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“Corro el riesgo de haber escrito mi libro póstumo”

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Como sin querer, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) siempre deja en el aire un tinte irónico y provocador; un desafío inteligente. "En literatura no existe la originalidad. Todo se ha ido construyendo a partir de una primera historia, un primer relato oral cuyo contenido desconocemos, al que escritor tras escritor y libro a libro se le han ido añadiendo variantes". Lo dice con un punto de escepticismo al borde de los labios cuando acaba de publicar Mac y su contratiempo (Seix Barral), una historia sincopada de una brillante originalidad.

Da la sensación de que estamos ante un libro difícil de escribir, ¿así lo siente?

Mac y su contratiempo ha requerido mucho esfuerzo porque he tenido que ensamblar muchas historias. El reto a la hora de escribirlo ha sido mayor que en otras ocasiones. Mac, el protagonista que da título a la obra, es un tipo que quiere mejorar, en secreto, la obra literaria de su vecino. Es una novela, pero también es un libro de cuentos y, al tiempo, es un ensayo sobre la repetición y la diferencia, y un diario de un escritor debutante, y también hay una parodia de los estilos literarios. Hay veinte escritores, todos cuentistas, de alguna manera parodiados y cuyas voces se incorporan al relato. Por tanto es cuatro o cinco cosas al mismo tiempo. Ese tour de force lo he realizado con naturalidad porque ya venía trabajando en esos trasvases de género en otras ocasiones. No ha sido ese el motivo principal del esfuerzo.

Hay quien considera que sus libros son raros, ¿es éste más raro que los demás?

No. Mac y su contratiempo será comprendido por muchísimas personas. Sería casi insultante si alguien dijese que es raro.

¿Pretende con él rendir homenaje a José Mallorquí, el autor de El Coyote?

Mallorquí es un antiguo vecino del barrio del que nadie se acuerda y yo he querido hacerlo. Hablo de un barrio de Barcelona situado por debajo de la Plaza Maciá, un lugar muy conocido en la ciudad que antes se llamó Plaza de Calvo Sotelo y durante la guerra Plaza de los Hermanos Badía. En realidad es también un barrio mental. Es un barrio inventado, un barrio mental que he situado geográficamente allí basándome en elementos reales.

Alude usted, entre los objetivos del relato, a un a modo de ensayo sobre la repetición y la diferencia…

En mi opinión no hay progreso ni cambio en la literatura, sólo repetición. Nunca existió la originalidad y más bien todo es circulación. En el arte todo es transmisión y repetición de ideas ajenas desde el origen de los tiempos. La idea es que desde el principio hay un relato original que no conocemos. Por lo tanto no hay copia tampoco porque no conocemos el original y desde entonces la modificación de ese relato original que desconocemos es la historia de la literatura hasta el infinito; hasta el fin de los tiempos.

El narrador Mac es alguien que, como he dicho, modifica en secreto la novela del vecino. Es un modificador constante que modifica todo lo que lee y todo lo que ve. Modifica continuamente todo lo que recibe como herencia. Al principio de la novela y a propósito de la repetición se cita a Kierkeegard, que dice que el recuerdo y la repetición son el mismo movimiento, pero con la diferencia de que el recuerdo va hacia atrás y la repetición va hacia adelante. Por lo tanto, la repetición es avance.

Tiene usted una voz muy personal, una voz literaria propia que se mantiene a lo largo de toda su obra. ¿Lo siente así?

Eso es una decisión estilística que tomé al principio, cuando empecé a escribir. Decidí escribir ficción desde un espacio que suelen ocupar más bien los ensayistas y los poetas. A veces se produce el equívoco de que soy exclusivamente un narrador pero en realidad he incorporado esa voz que es la que da continuidad a todos mis libros. Eso es lo que hace que los lectores favorables a mi escritura vuelvan a mi obra en busca de esa voz que, por otra parte, cambia en cada libro. Sé que no hay términos medios con lo que escribo, o gusta o disgusta. A los que les interesa vuelven a encontrarse con esa voz que está por encima de las de los diferentes narradores que surgen en cada libro, porque cada libro es distinto. Por eso hablo y hago repetición y diferencia. Pero ninguna de las voces coincide con la mía pues soy lo más opuesto a la autoficción. No hay nada autobiográfico en mis libros.

