Cesc Gay. Foto: Clara Bellés.

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“La masculinidad lleva a la contención de la expresión de las emociones”

Cesc Gay. Foto: Clara Bellés.
Cesc Gay. Foto: Clara Bellés.
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Tiene el gesto cansado de quien no disfruta especialmente de las promociones y un discurso natural que se aleja de la retahíla aprendida de memoria para la prensa. Cesc Gay (Barcelona, 1967) vive con calma y distancia el buen momento que está atravesando 'Truman', su última película, que desde su estreno el pasado 30 de octubre no ha abandonado el top 10 de películas en cartelera más vistas entre elogios de la crítica y el público. Mientras prepara el asalto al teatro madrileño y un thriller televisivo, se pone al frente de la nueva edición del festival de cortometrajes JamesonNotodofilmfest como presidente del jurado.

“Me tiene con mucho curro”, dice Gay a propósito de Truman, que a poco más de un mes de su estreno sigue exigiéndole entrevistas. Poco amigo de revisar sus películas una vez hechas (“Hay que tener una relación sana con las cosas; si no, terminas obsesionado”), el barcelonés prefiere avanzar al próximo destino, que en su caso es más bien una bifurcación.

Su séptima película como director (sexta en solitario) es un drama cómico (o viceversa) que narra el encuentro de dos viejos amigos durante cuatro días debido a la difícil situación que está viviendo uno de ellos, una historia que nace de vivencias personales a las que fue dando forma. “Primero entiendes que quieres hablar de algo, y una vez tienes eso claro, piensas cómo. En el cómo ya entra el espectador; en lo otro no, lo otro sale de ti”. Y frente a ese cómo, Gay se plantea por qué su historia va a interesar a la gente, cómo puede engancharla.

“Cada película la solucionas como puedes”, dice. “En este caso, la verdad es que me costó un poco hasta que encontré explicar la película desde el vínculo de dos amigos. Pensé que podía ser una buena manera, en vez de crear un universo más familiar”, y añade, haciendo diana en uno de los pilares de su filme: “la amistad me llevó al humor”.

Teniendo entre manos un asunto tan doloroso como el cáncer habría sido muy sencillo caer en lo lacrimógeno. El guion de Gay y Tomàs Aragay, sin embargo, no entra en el terreno de la sensiblería gracias a un trabajo de depuración absoluta. Frente a los discursos trascendentales empapados en lágrimas, Truman ofrece una mirada natural, humana, emocionante y cómica. “En esta película fue más una cuestión de encontrar el tono, de no pasarnos, tampoco hacia el humor, porque caer demasiado en cierto humor le habría ido a la contra a la película”.

“Lo que no llevas preparado, no sale”

Exigente con sus guiones, Gay reescribe en los ensayos a partir del trabajo y las propuestas de sus intérpretes. Y tener a Javier Cámara y Ricardo Darín como protagonistas asegura que las lecturas, los análisis, favorecerán el nacimiento de buenas ideas. En definitiva se trataba de “sentir que estábamos, escena a escena, secuencia a secuencia, donde teníamos que estar, y quitar lo que había que quitar, añadir lo que había que añadir”.

La experiencia le ha enseñado a Gay que la clave para obtener buenos resultados está en la preparación. Frente a la idea utópica, casi romántica, que tienen de los rodajes quienes no han pisado uno, el catalán les quita la venda. “Rodando no tienes tiempo para pensar. Filmar es cansado. La gente cree que filmar es una cosa muy creativa, pero todo lo que no llevas preparado, no sale. Magia no hay. Improvisar quiere decir que te sales de la marca y te quedas sin luz o que tienes un diálogo y, como improvises, el otro se queda así, con cara de póquer”.

De nuevo, hombres como protagonistas, pero esta vez con una perspectiva diferente de la ofrecida en Una pistola en cada mano, su anterior película. Si esta era una crítica cómicamente demoledora del género masculino, Truman necesita a los hombres para dar con su tono. “La masculinidad o el vínculo de los tíos te lleva a una película más contenida en cuanto a la expresión de la fragilidad, el miedo, las emociones”, explica Gay, que habla de cómo los hombres somos más pudorosos a la hora de expresar abiertamente nuestros senimientos, frente a la sinceridad de las mujeres. “Eso te da una tensión añadida muy interesante. Si hubiera sido una película con mujeres, creo que hubiera sido una película más explosiva, más hablada, más llorada”.

Aunque menos sano en la vida real, el asunto de guardarse los sentimientos le viene de maravilla a Truman, que tiene la sutileza por bandera, logrando apoyarse en significativos silencios que conmueven al espectador a través de miradas y el que quizá sea el abrazo más emocionante de este año cinematográfico.

