Moehringer

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¿Quién es ese J.R. Moehringer?

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Corrían los años ochenta y era poco más que el chico de los recados para las grandes firmas del 'New York Times' cuando a J.R. Moehringer (Nueva York, 1964) le concedieron un periodo de prueba como periodista de local. Se echó a la calle a contar disputas vecinales, decidido a demostrar que servía para esto de contar historias reales. Uno de los jefes de la redacción con más peso dentro de la mítica cabecera intuyó que detrás de aquella iniciales había alguien que valía para el oficio y no tardó mucho en mandar una notita al responsable de la sección. “¿Quién ese J.R. Moehringer? Por favor, transmítele mi enhorabuena”. Al final, los elogios no le ayudaron a hacerse un hueco en el diario y al cabo de muy poco tiempo le invitaron amablemente a marcharse y foguearse en otros medios más pequeños, pero aquella intuición no pudo ser más acertada. Años después, Moehringer era reconocido con el Pulitzer de Periodismo.

Esos primeros años de aprendizaje están contados al detalle en El bar de las grandes esperanzas, el libro autobiográfico que obsesionó a André Agassi (Las Vegas, 1970), que no tuvo ninguna duda de quién debía ayudarle a poner negro sobre blanco el abismo que había sido su vida desde que cogió una raqueta por primera vez. “Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado”, leímos en las primeras páginas de Open. Ambas obras están marcadas por una lamentable relación paternal, demasiado presente en un caso y demasiado ausente en el otro. No obstante, cronológicamente en español nos llegaron primero los recuerdos de aquel tenista que irrumpió a mediados de los ochenta con pendiente, pantalón vaquero y (falsa) melena; solo un año después pudimos por fin franquear las puertas del Publicans, ese garito idealizado en el que quedarse a vivir, con una docena de parroquianos entrañables, descritos siempre desde la perspectiva de un crío que busca y encuentra en la suma de todos ellos la figura masculina que no tiene en casa. “Mi padre era un hombre de muchos talentos pero en lo que era un verdadero genio era en su capacidad para desaparecer”.

Por el bar pululan personajes inolvidables, todos con alguna herida abierta que allí consiguen cerrar durante unas horas; abundan las historias increíbles y el adolescente Moehringer descubre tener un don igualmente increíble para registrarlas en su memoria y otro don aún más increíble para recrearlas de forma siempre emocionante y divertida. En la misma página te puede provocar la carcajada y formarte un nudo en la garganta. La literatura de formación, de aprendizaje vital, de iniciación, es un género inagotable con cimas que van de El lazarillo de Tormes a El guardián entre el centeno. El bar de las grandes esperanzas es la última gran joya de tan ilustre estirpe. No se deja un tópico en el tintero (la pérdida de virginidad, las primeras borracheras, la Universidad…) y sin embargo todos son pocos en este clásico reciente.

Voces

Es además una obra sobre el alcohol y las canciones, sobre la amistad y el periodismo, sobre la familia, la de sangre y la otra. Sobre las voces. Sobre la voz del padre que le abandona pero al que persigue de forma obsesiva por las ondas hertzianas porque pincha temas en la radio. Y sobre La Voz con mayúsculas, la de Frank Sinatra, a su manera, otro personaje clave. La voz que pone banda sonora a los momentos tristes y a los eufóricos que tanto se alternan. Una obsesión y una debilidad del autor maravillosamente razonadas cuando una novia le pregunta. “La de Sinatra es la voz que la mayoría de los hombres oye en el interior de su cabeza. Es el paradigma de la masculinidad. Tiene el poder al que los hombres aspiramos, y la confianza. Y, aun así, cuando Sinatra está herido, afectado, su voz cambia. No es que desaparezca la confianza, pero por debajo aparece un atisbo de inseguridad, y oyes los dos impulsos guerreando por su alma, oyes toda esa confianza y esa seguridad en cada nota porque Sinatra te deja que las oigas, se expone desnudo, algo que los hombres rara vez hacen”.

Es hermoso llegar al final del libro y descubrir quién atesora mejor que nadie para el autor todas esas cualidades –dureza, persistencia, determinación, honestidad, integridad, agallas…- que él buscó desde crío con tanto ahínco entre los rocosos dipsómanos de su bar favorito.

Raquetazos de talento

Otra infancia jodida es la materia prima de las portentosas memorias de Andre Agassi. Sin restarle un ápice de mérito al ex tenista, todo encaja mucho más conociendo el concurso de Moehringer en la redacción de Open: el modo en que bastan muy pocas páginas para  atrapar al lector y no soltarle hasta el final, la inteligencia narrativa desplegada de principio a fin, y sobre todo ese retrato brutal y sobrecogedor del padre inmigrante y pobre, sobrado de rabia y venido de Irán que recala en Las Vegas y parece concebir hijos con la única y manifiesta intención de que alguno de ellos sea número uno en el mundo del tenis aunque eso suponga extirparles la infancia de cuajo y convertirlos en seres patológicamente amargados. Un monstruo obsesionado por igual con los ángulos, las cifras y la belleza del mundo de la raqueta y con el dinero inmenso que trae consigo la publicidad cuando encadenas una victoria tras otra como le pasó a Agassi.

Contraída la fiebre Moehringer y a la espera de que su editorial en España (Duomo Ediciones) nos traiga su novela sobre el legendario ladrón de bancos Willie Sutton, solo queda devorar, en apenas un sorbo, un reportaje encargado y publicado hace veinte años. El campeón ha vuelto es una pieza mayor del periodista Moerhinger que contiene sus obsesiones: las relaciones paterno filiales, el valor, la derrota, el deporte, los medios… Buscando una buena historia, da con una que tiene una pinta inmejorable: seguir los pasos de Bob Satterfield, un peso pesado, de tremenda pegada pero con barbilla de porcelana, que peleó entre 1945 y 1957 y que de repente desapareció completamente del mapa. Un día una compañera le regala una pista que le permitirá dar con él o al menos con alguien que dice ser él y que ahora malvive como un vagabundo en los parques de Chicago. La propia historia personal de Moehringer se mezcla en el relato multiplicando su interés y profundidad hasta el punto de no pasar desapercibida para Hollywood (véase El último asalto, 2007, protagonizada por Samuel L. Jackson). No hay mejor entrante que El campeón ha vuelto para dar luego cuenta del resto del menú: dos autobiografías conmovedoras que uno no se cansa de recomendar.

AAFF_Cubierta_NEVO AMORES.inddEl campeón ha vuelto
J.R. Moehringer
Traducción: Juanjo Estrella
Duomo Ediciones
112 páginas
12,90 euros

 

 

 

 

 

 

 

Más sobre: André Agassi, Duomo Ediciones, J.R. Moehringer, Juanjo Estrella, Luis Pardo

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