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Es Saheli: el arquitecto granadino que transformó Tombuctú en el siglo XIV

Aunque será en el siglo XIV, cuando en la Península ya solo quede el reducto nazarí del pequeño reino de Granada, el momento en el que esta relación se hizo más intensa, gracias a la presencia del poeta granadino Abu Isaq Es Saheli en el reino de Mansa Musa o Imperio de Malí, que en ese siglo ocupaba el sudeste de Mauritania y la zona occidental de Malí, alrededor del valle medio del río Senegal. El destino llevó a este hombre, intelectual y culto, pero también bohemio y vividor, hasta ese confín tan alejado de su Granada natal. Sería tras conocer al «emperador de los negros» durante su peregrinación a La Meca, en 1330, cuando este decidió incorporarlo a su corte de sabios para elevar el nivel intelectual de aquel reino.

Mezquita de Djingareyber.

La relación del mundo andalusí con el entorno de Malí se reforzaría tiempo después, cuando Ali ben Ziyad al-Kati, erudito establecido en Toledo a mediados del siglo XV, se exilió rumbo al África subsahariana llevándose consigo su importante biblioteca, en la que atesoraba valiosos ejemplares de época andalusí. Los Kati, abreviación familiar de su nombre, terminaron por establecerse en la curva del Níger, llegando a emparentar con la familia imperial. Así fue como llegó a formarse el famoso «Fondo Kati» de Tombuctú, un extraordinario archivo documental de más de 12.000 manuscritos, con varios cientos de época andalusí. Algunos de ellos se trasladaron a España para su conservación, dadas las circunstancias de inestabilidad que desde hace años sufre el país africano.

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Alminar de la mezquita de Djingareyber.

Es Saheli brilló como poeta, pero también como arquitecto, hasta convertirse en el principal constructor del reino de Mansa Musa. Sus mezquitas [2] fueron su obra más singular y, sin duda, un modelo de referencia por su originalidad y su estilo inconfundible, constituyendo así un ejemplo exótico de la proverbial facilidad del arte musulmán [3] para conciliar su concepción artística con todos aquellos estilos que quedan dentro de su imperio, por diferentes que sean.

Es Saheli supo combinar a la perfección el adobe característico de la región y la madera de acacia y de palmera, logrando el doble mérito de levantar grandes estructuras con materiales livianos y humildes, como el barro, y de conseguir, además, un efecto ornamental inigualable al dejar aflorar las vigas de la estructura, creando efectos de luz y sombra y una combinación cromática y de texturas realmente espléndida.

Su éxito en la construcción de la mezquita de Djingareyber, en Tombuctú, lo convirtió en un ejemplo a seguir en la edificación de este tipo de construcciones, un estilo arquitectónico que se extendió a partir de entonces por toda la región, desde Malí hasta Burkina Faso, pasando por Níger.

Un modelo de una extraña belleza, donde la simplicidad, llevada al extremo, logra brillar con un atractivo curioso y sorprendente. La belleza de la humildad.

Sobre este particular y sobre la vida de Es Saheli y su participación en la construcción de las mezquitas de Malí, recomendamos la lectura de la biografía novelada de este arquitecto realizada por Manuel Pimentel en su obra El arquitecto de Tombuctú [4].

Mezquita de Djingareyber.