Road movie

Darín y Cámara, como no podía ser de otra manera, están espléndidos. El primero, un vendaval de carisma y entusiasmo; el segundo, un personaje contenido que amenaza con romperse a cada momento. Dos interpretaciones tan diferentes entre sí como soberbias, tanto como para conseguir ex aequo la Concha de Plata al mejor actor en el pasado Festival de San Sebastián.

Junto a ellos, va y viene Dolores Fonzi, que deslumbra estos días en Paulina. Fonzi está espléndida en un papel muy complicado, en medio de dos hombres que no hablan claro. Ideada especialmente para acompañar al personaje de Cámara, confrontarlo y permitir que se abra, Gay destaca su importancia para la película: “es la terrenal. Se deja de cosas raras. Toca de pies en el suelo”.

Pero hay un cuarto personaje en discordia, el que da título al filme: Truman, el perro. “Apareció como un compañero que me pareció necesario, como una especie de metáfora del personaje de Darín, un reflejo de su soledad”. Troilo, el can que da vida a la mascota de Darín, permitía a Gay concretar las preocupaciones de su dueño en una acción que llevara la película adelante. “Que alguien que se va a morir esté más preocupado por su perro que por él mismo nos pareció cómico y trágico, todo a la vez”.

Cámara y Darín se encuentran y desencuentran con otros tantos personajes que van apareciendo (Eduard Fernández, Àlex Brendemühl, Pedro Casablanc, José Luis Gómez, Javier Gutiérrez, Elvira Mínguez, Nathalie Poza, Silvia Abascal, Kira Miró, Susi Sánchez, Àgata Roca…), en una estructura que recuerda a los capítulos independientes de Una pistola en cada mano. El incesante caminar de sus protagonistas acaba acercando la película a una road movie. “Cuando la escribía tenía esa sensación, en el sentido de que una road movie es una cosa que va para adelante”, lo que hizo que estableciera junto a Aragay una sencilla pauta: “Nunca volvamos atrás. Nunca repitamos un lugar, más allá de su piso, y que siempre sea una sorpresa”.

Teatro y televisión

El futuro de Gay tiene varios frentes abiertos. El más inmediato, en el que se encuentra trabajando en estos momentos, es un proyecto de serie para Movistar+, “un thriller con sus dosis de humor, visto desde un lugar más cotidiano, que es lo que me gusta, pero con una estructura de thriller“. Por otro lado, en abril llevará al madrileño Teatro La Latina su primera obra, Los vecinos de arriba (Els veïns de dalt), que estrenó el pasado marzo en el Teatre Romea de Barcelona. Una experiencia, la teatral, que ha disfrutado mucho, tan diferente a las exigencias “militares” del cine, y que piensa volver a repetir. El reparto madrileño tendrá los rostros de Candela Peña, Pilar Castro, Xavi Mira y Andrew Tarbet.

Estrenando ininterrumpidamente una película cada tres años desde que codirigió junto a Daniel Gimelberg Hotel Room en 1998, Gay no parece tener por el momento trabajo cinematográfico a la vista. Quizá por la excesiva cercanía del estreno de Truman, que tuvo su preestreno en Toronto antes de pasar por San Sebastián. Pero quién sabe. “Igual en mayo me encierro y escribo el guion de una peli. Me muevo impulsivamente”.

Presidente del JamesonNotodofilmfest

Además del teatro, la serie y los últimos coletazos de la promoción de Truman, Gay saca tiempo para ponerse al frente del jurado de la decimocuarta edición del festival de cortometrajes JamesonNotodofilmfest como presidente. El catalán ha reunido como acompañantes a la actriz Leonor Watling, el actor y director Raúl Arévalo, el actor y director teatral Andrés Lima y los directores Paula Ortiz, Félix Sabroso y Javier Fesser, muchos de ellos con proyectos estrenados recientemente o a punto, una de las razones de la elección de Gay.

Sin ninguna expectativa más allá de disfrutar de lo que encuentre, experiencia que ya vivió en la novena edición del certamen como miembro del jurado con Daniel Monzón como presidente (“Me divertí muchísimo”), Gay destaca la “libertad brutal” que tienen los participantes del festival. “Frente al cine, que siempre está tan pendiente de lo que las televisiones piden, esta gente hace lo que le sale del culo, y me parece fantástico”.

Aunque considera que el cortometraje sigue teniendo una difícil exhibición, cree que internet ofrece la posibilidad de ver cualquier trabajo en cualquier momento desde cualquier lugar. Eso, unido al hecho de que cualquier cortometraje, rodado con medios sencillos, como un móvil, goce de repercusión, hace que a Gay le parezca “un privilegio tener este festival”.

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