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“España vive una situación crítica, pero modificable”

"España no goza de buena salud". Ese es el categórico diagnóstico de José Antonio Zarzalejos (Bilbao, 1954). Cada palabra, cada una de sus frases tiene carga y peso. A través del análisis de cinco ámbitos políticos capitales, –la corrupción, la monarquía, los medios de comunicación y las situaciones en Cataluña y País Vasco–, acaba de publicar un profundo y nada complaciente retrato de la crisis multifactorial en la que está sumido el país. Su título es más que significativo: 'Mañana será tarde' (Planeta).

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“La democracia española, España misma, ha entrado en una crisis sistémica. La situación es crítica, pero aún hay tiempo. No hace falta una revolución, sino una refundación del sistema”, así lo afirma quien se autodefine como “un liberal conservador en un sentido muy amplio. Una persona absolutamente receptiva a los argumentos del discrepante”.

La recepción positiva de la discrepancia es una fuente de sabiduría. Un modo de vivir, añade quien atesora una experiencia periodística de referencia y se muestra como analista político sin ataduras. De ello hace gala: “Creo en lo que pienso pero siempre estoy dispuesto a comprar lo que me atrae del que no piensa lo que yo. No me someto, por que sí, a ningún tipo de disciplina”.

¿Mañana será tarde para España?

Mañana será tarde es un título que parte de la afirmación convencida de que si no encaramos los problemas que tiene el sistema político y social español vamos a sufrir una grave disfunción general. No tenemos mucho tiempo para abordarlos y tratar de darles una solución.

¿Dónde está el origen de esa situación?

Se ha producido una política muy dilatada de diferir el encuentro con los problemas. Rodríguez Zapatero ocultó la crisis económica tanto cuanto pudo y en 2007 había la consigna desde La Moncloa de no hablar del tema hasta que estalló la crisis económica con toda su virulencia. Mariano Rajoy ha ocultado la crisis política institucional derivada de la crisis económica y también le ha estallado. Ha habido actitudes escapistas, huidizas, de la clases dirigentes. No han dado la cara ante los graves problemas que el sistema plantea. No para cambiarlo, sino para reformarlo. Desde ese punto de vista no se trata de poner un interrogante a si mañana será tarde, sino la afirmación de que mañana, los próximos tiempos, si no lo arreglamos, el sistema se nos caerá y entraremos en una dinámica perversa como es la de hacer tabla rasa de todo lo que hemos tenido y que se junte y se hunda lo bueno con lo malo. Esa es una inercia histórica en España extraordinariamente negativa.

“La sociedad debe hacer un esfuerzo para superar los condicionamientos corruptos que tiene”

Nuestra salud es, pues, deficiente…

España no goza de buena salud ni social, ni política, ni económica. Pero tiene capacidades dentro de la sociedad, del sistema y de la clase dirigente para que se reponga de esa mala salud y alcance una muy buena salud, como la que hemos tenido en algunos períodos de la democracia.

[Lamenta Zarzalejo: “La crisis ha hecho intolerable lo que durante mucho tiempo se toleró: la corrupción. Extendida, agobiante hasta el punto de convertirse en sistémica, aparece a derecha e izquierda, arriba y abajo, y alcanza todos los sectores, todas las instituciones. En lo que un periodista tarda en redactar un trabajo sobre la corrupción, sus datos se quedan viejos, porque entretanto han aparecido nuevos casos”]

Habla usted de “los colores de la corrupción”…

Empiezo hablando de la corrupción porque me parece el presupuesto necesario para abordar todas las demás. La corrupción es un artefacto letal contra la legitimidad del sistema, un artefacto con un potencial destructivo realmente extraordinario. Al ser un fenómeno por una parte trasversal, es decir, sistémico, y tener focos endógenos, focos de corrupción endógena dentro del sistema, afecta a los fundamentos morales o éticos de la estructura democrática. Por lo tanto es una condición sine qua non para poder solucionar otros problemas adicionales. La moralidad en un régimen democrático, la transparencia, la buena administración del dinero de los ciudadanos que estos pagan religiosamente, cuando lo hacen, tendría que ser una arma prepolítica y preideológica. La corrupción no es un problema de derechas o de izquierdas, es de metapolítica. Un problema de orden moral que no entiende de colores. Hay que extirpar la corrupción venga de donde venga y en cualquier momento. Tenemos una sociedad que ha sido tolerante con la corrupción en los años de bonanza y que ahora es extraordinariamente exigente. La sociedad tiene que hacer un esfuerzo para superar los condicionamientos corruptos que tiene, como eludir el pago de impuestos, la economía sumergida, la economía delictiva, y abordar los factores endógenos, los factores criminógenos que hay en la corrupción.

