Bebían en Chicote, bailaban en el tablao del Villa Rosa, miraban los toros desde una barrera en Ventas… y podría parecer que alguno aún sacaba tiempo para pasarse por el rodaje de Orgullo y pasión, El Cid, La caída del imperio romano o El fabuloso mundo del circo. Ocio y trabajo, ambas cosas quedaron inmortalizadas por los fotógrafos al servicio de las revistas de la época. Ahora la Dirección General de Promoción Cultural de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid ha recopilado un centenar y medio de instantáneas, las que integran la exposición MAD ABOUT HOLLYWOOD, un viaje en toda regla a un tiempo en que la región era un plató natural con buena y barata mano de obra técnica y rincones tan variados que permitían reproducir cualquier lugar del planeta, incluido el Moscú del Doctor Zhivago.

Un desembarco tan notable y casi repentino del Star System yanqui en Europa –entendiendo por Europa España, Inglaterra e Italia- fue posible porque, unos años antes, el sistema de estudios había concedido libertad de movimientos no solo a actores, sino también a directores, productores o guionistas. Pese a la variedad de fotografías incluidas en la muestra, es inevitable que algunos paisajes se repitan: la Gran Vía, las escaleras de los aviones de Iberia o la TWA, el hotel Castellana Hilton o el Ritz, el Museo del Prado o el parque de El Retiro, y ya en dirección a la sierra el castillo de Manzanares El Real o La Pedriza.

Una fotografía

Hay no menos de una docena de fotografías en la exposición que justifican sin dudarlo la excursión a la Sala El Águila. En realidad hay mucho donde elegir: pueden ser aquellas en las que luce espectacular la Sophia Loren que vino en el 56 con Cary Grant a rodar Orgullo y pasión, de Stanley Kramer; o cualquiera de esas en las que brilla la felizmente ubicua Ava Gardner, ya sea con Antonio El Bailarín, Frank Sinatra, Lola Flores o Luis Miguel Dominguín; o esa tan extraña del funeral por la muerte repentina de Tyrone Power; y tienen su gracia también las de Audrey –My Fair Lady– Hepburn en una mantequería del barrio de Salamanca, las de Charlton –El Cid– Heston con un guardia civil o las de Yul Brynner disfrazado de Salomón (sin la reina de Saba) al volante de su Mercedes descapotable. Pero puestos a llevarnos solo una, nos quedamos con una fotografía familiar de Orson Welles, de autor desconocido. Entre su mujer y su hija, camina el genio por la Travesía del Nuncio. El puro en una mano y la cámara de fotos en la otra, el gesto facial de satisfacción quizá por estar donde está. No en vano, unos poco años después volvería a España para rodar una de sus grandes películas, Campanas a medianoche.

Sala El Águila. c/ Ramírez de Prado, 3. Del 5 de septiembre al 14 de octubre. Entrada gratuita.

Un libro

Uno de los que mejor ha podido y sabido contar hasta qué punto Orson Welles se enamoró de España fue Perico Vidal. Se conocieron en el festival de Cannes. Perico se había presentado allí como cronista para una revista de cine y se propuso entrevistar al director de Ciudadano Kane. Al acabar, Welles le confesó que tenía previsto dirigir Mr. Arkadin en España y le propuso ser su assistant. “No conozco la técnica”, le advierte Perico. “¿La técnica? Si eres idiota tardarás quince minutos en aprenderla; si eres normal, diez”, le tranquilizó el cineasta. Lo cuenta Marcos Ordóñez en Big Time: la gran vida de Perico Vidal, una joya biográfica publicada hace cuatro años y salpicada de mil anécdotas e historias tan maravillosas que a veces cuesta creer que fueran ciertas, entre ellas algunas relativas al David Lean que rodaba en Madrid escenas de Doctor Zhivago y para quien Perico fue un auténtico conseguidor.

Una película

Samuel Bronston fue el único productor norteamericano que en esos años decidió establecerse en Madrid y crear sus propios estudios. Lo hizo adquiriendo y reformando los Estudios Chamartín. En ellos sacó adelante producciones con vocación de éxito masivo. Unos cuantos de aquellos filmes han aguantado estupendamente el paso del tiempo; conviene aclarar también que detrás de ellos había grandes directores, ya casi en retirada, como Nicholas Ray (55 días en Pekín), Henri Hathaway (El fabuloso mundo del circo) o Anthony Mann (La caída del Imperio Romano). Mann también estuvo al frente de una de las mejores cintas de aquel periodo. En El Cid, supo extraer lo mejor de un Heston que puso cara al héroe del siglo XI en una de sus grandes creaciones. También supo sacarle todo el partido posible al castillo de Manzanares El Real y sus alrededores. En la exposición MAD ABOUT HOLLYWOOD, hay varias fotografías de Ramón Menéndez Pidal, por entonces director de la RAE, que ejerció de asesor de lujo facilitando información al compositor de la banda sonora, el gran Miklos Rózsa, y al propio Heston.

Un canción

A Madrid por esos años vino Bing Crosby y varias veces más estuvo por aquí Frank Sinatra tratando de asegurarse que lo suyo con Ava aún podía funcionar. No obstante, si entre crooners debe quedar la cosa, merece entonces citarse a Nat King Cole cantando en 1959 a la capital de España y al amor que allí dejó.

Un restaurante

Ha pasado más de medio siglo desde que Ava Gardner trasnochara una noche sí y otra también en tablaos como el del Corral de la Morería en Las Vistillas. Desde 1956 hasta la actualidad, éste (c/Morería, 17. Tfno: 913 65 11 37) continúa siendo lugar de peregrinación para aficionados al flamenco que pasen por Madrid y quieran respirar el mismo aire que han respirado en algún momento los más grandes del género. Lo más novedoso reside en la propuesta gastronómica. En un espacio anexo, disponen de un comedor reducido (solo cuatro mesas) para dos menús degustación que están haciendo fortuna desde su puesta en marcha, hace justamente un año, de la mano del cocinero bilbaíno David García.