A lo largo del libro hay una reflexión sobre el hecho literario. A estas alturas de su carrera, ¿qué es para Enrique Vila-Matas el hecho literario?

La verdad es que no tengo ni idea. Busco muchas posibilidades para cada novela. Con más o menos fortuna las he buscado siempre. Me divierte mucho trabajar en el defecto de fábrica que tiene cualquier novela desde su origen, que es la imposibilidad que tiene la novela, cualquier novela, de representar la realidad. Pensemos en El Quijote, por ejemplo. Alonso Quijano quiere ser auténtico y sale para incorporar a un caballero andante y desde el primer momento se ve obligado, para ser auténtico, a trabajar para la ficción, a recurrir a la ficción. La única forma de ser auténtico es en la ficción. Nunca puede pasar al otro lado del espejo. Ese es el defecto de fábrica encantador que tienen las novelas porque gracias a eso podemos seguir haciéndolas. Buscando otras maneras de intentar llegar a lo auténtico, que es imposible alcanzar.

En su obra La asesina ilustrada planteaba la tesis de la muerte del autor y la muerte del lector, ¿es eso una metáfora de lo que significa la literatura? ¿Con cada obra autor y lector mueren para dar vida a un nuevo autor y lector?

Esta novela última se parece, aunque con notables diferencias, a la que usted menciona. En La asesina ilustrada el que moría era el lector, mientras que el que muere en Mac y su contratiempo es el autor. Entonces, en aquella novela que escribí en París era un manuscrito que iba de mano en mano y todos los que lo leían morían. Era una investigación que causaba la muerte. En el caso de ahora es diferente porque desde el primer momento el escritor dice que es una novela que va a pasar por póstuma, con el riesgo incorporado de que él mismo muriera mientras la escribía. Ahora el riesgo continúa para mí porque hasta que no escriba y publique otro libro corro el riesgo de haber escrito mi libro póstumo. Es un juego, pues hay tantas novelas póstumas últimamente y tantos manuscritos encontrados… que en cierto modo parodio este nuevo género y creo que logro al final dar la sensación de que el libro ha quedado interrumpido. Se conjugan una serie de acciones que conducen a la impresión de que por muerte, suicidio o desaparición el libro ha quedado interrumpido.

¿Estamos ante el juego narrativo de espejos más complejo que ha escrito hasta la fecha?

Como es lógico, nunca me atrevo a afirmar eso. Hay otros también complejos, como El mal de Montano, por ejemplo. Lo son porque, como le pasa a Mac y su contratiempo, no hay ningún punto de orientación con otros libros escritos previamente por alguien. Éste en concreto, como le pasaba a El mal de Montano, está escrito inaugurando algo que no existía. No los puedo comparar con nada que conozca. Hablo de la estructura y del tratamiento múltiple que tiene la historia.

En la parte final del libro cita a Hemingway y a Kennedy. Se me hace inevitable preguntarle por Donald Trump. ¿Qué le sugiere el personaje?

En uno de mis libros recojo una cita de Walter Benjamin que decía: “América es un circo, una gran payasada”. Creo que con esto queda dicho lo que puedo pensar al respecto de este showman. No hace falta decir más. Seguramente hay motivos para preocuparse, aunque seguramente no son los que salen en la televisión, pero hay que esperar porque también es verdad que siempre intentan inquietarnos, incluso con olas gélidas y temporales de nieve que luego no llegan.