“Serían deseables medios con infraestructuras menos pesadas, cabeceras nuevas, periodismo de reflexión y de calidad”

¿Cuáles son esos factores y cómo deben afrontarse?

Hay que abordar la financiación de los partidos políticos, que debe someterse a la más estricta transparencia, así como la necesaria y urgente regulación de los lobbies. También otra de “las madres” de la corrupción, como es la mala gestión de las funciones urbanísticas en el nivel municipal. Hay que acabar con la libérrima autonomía urbanística de los alcaldes y los ayuntamientos. Por otra parte hay que devolver el poder a las Administraciones, a los interventores y acabar con las trampas en la contratación pública. Reintegrar a los funcionarios en su misión técnica de control de las adjudicaciones. En muchos casos se ha sustituido a los más cualificados funcionarios por deudos, familiares y camaradas, lo que llevó a una estructura clientelar y politizada de las administraciones territoriales. Como no me canso de repetir, es preciso asumir la ejemplaridad del cargo público y las terribles consecuencias de un acto delictivo. Todos estos factores son absolutamente criminógenos y hasta que no se solucionen no se resolverá el gravísimo problema de una corrupción que en España es un fenómeno generalizado.

[“Víctima de la confluencia de varias crisis, afirma rotundo el autor, el periodismo agoniza cuando acaso tenga más sentido, sin duda cuando más lo necesita el sistema constitucional para renacer de sus cenizas. La crisis del negocio periodístico es la crisis de la credibilidad, no de los formatos”]

Alude en uno de los capítulos más críticos de su libro al poder tóxico y a los medios de comunicación prostituidos.

Los medios de comunicación viven una doble crisis. La de las empresas editoras por una debilidad financiera fruto de una megalomanía de los gestores de los años 90 con la creación de megagrupos multimedia. Esa debilidad la apuntalan las refinanciaciones de los bancos y los acreedores. También hay una crisis del periodismo como tal en la función de intermediación que los periodistas tenemos. Adicionalmente la crisis se ha llevado por delante a un par de generaciones de periodistas que aportaban talento y calidad a los medios. En este marco en el que los medios son muy débiles y los medios públicos están intervenidos por los poderes políticos con una ausencia casi total de criterios deontológicos, el panorama no es el adecuado en una democracia. Los medios de comunicación son contrapoderes. Reequilibran una sociedad, forman parte de lo que se conoce como “poder blando” dentro de los sistemas constitucionales de los países democráticos. Tenemos ahí otra grave debilidad dentro del sistema. Los medios españoles no están saneados ni protegidos. Serían deseables medios con infraestructuras menos pesadas, cabeceras nuevas, periodismo de reflexión y de calidad para que las noticias fluyan.

[En relación con la Corona, escribe José Antonio Zarzalejos: “En un contexto adverso, en el que las instituciones estaban deslegitimadas y la opinión pública enfurecida, el reinado de un hombre que daba muestras de caducidad y arbitrariedad desde hacía demasiado tiempo, y cuyas grandes fuentes de legitimación se figuraban remotas, se prolongaba innecesariamente… Cuando el sistema entró en crisis la Corona quedó especialmente desnuda”]

“La monarquía estaba en riesgo de convertirse en una especie de pim-pam-pum dentro de la sociedad española”

