No es descabellado incluir entre las grandes obras de Vian su propia biografía, tan adornada de momentos históricos –el crac del 29, la Resistencia de la Francia ocupada, el existencialismo de Saint-Germain-des-Prés, el juicio por inmoralidad de su novela de culto Escupiré sobre vuestras tumbas– y de una lista interminable de personalidades a cual más legendaria que van de Jean Paul Sartre y Miles Davis a Juliétte Greco y Yehudi Menuhin. Todos tienen su espacio en un tebeo prodigioso de 78 páginas firmado por los franceses Christian Cailleaux (La Garenne-Colombes, 1967) y Hervé Bourhis (Indre y Loira, 1974). El título de Piscina Molitor hace referencia al complejo parisino de piscinas de inspiración Art Decó que Vian frecuentaba en sus últimos años tratando de fortalecer a base de brazadas un corazón que se iba apagando sin remedio.

Hay un esfuerzo por embutir demasiada vicisitud en pocas viñetas pero es un afán que no resulta forzado ni artificial. Están su pasión por el jazz, sus dificultades para establecer una relación con las mujeres o mostrarse cálido con sus hijos, las conversaciones con su editor, el escritor Raymond Queneau, sus ganas de alcanzar el éxito y sus estrecheces cuando éste no llega, su reinado en los sótanos musicales más exclusivos de la capital francesa y su fracaso como cantante. Pero por encima de todo este cómic entrega el retrato de un hombre herido con una mirada progresivamente falta de energía, enfadado con el mundo y arisco precisamente con las personas que más le quieren.

La nota de color la pone la música y más concretamente el jazz.

De trompetista a trompetista

Vian fue un hombre pegado a una trompeta. “Prefiero seguir con la trompeta y morir” le aclara a su médico cuando éste le prescribe, como un ultimátum, que cuelgue el instrumento dado su estado de salud. Vian no solo conoció bien al trompetista que más veces ha cambiado la historia del jazz, el irascible Miles Davis, sino que además le presentó al director del cine Louis Malle para que pudiera componer e interpretar la genial banda sonora de su película Ascensor para el cadalso.

El cazador cazado

No fue Miles Davis el primer genio musical que se cruzó en la vida de Vian. Cuando contaba con diez años de edad fue vecino y amigo del violinista estadounidense Yehudi Menuhin, cuatro años mayor. Vian aprovecha el encuentro inicial para tratar de epatarle con sus muchas lecturas pero sale él mismo epatado cuando Menuhin se defiende agarrando su instrumento y haciendo una exhibición de su talento. Referencia para los violinistas del repertorio clásico, también picoteó en los estándares del jazz.

La gatita de los sótanos

Es difícil dibujar más guapas y con más clase a las mujeres que pasaron por la vida de Vian. Era también imposible plasmar el mundo de los cabarets parisinos de los años cincuenta y no dar entrada en el cómic a la conocida como musa de los existencialistas, la cantante Juliétte Greco. Ella le introduce en los clubs de jazz pero no consigue seducirle con la eficacia que sí tuvo cuando enamoró a Miles Davis. Greco y Davis tuvieron un romance intermitente durante años (él llegó a decir que ella tenía la boca más bonita que había visto nunca) y ambos adoptaron como tema fetiche la misma pieza, el original Las hojas muertas (Les feuilles mortes / Autumn leaves).

El provocador pacifista

“Señor presidente, acabo de recibir los papeles para ir a la guerra antes del miércoles por la noche. No quiero hacerla, no he venido al mundo a matar a gente. No es por molestarle pero debo decirle que ya lo he decidido: voy a desertar”. Le déserteur es la pieza más emblemática de Vian y seguramente una de las más influyentes de la música francesa si, como se refleja en esta novela gráfica, marcó para siempre al gran Serge Gainsbourg. Proclama antimilitarista gestada en los años de la guerra de Indochina, fue también la canción con la que se estrenó –y estrelló– como cantante incapaz de controlar sus nervios. El mago de las palabras (pocos pueden jactarse de titular los libros mejor que él: La espuma de los días, Escupiré sobre vuestras tumbas, El otoño en Pekín, Que se mueran los feos…) se bloqueaba en el escenario cuando tocaba cantar.


fit-230x360Piscina Molitor
La vida swing de Boris Vian
Cailleaux / Bourhis
Traductor: Laura Salas
Editorial Impedimenta
72 p
19 euros