Luego hay otros temas que están más centrados en la poesía de García Lorca. He hecho un repaso y me he puesto a leer su obra. A mí me gusta encontrar textos que te vengan como anillo al dedo para forzar lo menos posible y que sea más natural, que casi que al irlo leyendo te vaya encajando la música, y eso es lo que hemos intentado.

“Para que el flamenco siga vivo tiene que estar en contacto con el mundo de hoy”

¿El Niño es un ejemplo de cómo abrir el flamenco a otro público?

Tenemos que permitir que el flamenco pueda seguir andando hoy, en el siglo y el año que estamos, con lo que nos rodea. Ahora bien, para mí no tendría mucho sentido intentar dejarlo en una simple reproducción y eso es algo que pasa mucho en los estilos que están muy arraigados en la tradición. Parece que si no estás constantemente en ella estuvieras faltándole al respeto. Sin embargo creo que lo que hay que tener presente es que si esa tradición se convierte en una reproducción sin sentido matamos al flamenco igualmente.

Para que el flamenco siga vivo tiene que estar en contacto con lo que hay en el mundo de hoy, desde el respeto y el conocimiento de lo clásico, pero sin el miedo que limita y que no permite dar rienda suelta a las ideas. Este disco ha sido un punto de inflexión y una salida a una necesidad que yo tenía para poder expresarme sin ese miedo y ese límite.

Está claro que en una búsqueda hay veces que se acierta y otras veces que no, pero creo que, por lo menos, cuando uno tiene esa necesidad de búsqueda debe permitírsela. De esa manera le estás presentando a alguien algo mucho más actual. A quien sea, de la edad que sea. También está claro que el público tiene que venir receptivo porque si lo hace esperando escuchar las seguidillas igual que las hacía Marchena, entonces no va a encontrar lo que está esperando.

Una prueba de que lo ha conseguido es que este año estará en el Primavera Sound…

Sí, un festival al que también fue Enrique Morente y al que es difícil que vaya algún flamenco. Me hace muchísima ilusión, ya no sólo a nivel personal, sino como persona que ama el cante.

portada

 

 

El Niño
Rocío Márquez
Universal Music
Precio: 16,99 euros (orientativo)

 

 

 

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