Y se refiere al “rey y las líneas rojas”…

La corona entró en barrena en 2012 con el viaje desafortunado del Rey Juan Carlos a Botsuana y su accidente con rotura de la cadera y la implantación posterior de una prótesis. A partir de ahí fue todo un tobogán de caída de prestigio, reputación y capacidad. Llegó un punto de inflexión en el que la monarquía estaba en riesgo de convertirse en una especie de pim-pam-pum dentro de la sociedad española. La abdicación vino a solventar un gravísimo problema como era el sustituir a una persona tan carismática en al menos la mitad de su reinado, que había sido muy funcional y muy útil para la democracia y la convivencia, como Juan Carlos I. Hay que tener en cuenta que las abdicaciones en las monarquías no son actos de renuncia. Son mecanismos de continuidad. Eso lo han entendido muy bien algunas monarquías nórdicas. En cambio, en España se pensaba que para ser realmente bueno el rey tenía que morir en la cama. Juan Carlos I no cayó en que a fuerza de regular la monarquía estaba gastando el depósito del carisma.

La institución, como he dicho, entró en barrena por la indisciplina del monarca, por su falta de sentido institucional con comportamientos determinados. El problema gravísimo de la desestructuración de su familia, con un matrimonio roto con la Reina Sofía, como es público y notorio y con un tema de corrupción como el ‘caso Nóos’, que impactó directamente sobre su yerno Iñaki Urdangarín y también sobre su hija, la infanta Cristina. La situación era insostenible y la abdicación fue un acto de oportunidad histórica y a un año vista de aquel acontecimiento, los hechos están dando la razón a los que pensábamos que el rey Juan Carlos se tenía que marchar. Parece que el nuevo rey es muy consciente de que forma parte de una monarquía parlamentaria y no puede tener derivas personales. Tiene que encarnar determinados valores de ejemplaridad. Felipe VI tiene que ser el rey que acabe con la desregulación de la monarquía y la dote de un estatuto ético, digno y transparente, no sólo en lo económico.

[“A pesar de las ilegalidades evidentes del proceso soberanista, de las presiones ejercidas con la máxima potencia por la Generalitat, de la manipulaciones informativas, educativas e históricas, el llamado ‘problema catalán’ existe y es preciso solucionarlo”]

Habla de Cataluña como ‘la grieta española’, ¿puede explicarse?

En Cataluña se han cometido errores recíprocos y estamos en una fase peligrosísima que es la de las decisiones unilaterales. El proceso independentista estaba larvado y para que aflorase fue preciso que se produjesen algunos detonantes que tienen que ver con la crisis económica y la insuficiencia financiera de la Generalitat. Tuvo que ver también con la crisis de la izquierda que quiso sustituir en muchos aspectos al nacionalismo de Convergencia i Unió y tuvo que ver con la muy mala gestión que se hizo del Estatuto de 2006. A partir de ahí se produce una deriva intelectual de algunas cabezas pensantes que se plantean el agotamiento del sistema autonómico y la necesidad de dar un paso hacia un planteamiento radical como es la secesión. En el proceso soberanista estamos absolutamente bloqueados porque no hay conversaciones entre el Gobierno central y la Generalitat y con unas perspectivas que seguramente se abrirán en la próxima legislatura. Antes tenemos unas elecciones el 27 de septiembre extraordinariamente importantes. No es tarde si se reforma la Constitución para que reconozca la singularidad catalana y así se apuntale la continuidad de España. Asumir que hay millones de catalanes que quieren independizarse de España supone negociar las bases constitucionales de 1978 y eso sería lo más realista. Deberíamos ensayar lo que jamás hicimos en el pasado: en vez de romper, reformar. Negociar a partir de la lealtad recíproca y el respeto mutuo y que el nuevo pacto de convivencia mantenga una definición indivisible del Estado.

[“En el País Vasco mañana será tarde, pero no para buscar nuevos pactos o conciertos, caras distintas, proyectos regeneradores. Allí la crisis no es aún económica ni política, sino anterior a la política. Antes de hablar de financiación, de competencias, de leyes, de lenguas, hay que restaurar la decencia. Nada nuevo podrá construirse mientras persista el silencio, el disimulo, la cobardía social frente al relato que está construyendo el nacionalismo homicida y étnico. No hay política ni es posible hablar de ética entre viudas humilladas y huérfanos excluidos. Las víctimas tienen que dejar de ser culpables, los asesinos no han de seguir haciéndose pasar por víctimas. Es una simple cuestión de discurso, de relato”.

