museo bellas artes bilbao

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2014 en el Bellas Artes de Bilbao

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El Museo de Bellas Artes de Bilbao ha preparado para este 2014 un amplio programa que incluye, además de cuatro 'obras invitadas', otras tantas exposiciones dedicadas a, en primer lugar, el creador Mikel Díez Alaba; una antológica del alemán Markus Lüpertz y una gran muestra de la colección Palacio que incluirá cerca de 180 piezas de arte japonés. El año finalizará con 'Hiperrealismo', una retrospectiva que contará con 66 obras procedentes de diversos museos y colecciones particulares.

Programa La Obra Invitada

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exposicion-327x250-204Este programa traerá en préstamo temporal obras de Lucas Cranach el Viejo (Kronach, Alemania, 1472–Weimar, Alemania, 1553), Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012), Chiharu Shiota (Osaka, Japón, 1972) y Gustavo de Maeztu (Vitoria-Gasteiz, 1887-Estella, Navarra, 1947).

Con estas cuatro nuevas presentaciones, el programa sumará un total de 47 convocatorias en las que, a lo largo de estos años, se ha presentado más de medio centenar de obras de diversos autores, escuelas y cronología.

El propósito fundamental es individualizar la contemplación de una sola obra de arte que complete la oferta o aporte nuevos significados a obras de la colección permanente del museo.

Mikel Díez Alaba

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exposicion-327x250-218La exposición de Mikel Díez Alaba (Bilbao, 1947) será fundamentalmente paisajista y estará formada por un total de 34 obras situadas en su mayoría en la sala 33, pero continuará en la galería Arriaga y finalizará en el exterior, donde podrá verse, en un prisma triangular, el reflejo de su pasión por la mancha.

Las obras han sido escogidas por el propio artista con el propósito de construir una armonía a través de trazos llenos de fuerza y vitalidad que invitan a reflexionar sobre la naturaleza.

Markus Lüpertz. Materia y forma

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exposicion-327x250-214Tras instalarse en 1948 en la antigua República Federal de Alemania, Markus Lüpertz (Liberec, Bohemia, 1941) inició su trayectoria artística como pintor a finales de la década de los sesenta. Casi 10 años después, en 1981, comenzó a simultanear pintura y escultura a lo largo de una exitosa trayectoria de más de cincuenta años en la que se ha consolidado como uno de los artistas más destacados de su generación.

Integrante fundamental del grupo alemán que, en origen, se denominó Neue Wilder, los nuevos salvajes o los nuevos expresionistas, partió del expresionismo abstracto para evolucionar hacia un modo personal de hacer figuración, manifestado en su interés por el cuerpo humano y el paisaje, y tomando como fuente de inspiración diversas manifestaciones culturales, como la mitología griega, los maestros de la historia del arte o de la música sinfónica.

La exposición Markus Lüpertz. Materia y forma, producida por el Museo y comisariada por Kosme de Barañano, reunirá 78 obras, entre pinturas y esculturas, fechadas desde los años sesenta hasta nuestros días. Es la primera gran antológica en nuestro país desde las muestras que hace ya un tiempo le dedicaron el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (1991) y el Instituto Valenciano de Arte Moderno (2002).

El recorrido expositivo se dividirá en cinco hitos marcados por la evolución de los intereses artísticos de Lüpertz. La primera etapa (1963–1973) mostrará los cuadros de “motivos alemanes”, en los que denuncia la barbarie del III Reich y critica, de forma implícita, la visión superficial del pop americano.

A lo largo del siguiente periodo (1975–1985) investiga la figura humana, en un lenguaje entre la figuración y la abstracción, a partir del estudio de la obra del escultor Aristide Maillol (1861–1944). Entre 1985 y 1993 sus pinturas y esculturas muestran el interés por la mitología y la tradición clásica. Realiza en este momento una de sus series más emblemáticas, basada en la figura del pintor Nicolas Poussin (1594-1665).

Durante los siguientes siete años (1993–2000) pinta nuevos paisajes, bodegones y una serie sobre árboles construidos a través de la yuxtaposición de partes. Para finalizar se presentarán piezas de la última década (2003–2013), en las que Lüpertz vuelve la mirada hacia sus primeras obras en torsos o paisajes que reflejan su primordial interés por rescatar la trascendencia del arte clásico en un lenguaje contemporáneo.

Arte japonés y japonismo

09|06|14 • 14|09|14

exposicion-327x250-215La colección Palacio de arte oriental, reunida por José Palacio entre 1925 y 1932, forma parte de los fondos del Museo desde que, en 1953, fue legada por su viuda, María de Arechavaleta. Incluye más de trescientas piezas, de las que 224 pertenecen a la sección de arte japonés, datadas principalmente en el periodo Edo, entre los siglos XVIII y XIX: pinturas, estampas, una de las mejores colecciones europeas de tsuba (guarda de la hoja del sable japonés), inrô (cajita con varios compartimentos que cuelga del cinturón del kimono), suzuribako (caja escritorio), objetos namban y cerámica para la ceremonia del té.

