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El Bellas Artes de Bilbao reabrirá con un gran homenaje a Plácido Arango

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El Museo del Prado y el Bellas Artes han presentado en Madrid La búsqueda del comienzo, una exposición que rinde homenaje a quien, además de gran coleccionista, fue presidente del Real Patronato del Prado entre 2007 y 2012. Más de cien obras de la Colección Arango se integrarán, hasta finales de 2030, en distintos itinerarios expositivos, a los que se sumarán préstamos procedentes de instituciones internacionales. El proyecto acompañará la nueva etapa del museo bilbaíno, que reabre después de una ampliación diseñada por Norman Foster y Luis María Uriarte.

El proyecto no se limita a aumentar la superficie disponible. El museo incorpora una nueva arquitectura a un conjunto formado hasta ahora por edificios pertenecientes a distintas épocas, reflejo de una historia construida a lo largo de más de un siglo. La intervención, denominada Agravitas [3], amplía sus posibilidades expositivas y prepara a la institución para afrontar una etapa de mayor capacidad y alcance.

Atrio Arriaga. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Atrio Arriaga. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Con un presupuesto de 48 millones de euros, el proyecto ha añadido 6.000 metros cuadrados y rehabilitado otros 8.000. Su elemento más visible será una galería de 2.500 metros cuadrados y seis metros de altura, abierta hacia una terraza exterior destinada a la escultura. El espacio acogerá un programa de exposiciones gestionado junto con la Fundación Bancaria BBK.

La ampliación tiene ya un primer hito abierto al público. El nuevo Atrio Arriaga, definido por Foster como el corazón del museo, fue presentado recientemente y alberga la escultura Bilbao, de Richard Serra. La obra ha regresado a la institución gracias a la donación de los hijos de Arango, un gesto que prolonga una manera de entender el coleccionismo basada en compartir las obras y favorecer su acceso público.

Mecenazgo privado

Esa misma idea recorre La búsqueda del comienzo. La exposición no se plantea como una evocación cerrada de la figura del coleccionista, sino como un proyecto de largo recorrido capaz de mostrar la amplitud de sus intereses y, al mismo tiempo, recordar el papel que el mecenazgo privado ha desempeñado en la construcción de las grandes colecciones públicas.

El propio Museo de Bellas Artes de Bilbao ofrece un ejemplo elocuente. Cerca del 70% de sus fondos procede de legados y donaciones. Desde comienzos del siglo XX, la colaboración entre la iniciativa pública y privada ha permitido formar una de las colecciones enciclopédicas más relevantes de España. Pintura, escultura, obra gráfica y audiovisual, diseño, arquitectura y artes aplicadas recorren una cronología que se extiende principalmente desde el siglo XIII hasta el XX, aunque la presencia del arte del XXI ha ido creciendo.

En sus salas conviven Lucas Cranach el Viejo, Martin de Vos, El Greco, Ribera, Zurbarán, Murillo, Sofonisba Anguissola, Orazio Gentileschi, Goya, Sorolla, Mary Cassatt y Gauguin. El relato se prolonga con figuras como Zuloaga, Oteiza, Chillida, Francis Bacon, Tàpies, Cristina Iglesias, Richard Serra, Susana Solano y Miquel Barceló. El arte vasco, el diseño y la arquitectura ocupan también un lugar central en una colección cuya propia historia explica buena parte del sentido del homenaje a Arango.

Una vida entre museos

Residente en España desde 1966, Plácido Arango desarrolló una trayectoria que unió la actividad empresarial con una intensa dedicación al coleccionismo y al mecenazgo. Su relación con los museos no fue circunstancial. Formó parte de sus órganos de gobierno, apoyó sus proyectos y enriqueció sus fondos mediante donaciones, depósitos y préstamos.

En 1986 fue nombrado vocal del Real Patronato del Museo del Prado. Presidió el organismo entre 2007 y 2012 y, al concluir esa etapa, pasó a ser patrono de honor. También estuvo vinculado a los patronatos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York y de la Tufts University, además de formar parte desde 1994 de la Fundación Amigos del Museo del Prado.

Plácido Arango. Foto © Museo Nacional del Prado.

Plácido Arango. Foto © Museo Nacional del Prado.

Su compromiso con la pinacoteca madrileña quedó plasmado en dos donaciones de especial relevancia. En 1991 entregó una primera edición de los Caprichos de Goya, compuesta por 80 grabados. Más de dos décadas después, en 2015, donó 25 obras maestras de su colección de arte antiguo, con pinturas de Pedro de Campaña, Luis de Morales, Luis Tristán, Zurbarán, Herrera el Mozo, Valdés Leal y otros autores, además de una copia de la serie de grabados Los toros de Burdeos, de Goya.

