En 1889, cuando tenía 18 años, su familia se traslada a Venecia, asentando definitivamente su taller en el Palacio Pesaro degli Orfei (actual sede del Museo Fortuny), lugar donde desarrollará toda su trayectoria artística y de mecenazgo hasta su muerte en 1949.

Su niñez transcurre entre innumerables obras de arte; su madre, entre otros enseres, era coleccionista de textiles antiguos que abarcaban desde el ámbito hispano-musulmán hasta la tradición sedera italiana. Es necesario remontarnos a su infancia porque así el espectador entenderá mejor ese amplísimo bagaje que vivió y sintió el artista. La inspiración de gran parte de su obra es el fruto de una nostalgia embriagada de singulares objetos pretéritos que se amontonaban en el imaginario infantil (de su morada natal). A estos se unió el afán coleccionista de Mariano, que superaba al de sus padres, dedicando toda su vida a enriquecer y engrandecer sus colecciones y convirtiendo su casa-palacio veneciana en un escenario de Las mil y una noches.

Inspiraciones. Mariano Fortuny y Madrazo

La muestra del Museo del Traje CIPE trasciende lo textil. Vemos a un artista polifacético que es pintor, grabador, fotógrafo e inventor de artilugios para la ópera. La atmósfera que envuelve todo es tan sugerente y embriagadora como adentrase en un texto proustiano: espacio nocturno, suntuosos tejidos y melodías sacadas de la tetralogía de Wagner, de la que Fortuny era un gran admirador.

Los vestidos se han situado delante de un gran cortinaje, obra también suya, que alcanza los 30 metros de anchura. El artista colgaba sus cuadros encima de los tejidos así como los fotografiaba delante de ricos tejidos, como podemos comprobar en las fotografías exhibidas. Iniciamos la exposición con un diván y cojines tapizados con sedas que recrea la atmósfera de Los hijos del pintor en el salón japonés, obra inacabada de su padre de 1874, donde aparece Mariano con tres años de edad.

Plisado Fortuny

Desde 1907, junto con su mujer Henriette, se dedicó a experimentar con tintes y estampados textiles, utilizando terciopelos, sedas, óxidos metálicos y tintes que hacía traer de Brasil, India, México o China. En 1909, patentó un procedimiento para plisar y ondular telas y en 1910, un sistema para tintar y estampar tejidos, papeles y toda clase de superficies. El plisado de sus prendas, conocido mundialmente con el nombre de Fortuny, se realizaba con un método secreto. Según algunos, se hacía a mano, sobre un tejido mojado y endurecido con clara de huevo, que daba como resultado el finísimo plisado largo y desigual característico del vestido.

Pero, pese a las suposiciones, su fórmula aún es un misterio hoy en día. El plisado permitía transportarlo enrollado en la maleta, como una madeja de lana, ya que esto reforzaba el plisado en lugar de echarlo a perder, ocupando un mínimo espacio y con un peso pluma; no marcaba excesivamente las formas femeninas pero tampoco las ocultaba y resultaba increíblemente insinuante sin ser evidente.

Delphos y Knossos

El vestido Delphos constituye un hito entre sus hallazgos estéticos y eleva sus vestidos al ámbito artístico. Famosa creación que por su identidad totalmente rupturista y personal puede considerarse un auténtico icono, el Delfos fue creado en 1907, inspirándose en las líneas sueltas y vaporosas de los ropajes de la Grecia clásica, siendo el primero en incorporar un elemento práctico en los diseños femeninos: la facilidad de movimientos y la liberación del cuerpo de la mujer.

Las mangas estaban rematadas con un cordoncillo de seda con abalorios que permitía alargarlas o acortarlas según las circunstancias. Se convirtió en un icono de moda y fue muy popular por ser el favorito de las estrellas de la danza del momento, como Isadora Duncan o Martha Graham. Siguiendo con la inspiración clásica, diseña también el chal Knossos en fina muselina que lució la famosa Mata Hari.

Tanto el Delfos como el Knossos se vendían en cajas exquisitas, precursoras del actual marketing que a menudo incluye un empaquetado personalizado. Mariano Fortuny y Madrazo alcanzó un gran éxito mundial con sus diseños y tejidos, abriendo tiendas en París, Milán, Nueva York, Londres, Berlín y Zúrich.

Belleza extrema

Su estilo liquidó una época -la Belle Epoque- con sus perifollos, sus artilugios, sus reiteraciones y su intrínseca falsedad. Frente a esta farragosidad decadente, la naturalidad de los vestidos de inspiración clásica rompe con todo el sentimentalismo anterior y se mueve hacia la vanguardia del siglo XX. La calidad de la seda y de sus múltiples pliegues lo son todo; tan solo un cinturón decorado con motivos griegos y unos exquisitos botones hechos en cristal de Murano que descienden desde los hombros hasta los puños, pasando casi desapercibidos, acompañan a la desnudez del tejido. Este es el estilo Fortuny que fue referente de tantos diseñadores del siglo pasado y de éste, como Mary McFadden, Issey Miyake, Hubert de Givenchy o Karl Lagerfeld, quienes le han rendido encendidos homenajes en sus colecciones.

Belleza extrema lograda a partir de un uso mínimo de elementos, porque el verdadero arte se halla lejos de lo vulgar y lo extravagante. Sus vestidos son considerados obras de arte y tienen ese aura propia que trasciende a la mera artesanía. No es de extrañar que sus piezas originales sigan siendo atesoradas por los coleccionistas actuales y alcancen elevadas cotizaciones en el mercado del arte.

 

Madrid. Inspiraciones. Mariano Fortuny y Madrazo. Museo del Traje CIPE.

Hasta el 27 de junio de 2010.

Comisario: Eloy Martínez de la Pera Celada.