Comisariada por María Inés Rodríguez y organizada por el Museo Reina Sofía, el CAPC Musée d’art Contemporain de Bordeaux y el KW Institute for Contemporary Art de Berlín, la muestra presenta una selección de 160 obras (muebles, cortinas, espejos, tambores y, por supuesto, lienzos) que recogen los casi sesenta años de trayectoria de la artista.

La obra de González transita entre la ironía y el dolor y “se caracteriza por el uso de las imágenes como metáforas que narran lo que no está escrito, lo que la historia no puede contar, que escribe lo que no se puede narrar y que lee lo que no está escrito”, señala el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. Pintora, crítica, profesora y museógrafa, “Beatriz González es una artista que también ha contado la historia complicada de su país, con una obra poética y única y desgraciadamente no suficientemente conocida en esta España”, subraya.

Partiendo de la cita anónima “el arte cuenta lo que la historia no puede contar”, la obra de González se articula en torno a la cuestión de la memoria, pero no recurre a ésta como una coartada nostálgica. Todo lo contrario, su trabajo está estrechamente ligado al presente. Su obra se inspira en los medios de masas que pone en diálogo con las narrativas populares y la pintura formal; o se apropia de fotografías reproducidas en prensa para reinterpretarlas mediante el dibujo, la pintura, la gráfica y la escultura.

“No me considero una artista pop. Yo soy anterior a Warhol, a nosotros solo nos llego el expresionismo abstracto. Mis inicios no fueron pop, pero sí que tengo cierta empatía con el movimiento, todo está en el aire, pero a mí me gustan las imágenes imprecisas” comenta, lúcida y locuaz, la propia creadora. A sus 80 años bien cumplidos no para de alimentar su obra, “así lo haré mientras tenga cabeza, manos y sensibilidad”.