Aquellas legados situaron su nombre entre los de los grandes benefactores que han contribuido a enriquecer las colecciones del Prado. Su relación con el museo bilbaíno y con otras instituciones respondió a una convicción semejante. El Metropolitan, el Museo de Bellas Artes de Asturias y el propio Bellas Artes de Bilbao también se beneficiaron de una generosidad que convirtió el coleccionismo privado en una forma de compromiso público.

El homenaje que ahora prepara Bilbao ha logrado, precisamente por ello, una amplia adhesión. Museos y colecciones de Europa y América participarán en un proyecto cuyo punto de partida se encuentra en las obras cedidas por sus hijos Plácido, Francisco y Maite Arango García-Urtiaga. La iniciativa recoge así la filosofía del coleccionista y la extiende a una nueva generación.

Cien obras hasta 2030

La búsqueda del comienzo ocupará las cinco primeras salas del museo a través de sucesivos itinerarios. Durante los próximos cuatro años, más de un centenar de piezas de la Colección Arango irán trazando un recorrido por sus principales intereses.

Uno de los núcleos más destacados estará dedicado al arte español clásico. Pedro de Campaña, El Greco, Ribera, Zurbarán, Van der Hamen, Murillo, Antonio Pereda, Goya, Fortuny y Zuloaga forman parte de un conjunto que refleja la importancia concedida por el gran mecenas a la tradición artística española.

La mirada se ampliará después hacia el arte moderno y contemporáneo. La presencia española seguirá siendo fundamental, aunque en diálogo con una perspectiva internacional representada por Kees van Dongen, Albert Gleizes, Joan Miró, Germaine Richier, Jean Dubuffet, Antoni Tàpies, Andy Warhol y John Chamberlain.

La escultura monumental extenderá el proyecto más allá de las salas. Las plazas de acceso al museo incorporarán obras de Pablo Palazuelo y Cristina Iglesias. En el Atrio Arriaga colgará Homenaje a Calder, de Eduardo Chillida, mientras que la terraza exterior albergará una pieza de Anthony Caro. El homenaje se desplegará de este modo por distintos ámbitos del edificio y dialogará directamente con la arquitectura recién ampliada.

El título elegido procede de un texto de Octavio Paz, amigo personal de Arango. La búsqueda del comienzo alude a un impulso en el que el origen y el porvenir terminan encontrándose. La elección cobra un sentido especial en un museo que afronta una transformación decisiva volviendo la mirada hacia las circunstancias que hicieron posible su nacimiento y el crecimiento de sus fondos.

Préstamos excepcionales

A las piezas cedidas por la familia Arango y a las que el coleccionista donó en vida se unirán obras de otras instituciones y colecciones con las que mantuvo vínculos de amistad y afinidades artísticas. La presentación inaugural de octubre permitirá reunir varios préstamos de museos estadounidenses especialmente relacionados con su trayectoria.

El Metropolitan cederá Santa Catalina de Alejandría en prisión, de Paolo Veronese. El San Diego Museum of Art prestará el célebre Bodegón con membrillo, repollo, melón y pepino, de Juan Sánchez Cotán, una obra capital en los comienzos de la naturaleza muerta española y vinculada a uno de los principales intereses de Arango como coleccionista.

La Hispanic Society de Nueva York participará con el Retrato de niña, de Velázquez. La presencia de la pintura adquiere un significado particular dentro del homenaje, pues remite a uno de aquellos deseos coleccionistas que nunca llegaron a cumplirse.

A este conjunto se añadirá Esfera n.º 1, de Gego, procedente de la colección de Patricia Phelps de Cisneros. La coleccionista ha comprometido la futura donación de la obra al Bellas Artes de Bilbao en memoria de su amigo Plácido Arango. La pieza resume, de algún modo, el espíritu que sostiene todo el proyecto: una red de relaciones personales, intereses artísticos y actos de generosidad que acaba incorporándose al patrimonio común.

El museo reabrirá así con más espacio, nuevas posibilidades y una mirada renovada sobre su propia historia. Entre la arquitectura de Foster y Uriarte, las obras reunidas en torno a Plácido Arango y el reconocimiento a quienes han contribuido a formar sus colecciones, la institución afrontará el futuro sin desprenderse de aquello que la hizo posible. En esa confluencia entre memoria y transformación reside el sentido último de La búsqueda del comienzo.

Cátedra Arango

Coincidiendo con el desarrollo de La búsqueda del comienzo, el museo vasco ha creado la Cátedra Arango. El programa comenzará en otoño con una clase magistral de Keith Christiansen, historiador del arte y conservador emérito de Pintura Europea del Metropolitan Museum of Art.