Alfred Brendel

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Brendel demuestra que el piano ríe

Alfred Brendel
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Alfred Brendel (Moravia, Chequia, 1931) es más que un prestigioso pianista. Es el sabio del piano, el compilador de la técnica, el escritor de las verdades pianísticas. Ayer, durante poco más de una hora, el gran maestro ofreció una conferencia ilustrada en el Auditorio Nacional de Música de Madrid para abordar el humor en la música clásica, aspecto que también trata en el libro 'De la A a la Z de un pianista', que acaba de publicar Acantilado.

¿Puede ser divertida, cómica o humoresca la música clásica absoluta? Sí, esa que va sin palabras, sin la escena, que es “sólo” música. Decir Estudios asmáticos o Pecados de Vejez es echarse a reír por el significado de las palabras propiamente, pero ¿qué pasa cuando lo gracioso son las estructuras musicales en sí mismas?

Para Brendel el humor está fundamentalmente en los clásicos vieneses (Mozart, Beethoven, Haydn…) y en muchos músicos del siglo XX como Ligeti o Kagel. Reconoce que en realidad, lo extraño o lo hilarante depende del clima psicológico del oyente. También se pregunta “¿por qué el público tiende a toser en un concierto y no a reírse?”, sin obtener muchas respuestas al respecto.

De Mozart a Schumann

A través de diferentes ejemplos, Brendel recorre la historia del piano. Hace una clara diferenciación entre Mozart y Haydn en el terreno de lo cómico. El primero se mueve en lo esperado y lo formal, mientras que el segundo lo hace en el terreno de lo inesperado y lo caprichoso.

Para él, Haydn está muy presente en la música cómica y, de hecho, interpretar como cómica su Sonata en do mayor da pleno sentido a la obra. Por ejemplo, el tercer movimiento de esta sonata se atranca de forma repetida en el acorde de si mayor y suena provocadoramente errónea, así el pianista puede actuar tipo “lo siento, ha sido culpa mía” o actuar como que no ha pasado nada (que es lo que Haydn parece buscar), aunque “acabaría con una montaña de plátanos ante el enfado del público”, apunta el maestro.

En todo momento está muy presente la lógica del pensamiento musical y, en realidad, para Brendel, “los mismos principios que hacen que la música sea divertida pueden convertirla en extraña, perturbadora o macabra”. Como también establece en el libro De la A a la Z de un pianista, para él “los primeros compases de la música definen su carácter”. Así lo escribe: “El pianista aparece en el escenario, se sienta, se acomoda en su asiento, lo ajusta, abre y cierra los ojos, pone los dedos repetidas veces sobre las teclas, se toca las rodillas, hace un esfuerzo de concentración y comienza. ¿Por qué no probar el piano, comprobar la altura de taburete y comenzar a tocar sin grandes aspavimientos? Casi siempre, al menos en la música del pasado, el comienzo de la obra o de un movimiento comunica su carácter fundamental. En una buena interpretación, ese matiz debe aparecer de inmediato. El intérprete debe adquirir la capacidad de comunicarlo con aplomo”.

Formas de humor

Una obra cómica suele estar siempre compuesta en un modo mayor, aunque siempre hay excepciones, como La canción de la Pulga de Beethoven, escrita en una tonalidad menor. Lo excesivo, lo obsesivo, la exageración y la idea fija no son más que formas de humor. Basta escuchar para comprobarlo la Sonata op. 31 nº1 de Beethoven, que es obsesivamente cómica, o la Sonata Los Adioses del mismo compositor, de la que Brendel afirma con contundecia: “Si un pianista no hace reír al público después de interpretar esta obra debería dedicarse al órgano”. A su vez explica que hay muchas risas diferentes, y de hecho, las Variaciones Diabelli de Beethoven pueden contener todas las variedades de lo cómico. El vals en que se basan también lo es, ya que intenta parecer algo que no es.

Brendel disfruta con los pasajes mientras se adentra también en los románticos. Confiesa que no encuentra una brizna de humor en Liszt ni en Chopin, aunque adelanta algo sobre Schumann. Se hace preguntas retóricas, reflexiona de forma también humorística con un cariz woodyalleniano: “Nadie parece negar que la música puede suspirar, en cambio, si he leído que hay quien niega que la música puede reír”.

En De la A a la Z de un pianista, Brendel también dedica un espacio precisamente al humor en el que resume muchos de los conceptos abordados en la conferencia que ofreció ayer. Incluye un matiz que sólo insinuó: “Algunas personas se sienten muy por encima de la risa y consideran la seriedad como una prueba de madurez humana. Platón quiso prohibir la risa. La antigua jerarquía de la estética, que coloca en las esferas altas a la tragedia y en las inferiores a la comedia, sigue produciendo su efecto”.

Para el pianista checo el humor guarda relación con el trasfondo de la vida y permanece en él. Parafraseando a Plinio El Joven afirma: “A veces río, bromeo, juego, soy un ser humano”. Cierra con un gracias por disfrutar de “lo sublime al revés”, en honor a la denominación de Jean Paul al humor. Ovación en la sala.

 

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De la A a la Z de un pianista
Alfred Brendel
Traducción: Jorge Seca
Editorial Acantilado
152 páginas
Precio: 12 euros

 

 

 

 

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