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Los mitos del 18 de julio

'Los mitos del 18 de julio' (Crítica), obra coordinada por Francisco Sánchez Pérez, reúne a los mejores especialistas en la Guerra Civil, el conflicto que cambió la historia de España del siglo XX, que desvelan algunas verdades y derriban determinadas creencias.

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“¿Es necesario otro libro sobre la Guerra Civil?”, se pregunta el coordinador de este volumen. Lo es en la actualidad, cuando los viejos mitos franquistas han sido reemplazados por un revisionismo de derechas que descalifica la República para legitimar la rebelión militar. La mejor respuesta a esto es una exposición objetiva de los resultados actuales de la investigación, que es lo que nos ofrecen en estas páginas especialistas como Ángel Viñas, Fernando Puell de la Villa, Julio Aróstegui, Eduardo González Calleja, Hilari Raguer, Xosé M. Núñez Seixas, Fernando Hernández Sánchez y Francisco Sánchez Pérez.

los-mitos-del-18-de-julio completaCompleta desmitificación

La suma de sus aportaciones ofrece una completa desmitificación del 18 de julio, realizada a través del estudio de sus tramas civil y militar, de los contratos establecidos previamente con la Italia fascista, de la naturaleza de los proyectos revolucionarios de izquierdas y derechas, de la presunta amenaza comunista, del peso real de la defensa del catolicismo en los móviles de los sublevados o de la leyenda negra sobre la violencia republicana en los meses del Frente Popular.

Como puntualiza Sánchez: “es difícil anticipar y sintetizar para el lector impaciente qué es lo que se concluye en un libro colectivo cuando escriben distintos autores, se abordan diversos temas y varían los enfoques y puntos de vista. Supongo que, tras leerlo, cada uno sacará sus propias conclusiones. Pero, como coordinador de este volumen y concienzudo conocedor de lo que aquí se cuenta, me siento obligado a avanzar, que en este libro se suministran interpretaciones y evidencias de las siguientes cuestiones”.

Trece puntualizaciones

  • Que el golpe del 18 de julio no solo fue obra de militares sino también de civiles.
  • Que no fue solamente un golpe doméstico, endógeno, es decir, motivado por cuestiones internas que solo incumbían a los españoles, sino que contó con la connivencia de una potencia extranjera, la Italia fascista, con la que los monárquicos contrataron 17 días antes del golpe el suministro de una espectacular cantidad de material bélico de primer nivel.
  • Que esos contratos existen. Conocemos cuatro gracias a las pesquisas del profesor Ángel Viñas y llevan fecha de 1 de julio.
  • Que aquellos contratos llevan incorporadas listas de armamento, incluidos más de 40 aviones, miles de bombas, gasolina etilada, ametralladoras, proyectiles, que desmienten que lo que se proyectaba fuese meramente un pronunciamiento o un golpe blando.
  • Que la fecha del inicio del golpe (segunda mitad de julio) probablemente está ligada a esos contratos y al apoyo fascista prometido, y desde luego nada tiene que ver con el asesinato de Calvo Sotelo, que no precipitó nada.
  • Que la defensa de la nación y los alardes de nacionalismo de los golpistas contaban paradójicamente de antemano con la intervención de una potencia extranjera.
  • Que el tema de la defensa de la Iglesia y del catolicismo simplemente no existió en el diseño y ejecución del golpe, y no fue ni un objetivo explícito de los golpistas ni su principal motivación, ni hay prueba alguna de que lo fuera.
  • Que el golpe no pretendía yugular ninguna insurrección armada en marcha (que es lo que muchos llaman o llamaban «revolución»), ni comunista ni de ninguna otra clase, sino las reformas progresistas pero democráticas del primer bienio republicano que los gobiernos Azaña-Casares Quiroga retomaron e impulsaron…
  • Que había muchos discursos revolucionarios en los años treinta en España, no solo obreros, sino también burgueses, pero, fuesen intenciones reales o solo verbales, ninguna organización republicana u obrera se puso manos a la obra con el propósito de subvertir el orden constitucional en la primavera de 1936.
  • Que, por el contrario, las derechas contrarrevolucionarias o antiliberales y ciertos sectores militares sí se pusieron manos a la obra para subvertir el orden constitucional y recabaron con éxito la intervención internacional de la Italia fascista antes del golpe, es decir, hicieron todo aquello de lo que acusaban falsamente a la izquierda republicana y obrera.
  • Que hubo muchas víctimas mortales de la violencia política y social en la primavera de 1936 pero que se debieron en gran medida a la dureza represiva por parte del Estado republicano contra una extensa movilización popular, campesina, obrera y sindical.
  • Que esta amplia movilización iba dirigida preferentemente a mejorar la posición de los trabajadores, tras un bienio anterior poco favorable, a presionar a las instituciones republicanas para que implementasen o acelerasen las reformas prometidas…
  • Y que la República no fue un fracaso que conducía inexorablemente a una guerra sino que fue destruida por un golpe militar que, al contar con la connivencia de un país extranjero y no triunfar en buena parte del territorio y en la capital, se encaminó automáticamente a una guerra civil.

Los mitos del 18 de julio
Coordinación: Francisco Sánchez Pérez
Editorial Crítica
480 páginas

 

 

 

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