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Anna Bella Geiger gana el Premio Velázquez

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El fallo destaca su «actitud de experimentación permanente que le ha llevado a trabajar desde múltiples disciplinas y lenguajes, así como un compromiso pedagógico que ha generado un impacto fundamental en distintas generaciones». También subraya que durante su trayectoria «ha cuestionado y sigue cuestionando los modos convencionales de validación artística» y reconoce «su insistencia en abordar la práctica artística como herramienta para pensar la historia y el presente».

Geiger pertenece a una generación decisiva para la renovación del arte brasileño de la segunda mitad del siglo XX. Su producción, desarrollada entre la abstracción y las prácticas conceptuales, comprende pintura, grabado, fotografía, fotomontaje, vídeo, instalaciones y libros de artista. Esa diversidad de medios responde a una investigación sostenida sobre las posibilidades de las imágenes y su capacidad para transmitir, reproducir o poner en cuestión determinados discursos culturales y políticos.

Nacida en una familia de origen judío-polaco, la artista ha desarrollado una mirada especialmente atenta a las cuestiones de identidad y pertenencia. Su propia condición de brasileña, atravesada por una herencia cultural europea, constituye una de las claves para comprender el interés que ha mostrado por las representaciones del territorio, los estereotipos nacionales y las relaciones entre lo propio y lo extranjero.

Su formación artística comenzó bajo la influencia de Fayga Ostrower, artista también de origen judío-polaco en cuyo taller estudió entre 1949 y 1953. Allí aprendió las técnicas del grabado, fundamentales para sus posteriores investigaciones sobre la reproducción, la repetición y el trabajo en series. En los años cincuenta se vinculó a la abstracción y participó en la Primera Exposición de Arte Abstracto de Petrópolis.

En 1954 viajó a Nueva York, donde amplió su formación y entró en contacto con el marchante Daniel-Henry Kahnweiler, que se interesó por su trabajo y adquirió algunas de sus obras. También cursó estudios de Arte y Sociología con Hannah Levy-Deinhard en la New School for Social Research. En 1956 contrajo matrimonio con el geógrafo Pedro Geiger.

El desplazamiento desde la abstracción hacia el arte conceptual fue acompañado de una progresiva incorporación de nuevos medios expresivos. En los años setenta, durante otra estancia en Nueva York, entró en contacto con artistas como Vito Acconci y Joseph Beuys. Para entonces, su obra había comenzado a orientarse hacia una investigación de los mecanismos de representación y de los discursos establecidos.

La geografía física y la geografía humana se convirtieron en dos de los principales ejes de su producción. Los mapas, utilizados tradicionalmente para describir y ordenar el territorio, adquirieron en sus manos una función crítica. Mediante alteraciones, repeticiones y nuevas asociaciones visuales, la artista comenzó a cuestionar las convenciones cartográficas y las relaciones de poder que intervienen en la construcción de las imágenes del mundo.

Sus trabajos examinan las políticas coloniales, las exclusiones sociales y los estereotipos culturales, así como las perspectivas masculinas que han condicionado históricamente muchas de esas representaciones. En sus procedimientos de repetición y modificación de imágenes establecidas resulta reconocible la influencia de Marcel Duchamp, uno de sus referentes artísticos.

Entre sus obras más conocidas figura Brasil nativo/Brasil extranjero, en la que utiliza postales y fotografías para confrontar imágenes estereotipadas de Brasil con otras recreadas por ella misma y sus amigos extranjeros. La pieza aborda las formas en que se construye una determinada imagen nacional y las contradicciones que surgen cuando esa representación se contempla desde distintas posiciones culturales.

Geiger fue también una de las primeras artistas que utilizaron el vídeo como medio de expresión en Brasil. Su incorporación temprana de este lenguaje constituye una de sus aportaciones a la renovación de las prácticas artísticas del país, junto con el desarrollo de obras que combinan fotografía, collage, dibujo y elementos tridimensionales.

La experimentación formal convive en toda su trayectoria con una preocupación política persistente. Sus imágenes, a menudo construidas mediante recursos visuales aparentemente sencillos, introducen alteraciones que obligan a reconsiderar los significados atribuidos a los símbolos, las fronteras y las identidades colectivas.

A lo largo de su carrera, ha participado en las bienales de São Paulo, Venecia y Estambul y su trabajo ha formado parte de numerosas exposiciones individuales y colectivas. En España, una de las principales aproximaciones a su trabajo fue Geografía física y humana, exposición comisariada por Estrella de Diego y organizada en 2017 por La Casa Encendida de la Fundación Montemadrid, en colaboración con el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero de Buenos Aires.

La muestra reunió alrededor de un centenar de obras, entre vídeos, fotografías, libros de artista, fotocollages y piezas tridimensionales. El recorrido permitió examinar la evolución de sus investigaciones sobre el territorio, las identidades culturales y los sistemas de representación, asuntos que han mantenido una presencia constante en su producción.

Aunque su reconocimiento internacional tardó en alcanzar una dimensión comparable a la de algunos artistas masculinos de su generación, su obra ha ido adquiriendo una creciente presencia en museos y colecciones. Actualmente se encuentra representada en instituciones como el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, la Tate Modern y el Victoria and Albert Museum de Londres, el Centre Pompidou de París, el Museo Reina Sofía de Madrid y el MACBA de Barcelona, entre otras.

Su actividad se ha extendido igualmente al ámbito editorial con publicaciones como Abstraccionismo Geométrico Informal. La vanguardia brasileña de los años 50, editada por Funarte en Río de Janeiro, y Rrose Selavy «mesmo», publicada por Aural en Madrid.

Con esta concesión, Geiger sucede a la nicaragüense Patricia Belli, distinguida en 2025, e incorpora su nombre a la relación de artistas reconocidos con el Premio Velázquez, entre quienes figuran Francesc Torres, Marisa González, Elda Cerrato, Tania Bruguera y Soledad Sevilla.

Dotación y jurado

El Premio Velázquez de las Artes Plásticas 2026 está dotado con 100.000 euros. El jurado encargado de concederlo ha estado presidido por Ángeles Albert, directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura. Los ocho vocales que han integrado el jurado han sido los siguientes:

– Patricia Belli, ganadora del Premio Velázquez de las Artes Plásticas 2025.

– Joan Vila-Puig, vicepresidente de la Plataforma Assembleària d’Artistes de Catalunya.

– Fuensanta Nieto, académica numeraria de la Sección de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

– Bárbara Rodríguez Muñoz, directora de Exposiciones y de la Colección del Centro Botín.

– Juan Francisco Rueda, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, crítico de arte y comisario de exposiciones.

– Rosa María Castells, conservadora de las Colecciones del Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA).

– Mabel Tapia, profesora de Historia y Teoría del Arte y curadora independiente.

– Pablo Lafuente, director artístico del Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro.