Compuesta por 52 obras, en su mayoría de gran tamaño, más una instalación, esta muestra recorre la fértil trayectoria de este artista gallego, uno de los más destacados de la fotografía española contemporánea. En su obra, Vilariño utiliza tanto el blanco y negro como el color, y acerca al espectador a su modo de ver el arte a través de un lenguaje propio de presencias y sueños, de finitud y esperanza, de silencio y evocaciones.

Mirada frontal

“Lo que intento con mi obra es mirar a través de los ojos de un animal que siente, contempla, vive: mirada frontal y escucha extrema”, comenta Vilariño mientras describe cómo fue su infancia en aquella “Galicia salvaje, conviviendo con animales salvajes y cráneos, esqueletos y osamentas de caballos por el suelo”.

Desde su particular visión de los animales, los paisajes y las naturalezas muertas, hasta la representación de la melancolía y la muerte, Seda de Caballo revela los aspectos más destacados de la estética de Vilariño, donde subyace siempre un fondo poético y una actitud contemplativa.

“Desde el principio me marcó mucho la poesía de Pessoa, pero también la de María Zambrano, Valente, Gamoneda o Rilke. Esta exposición refleja lo que siempre me ha interesado, saber realmente qué es mi vida y prepararme para mi propia muerte”, afirma.

Naturaleza muerta

Vilariño ha realizado en los últimos años composiciones donde elementos como una vela, frutas o pájaros ahorcados le sirven de soporte para resaltar los colores de los animales muertos, intensificando la textura de los alimentos.