Gabriele Finaldi, comisario de la muestra.

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Velázquez, Murillo y Sevilla 400 años después

Gabriele Finaldi, comisario de la muestra.
Gabriele Finaldi, comisario de la muestra.
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El Hospital de los Venerables de Sevilla, sede de la Fundación Focus-Abengoa, acoge hasta el 2 de abril de 2017 'Velázquez. Murillo. Sevilla', exposición considerada como la antesala del ansiado proyecto hispalense 'Año de Murillo', cuya programación se desarrollará esencialmente entre 2017 y 2018 para celebrar el cuarto centenario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617- 1682). Esta muestra incluye un total de 19 pinturas de ambos maestros para recordar que, aunque Velázquez y Murillo sean grandes nombres de la historia universal del arte, nacieron y aprendieron en Sevilla.

La presencia de los dos pintores se encuentra, como no podía ser de otra forma, muy arraigada en la capital andaluza, y a ello contribuye esta Fundación que no solo expone en sus salas de forma permanente piezas de ambos autores y otros artistas del barroco sevillano, sino que también fomenta su difusión a través de proyectos de investigación y exposición.

Precisamente, el germen de Velázquez. Murillo. Sevilla se encuentra en la muestra celebrada en 2012-2013 Murillo y Justino de Neve. El arte de la amistad, que mostró el enorme potencial que el pintor seguía ofreciendo para, mediante nuevos enfoques, descubrir todas las facetas del universo artístico que le rodeó. Si en aquella ocasión se trataba de la relación entre artista y mecenas, ahora se presenta la vinculación entre ambos maestros.

Mano a mano inédito

Se trata de la primera exposición en la que se estudia de forma comparativa la obra de los dos artistas. Y es que, aunque no se ha documentado ningún encuentro directo entre ellos, hay suficientes y fundamentadas razones que indican que a uno del otro le llegaron noticias.

Diego Velázquez desarrolló en Sevilla su etapa de aprendizaje y los primeros pasos de un estilo que alcanzaría en Madrid, como pintor de cámara de Felipe IV, su máximo apogeo. Por ello, Murillo necesariamente tuvo que iniciarse conociendo esta figura de referencia. En cambio, éste, exceptuando una breve incursión en la capital, desarrolló toda su carrera en Sevilla, donde llegó a ser reconocido como el mejor pintor de la ciudad ya en 1650, 10 años antes del fallecimiento de Velázquez, el cual indudablemente debió oír hablar de Murillo.

La exposición repasa la búsqueda de señales de esta relación en los cuadros de ambos, como en la Adoración de los Reyes Magos de Velázquez, que en tiempos de Murillo estaba colocado en un inmueble muy próximo a su residencia, el Convento de San Luis de los Franceses –recientemente abierto al público tras varios años de trabajos de restauración–; o en la representación de las santas patronas de la ciudad, Santas Justa y Rufina, a las que los dos dedicaron obras.

Diferentes iconografías

Comenzando por sus dos autorretratos, el de Velázquez, prestado por el Museo del Prado, y el de Murillo, por la Frick Collection, el discurso avanza por diferentes iconografías con las que ambos pintores trabajaron, desde sus  célebres versiones de la Sagrada Familia –la Adoración de los Reyes Magos de Velázquez ya mencionada y la Sagrada Familia del pajarito de Murillo– a sus pinturas de género, en las que los jóvenes mendigos de uno y otro muestran el naturalismo que imperó en sus creaciones.

Exceptuando dos piezas, todas las obras corresponden al trabajo que los pintores realizaron en la propia Sevilla, por lo que la conexión entre ellos queda finalmente cerrada en la propuesta de esta exposición.

Hitos importantes en su organización suponen las restauraciones de varias pinturas para su exhibición en los Venerables –como la Sagrada Familia del Pajarito, Santiago Apóstol o Santa Ana enseñando a leer a la Virgen de Murillo– que han recuperado su esplendor y subrayado la calidad de las piezas.

400 años después

Caso particular ha supuesto el San Pedro penitente, también del mismo maestro, por su reciente incorporación a la colección de la Fundación Focus-Abengoa y su restauración realizada en el Prado, donde se presentó hace unos meses. Esta pieza, junto a otras tres pinturas más de Murillo –entre ellas la conocida Inmaculada de los Venerables, ahora en el Pradofueron concebidas expresamente para esta institución, de donde fueron expoliadas por las tropas francesas del mariscal Soult.

El regreso de esta pintura a su lugar de origen subraya el valor y la importancia de la exposición de la cual ha podido formar parte. Una muestra fruto de la colaboración interinstitucional en la que sobresale la figura de su comisario, Gabriele Finaldi, ex director adjunto de Conservación del Museo del Prado, que presta cinco piezas y se ha hecho cargo de las restauraciones, y actual director de la National Gallery de Londres, donde tan solo hace unos días se ha presentado el “Año Murillo” bajo el título de Murillo y Sevilla. 400 años del nacimiento de un pintor universal.

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