Vasco de nacimiento, Juan Antonio Zarzalejos se muestra especialmente sensible al referirse a su tierra. Pide “romper la muralla invisible, cínica, de la corrección política nacionalista. Hasta que el PNV no transforme el concepto de pueblo vasco por el de sociedad vasca y establezca que la etnia, la religión o el nacimiento son circunstancias accidentales, irrelevantes para la plenitud de la ciudadanía, no habrá solución”.]

“Declarar cerrado el capítulo del País Vasco es una falacia porque existe esa batalla de fondo”

Mantiene usted que ETA sigue siendo una sombra que se proyecta sobre el País Vasco, ¿por qué?

En el País Vasco se está produciendo una especie de pelea. Una pelea sorda entre los herederos de ETA en la legalidad y el resto por escribir la historia de lo que fue ETA. Ellos quieren que ETA quede como una organización patriótica cuyos militantes fueron gudaris, libertadores, que se enfrentaron a un estado por un conflicto nacional. Los demás lo vemos como una banda terrorista que cuando más atentó fue cuando más democracia había en España y más autonomía en el País Vasco.

Declarar cerrado el capítulo del País Vasco es una falacia porque existe esa batalla de fondo, que es una batalla de memoria histórica y porque hay 347 asesinatos sin resolver, porque no conocemos cómo fue la financiación de ETA a través del impuesto revolucionario de los secuestros y por algo que es absolutamente esencial como es que ETA no ha entregado las armas y no se ha disuelto. ETA sigue siendo una sombra que se proyecta sobre el País Vasco. La izquierda abertzale está haciendo grandes esfuerzos mediáticos por mostrar su cara más amable, más justificativa de un terrorismo cruel que ha durado más de cincuenta años. Hay datos incontestables como la ley de amnistía que en 1977 puso en la calle a todo el mundo, y que el 75 por ciento de los atentados terroristas de ETA se han producido en democracia, no en el franquismo. Esto delata la criminalidad y la brutalización de ETA.

Un proceso criminal que culminó con el asesinato de Miguel Ángel Blanco y con el horripilante secuestro de Ortega Lara que estuvo recluido 532 días en un zulo, que tuvo la oportunidad de ver una cochiquera de menos de cuatro metros cuadrados a tres metros bajo tierra, llena de humedades pues lindaba con el río Mondragón. Esos dos actos criminales, de una crueldad inusitada, demostraron que ETA había entrado en un bestial proceso de irracionalidad, del que nació el llamado Espíritu de Ermua y que creo que está en el origen del fracaso operativo de ETA. Ellos, que lo sabían, hicieron una transferencia de protagonismo de la banda hacia la izquierda abertzale que ha estado al frente de la Diputación de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián y ahora es posible que se haga con la alcaldía de Pamplona.

¿Por qué titula Ocho apellidos vascos el amplio capítulo del libro dedicado a analizar la situación de su tierra?

No porque le tenga manía a la película sino porque quería reflejar la sensación de que hemos querido pasar página con demasiada rapidez. Hemos transitado de la tragedia a la comedia a una velocidad de vértigo. Podremos reírnos de lo que fue ETA, como ha pasado con casi todas las tragedias de la humanidad que tienen alguna parodia, pero démonos un tiempo de duelo, una moratoria, porque todavía hay mucha opacidad, falta rescatar la verdad de lo que aquello ha sido. El País Vasco no es el que refleja esa película. No es así de ninguna de las maneras. Anestesia la conciencia real de lo que ha ocurrido allí en los últimos años.

“España es una entidad histórica que exige que tengamos que vivir en el equilibrio constante”

No me resisto a preguntarle por lo sucedido en las elecciones del pasado 24 de mayo, ¿considera que los resultados van a provocar cambios reales en el ejercicio de la política?

