Man Ray y Salvador Dalí. Retrato de Joella, 1933-1934

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El Reina Sofía restaura el ‘Retrato de Joella’ de Dalí y Man Ray

Man Ray y Salvador Dalí. Retrato de Joella, 1933-1934
Man Ray y Salvador Dalí. Retrato de Joella, 1933-1934
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Coincidiendo con el Día Internacional de los Museos, el Museo Reina Sofía (Madrid) presenta este lunes, 18 de mayo, la obra 'Portrait of Joella' (Retrato de Joella) de Salvador Dalí (Figueras, 1904 - 1989) y Man Ray (Filadelfia, 1890 - París, 1976), que volverá a ser expuesta tras un largo proceso de restauración.

Este proceso ha sido llevado a cabo por el Departamento de Restauración del Museo gracias a la ayuda del Bank of America Merrill Lynch Art Conservation Programme y podrá verse en la Sala 205. El día 18 se han programado tres pases (a las 11.00, 12.30 y 17.00 h), en los que los restauradores y conservadores explicarán al público cómo se ha ejecutado y se proyectará el vídeo que recoge este proceso.

El proyecto de intervención de la obra Retrato de Joella comenzó con un estudio detallado de los materiales y técnicas de la escultura, ya que la capa pictórica tenía una pérdida constante de pequeños fragmentos. Este problema había sido tratado en otras ocasiones pero había vuelto a surgir.

En 1933, Man Ray realiza el retrato en escayola de Joella Bayer, esposa del galerista Julien Levy de Nueva York, con la idea de modelar una cabeza clásica, similar a las que estaba incluyendo en composiciones fotográficas como En pleine occultation de Venus de 1930 (Museo Reina Sofía). Sin embargo, el busto de Joella no formó parte de ninguna composición fotográfica de Man Ray, y fue Salvador Dalí quien lo transformó, con motivo de una exposición celebrada al año siguiente en dicha galería, en una obra compleja, en un retrato plagado de referencias a su mundo personal y en un objeto surrealista de marcado carácter onírico.

La policromía de Portrait of Joella incluye el efecto de trompe-l’oeil de la pared de ladrillos que se contrapone a un paisaje costero con una figura espectral, y una base en la que Dalí versionó uno de sus primeros paisajes surrealistas, la pintura de 1928 titulada Carne de gallina inaugural, que simbolizaba su angustioso temor ante la iniciación erótica. Finalmente, el pintor incluyó también otra de sus imágenes más características, las hormigas, que aluden a la fecundidad y a la corrupción biológica que él asociaba con la sexualidad.

El carácter ambivalente de la escultura la dota de singularidad, ya que combina el retrato con el cual la modelo podía reconocerse, con la serenidad y la belleza asociada a las obras de la antigüedad clásica.

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