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Historia de la fealdad

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El escritor italiano Umberto Eco, que había trazado en 2004 una peculiar Historia de la Belleza, nos acerca en este 2008 que agoniza, con el mismo cuidado en la selección de los textos y similar riqueza iconográfica, su Historia de la fealdad que, aunque en principio pudiera interpretarse como antítesis del primero, no lo es.

Como el propio Eco escribe en la introducción del libro, a lo largo de los siglos artistas y filósofos han ido suministrando visiones y definiciones de lo bello. Gracias a estos testimonios se ha podido reconstruir una historia de las ideas estéticas a través de los tiempos. No ha ocurrido lo mismo con lo feo, que casi siempre se ha conceptuado como oposición a lo bello y a lo que casi nunca se han dedicado estudios extensos, sino más bien alusiones parentéticas y marginales.

Por consiguiente, si la historia de la belleza puede valerse de una extensa serie de testimonios teóricos (de los que puede deducirse el gusto de una época determinada), la historia de la fealdad por lo general deberá ir a buscar los documentos en las representaciones visuales o verbales de cosas o personas consideradas “feas”, término a menudo marcado por la subjetividad.

A lo largo de nuestra historia deberemos distinguir entre la fealdad en sí misma (un excremento, una carroña…) y la fealdad formal, como desequilibrio en la relación orgánica entre las partes de un todo. Imaginemos que vemos por la calle a una persona con la boca desdentada. Reflexionemos sobre lo que en realidad nos molesta, probablemente no es la forma de los labios o de los pocos dientes que quedan, sino el hecho de que los dientes supervivientes no estén acompañados de los otros que deberían estar allí, en aquella boca. No conocemos a esa persona, esa fealdad no nos implica pasionalmente y sin embargo -ante la incoherencia de aquel conjunto- nos sentimos autorizados a manifestar desapasionadamente que aquel rostro es feo; que aquella boca es desagradable.

Tres mil años… casi

Así lo quiere dar a entender el autor y así lo ilustra en una cuidadísima edición en la que con el apoyo de fragmentos antológicos y muchos cientos de ilustraciones el lector avanza en un camino sorprendente y lleno de interés que transcurre a lo largo de casi tres mil años.

Desde la paradójica fealdad en un mundo, como el clásico griego, eminentemente presidido por lo bello, hasta lo kitsch y lo desagradable en este nuestro entorno de hoy en donde también narcisismo y hedonismo (que pudieran interpretarse como conceptos emparentados con lo agradable) dominan los sentidos y la imagen.

Entre demonios y seres de miradas perturbadoras, figuras repelentes, deformidades que rozan lo sublime… entre grotescos cuerpos, freaks de pesadilla y fantasmales colores esta Historia de la fealdad sugiere al tiempo sentimientos de repulsa y de conmovedora compasión.

La mirada inteligente de Eco nos acerca a la fealdad natural y a la espiritual. A la asimetría, a la falta de armonía y a lo estéticamente indefendible y morboso para dejarnos, al cabo de las 450 páginas del precioso e inquietante volumen, sin saber a ciencia cierta ni en qué punto acaba y comienza la belleza, ni que podemos, desde una contemplación objetiva y sin temor a equivocarnos, catalogar como feo.

Historia de la fealdad.
Umberto Eco.
Lumen.

 

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