Considerado como uno de los maestros de la fotografía de guerra en blanco y negro, Capa documentó algunos de los acontecimientos políticos más importantes de la Europa Occidental a mediados del siglo XX. Sus instantáneas del París de la década de 1930, de la Guerra Civil española, de la Segunda Guerra Mundial y de la Europa de posguerra, así como sus últimas imágenes de Indochina, todas ellas en blanco y negro, son mundialmente conocidas.

Sin embargo empezó a experimentar con el color en 1938, solo dos años después de que Kodak desarrollara el Kodachrome, el primer rollo de película en color. Desde China, donde estaba cubriendo la guerra chino-japonesa, Capa escribió a un amigo de su agencia en Nueva York, Pix: “Por favor, envíame inmediatamente 12 rollos de Kodachrome con todas sus instrucciones: si se necesitan filtros especiales, etc.; en resumen, todo lo que yo debería saber. Mándamelo vía clipper, porque tengo una idea para Life“. De aquel primer viaje solo sobrevivieron al complejo proceso de revelado cuatro imágenes en color, pero el entusiasmo de Capa por el color acababa de nacer.

Robert Capa. Pablo Picasso jugando en el agua con su hijo Claude, Vallauris, France, 1948. © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos.

Robert Capa. Pablo Picasso jugando en el agua con su hijo Claude, Vallauris, France, 1948. © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos.

En 1941 volvió a fotografiar en color y, durante los dos años siguientes, trabajó intensamente para convencer a los editores de que le compraran sus imágenes en color. Después de la guerra, los encargos aumentaron. Durante el resto de su vida, casi siempre llevó encima dos cámaras: una para la película en blanco y negro, y otra para la película en color.

Contemplar la carrera de Capa a través de estas fotografías en color nos hace percibir de nuevo la tenacidad con la que ejercía como fotoperiodista en un campo dominado por el blanco y negro. Se trata de una parte de su obra que sigue siendo, en lo fundamental, desconocida.

Su uso del color es paralelo a su proceso de reinvención personal como fotógrafo en Nueva York, tras la Guerra Civil española, y después, de nuevo, tras la Segunda Guerra Mundial; un proceso que favoreció que los editores de las revistas siguieran contando con él. Las imágenes en color de su carrera posterior a la guerra apenas conservan rastros de la gravedad política de sus relatos bélicos, y tienden a reflejar una visión del mundo más lúdica y próspera, la que aquellas revistas deseaban. Con contadas excepciones, ninguna de las retrospectivas póstumas que se le han dedicado ha incluido su obra en color.