Los resultados permiten atisbar cambios reales porque se ha producido una convulsión en la izquierda y otra convulsión en la derecha. Podemos ha convulsionado la izquierda y la hegemonía de la izquierda, y Ciudadanos lo ha hecho con la parte derecha del espectro político. Por otra parte, lo que era un juego a dos con una bisagra pequeña que eran los nacionalistas, se ha convertido en un juego a cuatro. Eso nos enfrenta ante el fin de las mayorías absolutas, como se volverá a mostrar en las elecciones generales de noviembre, y a un entendimiento de la política completamente distinto que pasará por el pacto y por la negociación, lo que no necesariamente nos tiene que llevar a escenarios de inestabilidad, sino a escenarios de política más vigilante y equilibrada y, seguramente, a que haya menos decisiones pero más trasversales y más consensuadas.

En la actual situación decir que España sigue teniendo, en su opinión, sentido global…

Aunque España se ha definido como un enigma histórico, es una realidad. Una realidad mucho más compleja de lo que muchas veces pensamos, sobre todo cuando la observamos desde el centro, desde los poderes instalados en Madrid. Tenemos una España periférica muy diferente con intereses territoriales no siempre convergentes, con idiomas distintos, con tradiciones muy acendradas y, por qué no decirlo, con malos usos que se han ido adquiriendo a lo largo del desarrollo constitucional. Algo que ha permitido trocear España en compartimentos estancos lo que ha quebrado cierto sentido de la solidaridad.

España es una entidad histórica por sí misma que exige que tengamos que vivir en la complejidad y en el equilibrio constante. Hay países, como Reino Unido, Canadá o Bélgica que viven instalados en una cierta inestabilidad en su propia identidad colectiva y no pasa nada. España acaso esté en esa tesitura.

¿Quién y por qué debe leer Mañana será tarde, libro del que el lector sale con una inquietante sensación?

Es un libro de carácter político. Un ensayo-relato en el que, para hacerlo más ameno, he utilizado la técnica del reportaje. Yo pienso mucho en los lectores, en el ciudadano consciente y, al hilo de eso, creo que en España hemos entrado en una fase distinta en la que la gente lee y quiere saber y conocer. Por otra parte, no es un libro de coyuntura, porque los problemas que plantea no son coyunturales, sino estructurales, es decir, problemas que vamos a seguir teniendo durante años en España y que vamos a tener que afrontar e intentar resolver. No es un libro que nace al calor de un acontecimiento, sino como consecuencia de una confluencia de varias crisis, como son la política, la institucional y la moral o de valores. Al escribirlo he pensado en la generalidad de los ciudadanos, esos que sienten mucha inquietud con respecto al futuro. He tratado de identificar los problemas que tenemos, intentar explicarlos e, incluso y muy modestamente, aventurar alguna posible solución.

El autor

José Antonio Zarzalejos es licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y Periodista. Fue letrado de la Diputación Foral de Vizcaya (1978-1989), simultaneando su profesión jurídica con el ejercicio del periodismo de opinión en el El Correo Español-El Pueblo Vasco, del que fue director adjunto y director (1990-1998).

En 1998 y hasta 1999 fue director editorial del Grupo Correo y en septiembre de ese año director de ABC hasta septiembre de 2004 cuando pasó a desempeñar la secretaría general de la compañía regresando a la dirección de ABC de diciembre de 2005 a febrero de 2008. Tras su salida del diario desempeñó la dirección general en España de la multinacional de consultoría de comunicación Llorente& Cuenca. En la actualidad colabora con el diario La Vanguardia, elconfidencial.com y la cadena SER.

Ha sido galardonado con el Premio de la Federación de las Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), el Godó de periodismo, el Luca de Tena, el Mariano de Cavia, el Rodríguez Santamaría otorgado por la Asociación de la Prensa de Madrid y, entre otros, el Francisco Cerecedo.

En 2004 fue condecorado por el Gobierno francés con la Orden de la Legión de Honor. Ha publicado cuatro libros: País Vasco, crónicas de un analista político (1989); Contra la secesión vasca (2005), La Destitución. Historia de un periodismo imposible (2010) y La sonrisa de Julia Roberts. Zapatero y su época (2011).

portada_manana-sera-tarde_jose-antonio-zarzalejos_201504201454

 

Mañana será tarde
Un diagnóstico valiente para un país imputado
José Antonio Zarzalejos
(Prólogo de Antonio Muñoz Molina)
Planeta
320 p
19,50 euros

 

 

 

 

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