Mark Miodownik.

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¿Sabe usted distinguir el aluminio del acero?

Mark Miodownik.
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Es una pena pero es así: a partir de una determinada edad la realidad circundante nos va suscitando cada vez menos preguntas. ¿Por qué hay cristales que se rompen con un balón y otros aguantan el impacto de una bala? ¿Por qué es tan difícil falsificar un billete de 50 euros? ¿Por qué se vuelve amarillo el papel de periódico al cabo de los días? ¿Por qué se derrite el chocolate en la boca? Perdemos el interés por las cosas que nos rodean posiblemente porque las vemos y tocamos cada día; pierden misterio para nosotros, pese a que en realidad lo ignoramos casi todo de ellas. Y, sin embargo, detrás de la taza de café, el collar de oro, el tenedor o la raqueta hay una historia apasionante: la que explica la materia de la que están hechas.

La ciencia de los materiales es aquella que investiga a fondo la estructura interna de las cosas. Puede parecer lo contrario por su aspecto y textura homogéneos, pero lo cierto es que la mayoría de los objetos con los que convivimos están formados por multitud de elementos diversos. Mark Miodownik (Reino Unido, 1966), profesor en el University College de Londres, investigador y comunicador, puede competir con el crío más preguntón en términos de curiosidad infinita. Afortunadamente no solo tiene todas las preguntas. También las respuestas y la habilidad para compartirlas de tal modo que el personal de letras no huya al escuchar la palabra átomo. Miodownik ha escrito un libro de divulgación científica tan serio y riguroso como ameno y original.

A partir de una fotografía en la que el autor sale tomando un té en la azotea de su casa, disecciona el origen de las diferentes cosas que aparecen en la instantánea, entre ellas, las patas de acero de la mesa, el libro que tiene entre manos, el plástico de las macetas o la cerámica de la taza. No sólo nos cuenta de dónde vienen; también cómo funcionan, su influencia cultural y, en definitiva, qué dicen de nosotros.

El acero fue la primera gran obsesión de Miodownik y no precisamente por un motivo feliz: tenía 19 años cuando fue acuchillado en el metro de Londres. Por la espalda y con una cuchilla de afeitar envuelta en cinta adhesiva por negarse a dar dinero al atracador. Más que asustado por la sangre que manaba de su espalda, el agredido quedó fascinado por el modo en que una pequeña hoja de acero del tamaño de un sello había traspasado sin problema una chupa de cuero, un jersey de lana, una camisa blanca, una camiseta interior, la epidermis y la dermis. En fin, toda una epifanía por trágicas que fueran las circunstancias en que se produjo.

Símbolo de una era

Para Miodownik, el acero inoxidable, que fue un descubrimiento casual que apenas tiene un siglo (1913), es el mejor símbolo de nuestra era. Sin él seguiríamos con fregaderos de cerámica. Podemos además congratularnos de formar parte de las primeras generaciones que pueden comer con cubiertos que no añaden un sabor extra a la comida. De alguna manera, lo que el acero inoxidable fue al acero lo fue antes el hormigón armado al hormigón y también hace relativamente poco (1867): un avance sensacional para poder construir muros, puentes, túneles y presas sin riesgo de fractura general ante la aparición de cualquier grieta.

De cada materia analizada (plástico, espuma, chocolate, grafito, titanio…), el autor rescata datos curiosos y sorprendentes. Especialmente jugosos son los referentes al vidrio. Los chinos, que tanto sabían sobre el papel, la madera, la cerámica y los metales, desdeñaron el vidrio. Fueron los romanos pioneros en incorporar este material a su vida cotidiana y, por tanto, los primeros en ver –y disfrutar más– lo que se bebían, renunciando para siempre a objetos opacos como el cuerno de animal o los recipientes metálicos. La falta de interés de los orientales por la tecnología del vidrio les dejó hasta el siglo XIX no solo sin ventanas como dios manda (los japoneses y los chinos las hacían de papel), sino también sin las posibilidades revolucionarias que trajeron el telescopio, el microscopio o el mismo tubo de ensayo para visualizar las reacciones químicas.

Se lamenta con gracia Miodownik del escaso afecto que suelen despertar el vidrio o el hormigón frente a las efusiones líricas que generan, por contra, los suelos de madera o el hierro fundido. Llegando al final del libro, encontramos información sobre el material que podría erigirse en el elemento estrella de los próximos años, el “más fino, duro y rígido de todo el mundo”, capaz de conducir el calor y la electricidad más rápido que ningún otro: el grafeno. El candidato pues a sustituir a los chips de silicio en los ordenadores y a mejorar el potencial de las pantallas de tablets y teléfonos móviles.

Con esta obra, Miodownik cumple su objetivo: demostrarnos en qué medida las cosas “expresan de manera compleja las necesidades y los deseos humanos”. Y además proporciona algunos datos básicos que pueden ser de ayuda para distinguir el aluminio del acero.

cosasymateriales miodownikCosas (y) materiales. La magia de los objetos que nos rodean
Mark Miodownik
Traducción: Pablo Sauras
Editorial Turner
276 p
22 euros

 

 

 

 

 

 

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