Pero, hechos como que Trump esté al frente de la Casa Blanca hacen pensar que la realidad cada vez compite con mayor dureza con la ficción, algo que usted ha manifestado…

Sí, por supuesto. Por eso en política se habla del relato. El relato político. Todos los políticos lo hacen. El relato está lleno de villanos, ahí están, por ejemplo, Trump o Putin, y de falsos héroes. Hay una gran pluralidad en la que es fácil confundir realidad y ficción.

¿E inevitable también preguntarle por su visión del independentismo?

Es un tema muy largo que tengo muy pensado como es, pero que me reservo para contarlo en una novela. Cabe preguntarse, y eso hago, cuándo Junquera y la vicepresidenta mostrarán interés por ponerse de acuerdo. Porque tanto un partido como otro, con su desencuentro, alimentan con votos sus formaciones. Es evidente que cuanto más dure el desencuentro, más votos suman por un lado y por el otro. Esa es la realidad.

¿Y siempre el humor en su literatura?

El humor siempre es involuntario en mí. Por eso cuando me dicen que tal o cual novela, y en especial esta última, son tan divertidas, me parece muy bien porque sin humor no hay inteligencia narrativa. Yo cierro los libros que carecen de humor. Hasta las obras más trágicas tienen humor. Pero mi humor es involuntario y natural, porque utilizo la ironía constantemente y en este libro también lo hago. Me hago reír cuando digo ciertas cosas o las escribo pero no me propongo ser gracioso. Por lo que observo creo que hay en mis libros más humor del que yo pienso. Yo lo pasaba muy mal en el colegio y un día, después de años, me encontré con un compañero de clases que me dijo, “¡hombre! veo que sigues con el mismo humor que tenías”, y me quedé sorprendido porque yo no sabía que en el colegio me tenían como un tipo con humor.

¿Escribe usted diarios?

Sí, escribo en paralelo dos diarios diferentes. Uno, literario y del que ya he publicado dos entregas, es la creación de un personaje que escribe un diario que está relacionado con el escritor que también escribe en la prensa. Modifico los artículos para convertirlos en un diario personal.

Después también escribo un diario seco y duro en el que anoto la vida tal cual, sin nada más. Solamente personas vistas y hechos concretos. Empecé a escribirlo en 1985 y me sirve para recordar fechas y acontecimientos de mi vida y cuándo conocí a las personas que conozco. No es un diario para publicar y si alguien posteriormente quisiera hacerlo saldré de mi tumba para evitarlo.

Qué busca en cada nuevo libro, ¿ganar nuevos lectores o no perder los que ya tiene?

Sinceramente no me lo había planteado nunca así. Escribo buscando la satisfacción de haber hecho un trabajo que me haga sentir que está bien hecho. Esa es mi idea del éxito, que no es para mí otra cosa que la satisfacción personal de haberlo hecho lo mejor posible. No concibo otro tipo de éxito.

Pero, ¿le importa lo que piense el lector y la crítica o está ya por encima de esas opiniones y escribe al margen de lo que después cada cual piense?

Me parece fantástico que el lector diga, con respecto a este último libro, que es más fácil de leer que otros, quizás porque se ha trabajado más y se ha aclarado más su construcción. Dicho eso, estoy acostumbrado a que digan de todo sobre mi obra, tanto a favor como en contra. Creo que lo mejor que puede hacer uno como escritor es seguir el camino que quiere seguir sin estar muy atento a todo lo que te recomienden que hagas o dejes de hacer.

 portada_mac-y-su-contratiempo_enrique-vila-matas_201611291240Mac y su contratiempo

Mac acaba de perder su trabajo y pasea a diario por El Coyote, el barrio barcelonés donde vive. Está obsesionado con su vecino, un famoso y reconocido escritor, y se siente molesto cada vez que éste lo ignora. Un día lo oye hablar con la librera sobre su ópera prima Walter y su contratiempo, un libro de juventud lleno de pasajes incongruentes, del que se acuerda vagamente, y Mac, que acaricia la idea de escribir, decide entonces modificar y mejorar este primer relato que su vecino preferiría dejar en el olvido.

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