El interés de la colección radica en la calidad formal y artística de sus piezas y en su excepcionalidad, ya que es una de las pocas de este tipo en España.

Comisariada por Fernando García Gutiérrez, la exposición reunirá una selección de cerca de 180 piezas de arte japonés y, además, pondrá de relieve su influencia en el arte occidental del siglo XIX y en la abstracción y el informalismo de la segunda mitad del siglo XX, a través de una treintena de obras también pertenecientes a la colección del Museo.

Con la apertura a mediados del siglo XIX de los puertos japoneses surgió un gran interés en el mundo occidental por el arte y la cultura de Japón. Cuando americanos y europeos pudieron viajar al país e importar objetos artísticos sobrevino una enorme fascinación por su cultura, reflejada en el fenómeno del japonismo, que alcanzó su apogeo en París entre los años 1860 y 1900.

Los objetos fácilmente transportables, como grabados, adornos de espadas, cerámicas y lacas, así como los populares netsuke (especie de tope que se usa, atado a un cordón, para suspender pequeños objetos del cinturón del kimono), fueron los preferidos de los coleccionistas.

La exposición se dividirá temáticamente en cuatro apartados. En “Lo sagrado y lo caballeresco” se incluirán una cabeza budista, dos pinturas, ocho objetos cerámicos propios de la ceremonia del té, basada en el pensamiento y la estética Zen, y la colección de 37 tsuba. En “El grabado del periodo Edo”, una de las expresiones más influyentes en el arte occidental, se expondrán dos libros y 40 estampas características de esta etapa. Para “Lo cotidiano” se han reunido objetos de uso personal: un escritorio, un arca, una mesa, 38 cajas, 29 inrô, 18 netsuke, 6 kiseru-zutsu (estuche para pipa), un abanico y una copa de sake. Son todas piezas de diferente técnica que participan de un mismo interés por la belleza de los objetos comunes. Por último se analizará el influjo de la cultura japonesa en el arte occidental a través de obras de Paul Gauguin, Mary Cassatt, Ignacio Zuloaga, Antoni Tàpies o Eduardo Chillida, entre otros.

Hiperrealismo

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A finales de los años sesenta surgió en Estados Unidos un grupo de artistas que, utilizando la fotografía como base, pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana. Formaron el movimiento hiperrealista, cuya consagración tuvo lugar en la Documenta de Kassel en 1972 y que continúa vigente en nuestros días.

Organizada por el Institut für Kulturaustausch (Instituto para el Intercambio Cultural de Alemania) y comisariada por su director, Otto Letze, esta retrospectiva reunirá 66 obras procedentes de diversos museos y colecciones particulares.

La Kunsthalle de Tubinga (Alemania) fue la primera sede en un recorrido por varias instituciones europeas, entre ellas el Museo Thyssen‐Bornemisza de Madrid y el Birmingham Museum & Art Gallery (Reino Unido), donde se presentó el pasado año.

Se exhibirán obras desde la primera generación de grandes maestros estadounidenses, como Richard Estes, John Baeder, Tom Blackwell, Don Eddy, Ralph Goings o Chuck Close, hasta su continuidad en Europa y el impacto en diversos pintores actuales.

Más de cuarenta años después de su aparición, continúa la fascinación que ejerce en el público, siguen en activo muchos de los pioneros del grupo y nuevos artistas utilizan técnicas como la proyección de diapositivas o el sistema de trama en sus creaciones.

En un principio llamado photorealism, el movimiento establecía que eran “fotorrealistas” aquellos artistas que empleaban la cámara fotográfica como instrumento para la pintura y trasladaban al lienzo la imagen con una ejecución minuciosa que producía una ilusión fotográfica, privada de cualquier emoción y, a menudo, sin la presencia de seres humanos.

El movimiento heredaba del pop la pasión por los iconos de la sociedad de consumo, las superficies metálicas de los cristales y espejos de los escaparates, que permiten recrearse en las imágenes deformadas de sus reflejos, los automóviles y las motos relucientes, los letreros luminosos, el colorido de los restaurantes de comida rápida, la arquitectura art decó o la iconografía kitsch. Fragmentos de la vida cotidiana, escenas banales y artículos de consumo convertidos en motivo artístico.

Temas intrascendentes del mundo que nos rodea, captados primero a través de la fotografía y trasladados después al lienzo mediante un laborioso proceso, completamente opuesto a la inmediatez de la instantánea fotográfica. Son obras generalmente de gran formato, pintadas con tal minuciosidad y exactitud que usan la fotografía como instrumento y producen un arte de aparente calidad fotográfica.

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