
Raúl Fernánez Sobrino, director del Museo Casa Botines Gaudí.
Se trata de la transformación más importante emprendida por el museo desde su apertura en 2017. El itinerario incorpora espacios, suma recursos audiovisuales e interactivos y reorganiza sus contenidos para ofrecer una visión más amplia de un inmueble que trasciende su condición de icono arquitectónico. Casa Botines pasa así a interpretarse desde perspectivas históricas, artísticas, domésticas y constructivas, lo que permite entender por qué ocupa un lugar tan singular dentro de la producción de Gaudí.
El proyecto convierte la celebración del Año Gaudí en una oportunidad para redescubrir uno de los tres edificios que el arquitecto levantó fuera de Cataluña, junto con el Palacio Episcopal de Astorga (1889-1893), también en la provincia de León, y El Capricho de Comillas, construido entre 1883 y 1885. La renovación comienza en la planta baja, convertida ahora en un gran espacio abierto donde la arquitectura adquiere un protagonismo inmediato. La reorganización permite apreciar con mayor claridad elementos característicos, como las vidrieras o las columnas, al tiempo que integra los servicios de atención al visitante, la tienda-librería y un nuevo sistema de taquillas.
Más allá de su función práctica, este nivel se concibe también como un espacio versátil para la celebración de actividades culturales. La arquitectura deja de ser únicamente el continente del museo para convertirse, desde el primer momento, en parte esencial del relato expositivo. Sin embargo, la gran novedad de esta intervención se encuentra en la planta noble. Nunca antes había formado parte del recorrido museístico y durante décadas permaneció destinada a oficinas. Su incorporación abre por primera vez al visitante una zona fundamental para comprender la vida del edificio.

La visita se articula en dos ámbitos claramente diferenciados. El primero reconstruye la historia de la Casa Botines desde su origen, como iniciativa promovida por las familias propietarias, hasta su conversión en museo. Esa cronología permite seguir la evolución del inmueble y comprender cómo ha cambiado su función sin perder su identidad.
El segundo traslada al público al universo doméstico de Rogelia Andrés. Las distintas estancias recrean la vida cotidiana de una familia burguesa de finales del siglo XIX y muestran cómo se habitaba una vivienda de la época. El salón azul constituye uno de los espacios más representativos de este recorrido, donde el mobiliario adquiere un valor que trasciende lo decorativo. Muchas de esas piezas son anteriores a la construcción de la propia Casa Botines, circunstancia que sugiere que acompañaron a la familia desde su residencia anterior. Esa continuidad convierte los muebles en testimonios materiales de la memoria familiar y permite comprobar cómo determinados objetos conservaban su valor afectivo más allá de los cambios de domicilio.
La primera planta reúne el núcleo dedicado al arquitecto bajo el título Gaudí, creador total. Lejos de limitarse a presentar una sucesión cronológica de proyectos, la exposición propone interpretar toda su trayectoria a partir de tres conceptos que atraviesan su producción de principio a fin: naturaleza, geometría y espiritualidad. Este planteamiento permite comprender que su originalidad no residía únicamente en las formas de sus edificios, sino en una manera de entender la arquitectura en la que estructura, simbolismo y funcionalidad constituían una unidad inseparable. Cada uno de esos principios ayuda a explicar la coherencia de una obra que continúa resultando sorprendentemente contemporánea.

La muestra presta especial atención a aspectos menos conocidos de su trabajo. El visitante descubre cómo abordó materiales como la cerámica, el trencadís o el metal mediante piezas diseñadas expresamente por él. Verjas, balcones, cerraduras, pomos y otros elementos ornamentales ponen de manifiesto que ningún detalle era secundario para el arquitecto y que incluso los componentes más pequeños respondían a una reflexión constante sobre la relación entre utilidad y belleza.
Junto a esta exposición permanente, la primera planta incorpora una nueva sala destinada a muestras temporales, lo que amplía la capacidad del museo para desarrollar proyectos expositivos propios. La renovación suma asimismo recursos audiovisuales e interactivos concebidos para enriquecer la experiencia del visitante y ofrecer distintos niveles de lectura del edificio y de su historia.
El nuevo itinerario permite recorrer la planta baja, la planta noble, el espacio dedicado a Gaudí en la primera planta, la pinacoteca situada en la tercera y el sótano, donde permanece abierta la exposición temporal dedicada al trencadís. El acceso al torreón original de 1893 completa una visita que ofrece una visión mucho más amplia del inmueble.
En el contexto del Año Gaudí, esta transformación adquiere un significado especial. Frente a una visión reducida del arquitecto como creador de formas espectaculares, el museo reivindica a un diseñador integral capaz de concebir cada elemento del edificio, desde la estructura hasta el más pequeño detalle del mobiliario o la forja. Esa mirada devuelve a Casa Botines su condición de obra total y consolida el museo leonés como uno de los lugares imprescindibles para comprender la amplitud del legado gaudiniano.
Un arquitecto de 39 años…
En 1892, un arquitecto cruzó la península para construir en León un almacén de tejidos y su primera casa de vecinos. Gaudí proyectó el edificio entre 1887 y 1891. Durante esos años trabajaba también en el Palau Güell (1886-1888), en Barcelona, residencia de su mecenas Eusebi Güell, quien lo puso en contacto con los empresarios leoneses Simón Fernández y Mariano Andrés. Ambos eran socios y propietarios de un almacén de tejidos y una casa de cambio en León, y encargaron al arquitecto el diseño de un edificio que ampliara su negocio mediante un espacio comercial de mayor tamaño, grandes almacenes y viviendas destinadas al alquiler.
El arquitecto concibió un inmueble de siete plantas inspirado en los modelos urbanos de París y Barcelona: planta baja para los negocios, sótano destinado a almacén, primera planta como residencia de los propietarios y pisos superiores para alquiler. El resultado fue una construcción en la que combinó funcionalidad, simbolismo y una temprana visión racionalista que le sirvió como laboratorio de ideas para obras posteriores, como la Casa Calvet, la Casa Batlló o la Casa Milà.
Su apariencia recuerda deliberadamente a una fortaleza medieval, aunque bajo esa poderosa imagen exterior se oculta una arquitectura repleta de soluciones innovadoras. Las bóvedas catalanas, los pilares de hierro colado, la cuidada iluminación natural, la ventilación de los patios, las escaleras de madera y forja o las 365 ventanas repartidas por todo el edificio revelan la capacidad de Gaudí para integrar funcionalidad, técnica y expresividad formal.
El inmueble alberga también un rico universo simbólico. Gaudí lo concibió como la representación de un dragón dormido que protege la ciudad medieval, una lectura que añade una dimensión narrativa a una arquitectura ya de por sí excepcional.
Tras servir de sede al negocio de Fernández y Andrés, la Casa Botines fue adquirida en 1929 por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, que instaló en ella sus oficinas. Su uso bancario se mantuvo hasta 2017, cuando la Fundación Obra Social de Castilla y León (FUNDOS) decidió abrirla al público. Hoy, el Museo Casa Botines Gaudí está dedicado a la historia del inmueble, a la figura de su arquitecto y a las colecciones de la Fundación, especialmente la pictórica y la documental. Cada año recibe a más de 100.000 visitantes.