En los albores del siglo XX, Albéniz escribió alta literatura para piano distribuida en cuatro cuadernos que verían la luz entre 1905 y 1909, año de su muerte. Si ya en su Suite española Op. 47 el catalán hizo notar su amor por Andalucía (ahí están sus homenajes a Granada, Sevilla y Cádiz), en Iberia se declaró abiertamente. El Puerto de Santa María, Ronda, Almería, Málaga, el barrio sevillano de Triana, El Albaicín granadino…

Y entre tanto andalucismo, emerge como única seña castiza Lavapiés, una rara avis que deslumbró e impactó a partes iguales en una época en la que «no se había hecho nada así», como recuerda Díaz-Jerez. Una habanera con aires de organillo y una endiablada estructura, tan compleja que el propio Albéniz estuvo tentado de destruirla por intocable.

Un genio, un visionario. Albéniz «hizo avanzar el piano», dice el pianista, que confiesa que desde la primera vez que se enfrentó cara a cara con Iberia, con apenas 14 años en el Conservatorio de su Tenerife natal, tardaría varias décadas en entrar del todo en la obra. Su primer acercamiento, por recomendación de un profesor, sería El Corpus Christi en Sevilla, del primer cuaderno, una pieza de más de 9 minutos donde suena la melodía popular de La Tarara. «Quería desanimarlo», ríe a cuenta de aquel profesor José Luis García del Busto, crítico musical, musicólogo y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Una complejidad, la de la obra de Albéniz, que Díaz-Jerez hace parecer fácil. «Los pianistas le echan mucho cuento a esto de Iberia«, dice García del Busto, que destaca la naturalidad, fluidez y sencillez del canario. Su dominio de la técnica hace que sea capaz de dejar de concebir la partitura como un conjunto de notas individuales y hacer música. Una concepción que expresó con gracia la desaparecida pianista Alicia de Larrocha, también intérprete excepcional de Iberia, como recuerda García del Busto con una anécdota: «No se puede tocar Lavapiés sin chulería».

Apreciar la complejidad

El trabajo de Díaz-Jerez al encarar Iberia combina la esencia personal que deja en cada interpretación (siempre más madura que la anterior, dice) con el respeto total por la partitura de Albéniz, como apunta Juan Miguel Moreno Calderón, catedrático de piano del Conservatorio Superior Rafael Orozco de Córdoba y fundador del festival homónimo de piano. Una partitura que han alabado músicos, musicólogos y compositores como Debussy, De Larrocha, Esteban Sánchez y el propio Orozco.

En los últimos años ha habido más de veinte grabaciones en CD de Iberia, a cargo de pianistas como Artur Pizarro, Miguel Baselga, Kotaro Fukuma, Rosa Torres-Pardo y el propio Díaz-Jerez, que obtuvo por ella en 2010 la Medalla Albéniz. Entonces, ¿qué sentido tiene editarla en DVD? Gerardo Gómez de Valcárcel, productor y director del vídeo, da la clave: frente al mero audio, este trabajo permite apreciar la complejidad, los saltos, los cruces de manos. No es lo mismo, dice, escuchar que ver en acción a Paco de Lucía o Camarón.

Y lo cierto es que la experiencia audiovisual es hipnótica. Cuatro cámaras de resolución 4K (ultra alta definición) registran los movimientos de Díaz-Jerez en una toma única. Los planos se suceden dejando respirar al pianista, intercalando vistas generales del intérprete y su piano en la sala con detalles de sus veloces manos. Destacan especialmente los planos cenitales, que muestran sin artificios el auténtico trabajo de Díaz-Jerez al piano.

Cinco intensos días fueron necesarios para filmar la hora y media que abarcan los cuatro cuadernos de la Iberia de Albéniz, un trabajo cuya concepción audiovisual se aleja de la mera grabación concertística y captura la experiencia de la interpretación. Viendo al canario es fácil suscribir las palabras de García del Busto: Díaz-Jerez hace música (no sólo la interpreta) con una facilidad pasmosa. Las partituras, que a menudo tienen algo de matemático, abandonan sus esquemas y se transforman en las imágenes del país que retrató un genio.

Gustavo Diaz Jerez Iberia Isaac AlbenizIsaac Albéniz: Suite Iberia
Gustavo Díaz-Jerez
Orpheus
19,90 euros
España / 2015 / 88 minutos