La Gagosian Gallery presenta The Complete Spot Paintings 1986-2011 by Damien Hirst, una gran exposición dedicada a las pinturas de Hirst organizada simultáneamente en las once sedes con las que cuenta en las ciudades de Nueva York, Londres, París, Los Ángeles, Roma, Atenas, Ginebra y Hong Kong.
A partir de la primera 'spot painting' (pintura de puntos) de 1986, pasando por cuadros monumentales donde los colores se repiten, llegando a los trabajos más recientes, algunos de los cuales incluyen puntos de sólo 1 milímetro de diámetro, esta exposición presenta el característico mundo de los puntos de Damien Hirst en un contexto inédito.
Spot paintings
Es la primera vez que la Gagosian dedica todos sus espacios expositivos a la vez a un conjunto de obras –más de 300 obras, pero solo 100 a la venta– de un único artista. En esta muestra, que se prolongará hasta el 18 de febrero de 2012, se incluyen préstamos de instituciones públicas y colecciones privadas, así como piezas procedentes de los fondos del propio artista.
Bajo el título The Complete Spot Paintings 1986-2011 by Damien Hirst, el proyecto mostrará la amplia producción que el polémico artista británico ha realizado durante los últimos 25 años. Las obras pictóricas de Hirst se encuentran entre las más características del arte contemporáneo, símbolos que se reconocen universalmente y que atraviesan las fronteras de la cultura y el lenguaje artístico.
También en la Tate
La muestra incluye también un catálogo que se que se convertirá en la referencia editorial de todas las pinturas de puntos realizadas por el artista desde 1986 hasta la fecha. The Complete Spot Paintings precede a la primera retrospectiva importante del trabajo de Hirst, que se inaugurará en la Tate Modern de Londres en abril de 2012.
Damien Hirst nació en 1965 en Bristol (Inglaterra), aunque ahora vive y trabaja entre Londres y Devon. Entre sus exposiciones individuales más destacadas se incluyen La agonía y el éxtasis, en el Museo Archeologico Nazionale di Napoli, Nápoles (2004); Una selección de obras de Damien Hirst a partir de varias colecciones, en el Museo de Bellas Artes de Boston (2005); Por el amor de Dios, en el Rijksmuseum, Ámsterdam (2008); No Love Lost, en la Colección Wallace, Londres (2009); Requiem, en el Pinchuk Art Center, Kiev (2009); y Cornucopia, en el Museo Oceanográfico de Mónaco (2010). Recibió el Premio Turner en 1995 y su obra está presente en importantes colecciones públicas y privadas de todo el mundo.
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El negro no solo es la ausencia de color, o el peyorativo e injustificado epíteto de una raza; es también el adjetivo que se aplica a quienes escriben en literatura para alguna firma famosa que pone después eso: la firma.
En el arte también existen “negros” que no ayudantes como sería el caso del Michel Ángelo Bounarroti, para quien la famosa capilla se hubiera convertido en un ejercicio interminable si solo hubiera contado con sus dos manos.
Los ayudantes son otra cosa. Son aquellos que, en las diferentes disciplinas, siguen las instrucciones de sus maestros y devastan, fondean, trazan líneas compositivas en relación al modelo o, simplemente preparan las recetas personales con los pigmentos.
Los negros en el arte precisamente son eso: ausencia de color.
El “color”, por contraposición con su ausencia, no es la más o menos acertada combinación de la gama cromática, la acertada virginidad de lo límpido, o la proporción divina obtenida de un cálculo matemático de investigación. Es mucho más y tiene que ver con el estado, la visión, el temperamento, la angustia o la intuición. Todos ellos términos que por personales volátiles y no asequibles en el mercado de abastos, a veces se presentan y otras no.
Y es en esa especie de catarsis o destile de aquellos personales e intransferibles términos, que se va construyendo lo que podríamos denominar obra de arte, en la que se reúne el conocimiento y la personal “actuación” del artista.
Los hay sin embargo que no solo opinan, sino dicen literalmente en relación a los “negros” que utilizan, lo siguiente: “Ellos lo hacen mejor que yo. Yo me aburro, me vuelvo impaciente”. Y ese es Damien Hisrt.
Ponerse un cigarrillo en el pene delante de los periodistas, ir armando gresca, o poner a una Pareja follando dos veces en formaldehido, no justifica por sí el alcance a una firma de presunto renombre como es Sotheby's, quien le entronaría y destronaría posteriormente.
Ahora contra ataca su otra firma, la madre, la todopoderosa galería Gagosian, quien a modo de cabreo viene a decir: os vais a enterar lo que vale un peine.
Hay una pregunta que hacerse, al menos para quienes aún sustentamos la idea y el sentimiento del Arte como algo más humano, delicado y hasta a veces sublime: ¿que tuvo que hacer el señorito Hirst para acceder al Olimpo de las subastas multimillonarias de un plumazo?. Cabría añadir…¿Arte, o artilugio?
Para el que escribe no hay duda. Y es que estamos acostumbrados en la era de la mentira, como la denominara Saramago a la presente, a todo tipo de artilugios vulneradores del mínimo sentido común, valor o aquiescente comparativo que nos permita dilucidar a quien se le ofrece el apelativo “grande” y en función de qué.
Hoy, los medios se hacen eco de la inversionista y no menos auto dirigida deflación artística, consistente una vez más, en despistar nuevamente al personal sobre el concepto y la idea, convenientemente acunada por aquellas entidades de caudales sin escrúpulos, de lo que es Arte.
Algunas destacados nombres hacen referencia al fenómeno Hirst, como Álvaro Pombo, a quien “ la falta de empatía le mata” , para indicar que no a todos les pasa desapercibido el movimiento artístico actual. Igualmente, aunque parece ser que después retractado a través de una nota de la Real Academia de las Bellas Artes inglesa, David Hocney pone en tela de juicio actitudes “negreras” del mencionado Hirst.
Precisamente la polémica es lo que alimenta y propicia la especulación que, en definitiva, viene a ser la prioridad de una actividad presuntamente artística, que más se acerca a “la rueda desquiciada de los números, a la que muchos, acceden gustosamente”
Si deshumanizamos el arte y la cadena de producción es la pauta de relación obra- espectador, y si el marketing y la excentricidad pone precio a la obra, el alma se pierde.
Dudo sinceramente que a todo se le pueda denominar Arte.
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