El cuerpo abandona su condición de simple motivo artístico para convertirse en territorio político, espacio de memoria y agente de transformación. Desde esa premisa, el Museo Reina Sofía construye su temporada 2026-2027, un programa que busca ampliar los límites del canon mediante la recuperación de creadoras, tradiciones y geografías relegadas por los relatos dominantes de la historia del arte.

Manuel Segade durante la presentación de la temporada 2026-2027. Archivo fotográfico Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Fotografía: Sue Ponce.
La programación presentada por el director del Museo, Manuel Segade, se extenderá hasta julio de 2027. Su columna vertebral serán nueve exposiciones temporales, ocho dedicadas a mujeres. La selección reúne prácticas muy distintas, desde el cine de exposición de Eli Cortiñas hasta los lienzos textiles de Pacita Abad, pasando por las instalaciones participativas de Marta Minujín, la arqueología minimalista de Anne Truitt, los espejos de Monir Shahroudy Farmanfarmaian o la pintura cargada de tensión psicológica de Marlene Dumas.
El objetivo es desplazar el punto de vista desde el que se ha narrado la modernidad y recuperar experiencias que permiten entenderla como un proceso menos lineal y mucho más conflictivo. Las exposiciones, muchas de ellas surgidas de coproducciones con instituciones europeas y latinoamericanas, plantean contrarrelatos atravesados por el colonialismo, el exilio, la violencia, la sexualidad, el feminismo y las desigualdades sociales.
Ese planteamiento alcanza también a la Colección. El Museo prepara una nueva entrega de La historia no se repite, pero rima, reorganizará varias salas con motivo del centenario de la Generación del 27 y abrirá la antigua sala de Protocolo del edificio Sabatini a la exhibición de archivos. A ello se suman proyectos en Granada y Varsovia que llevarán fuera de Madrid una selección de sus fondos.
Eli Cortiñas
La temporada comenzará oficialmente el 23 de septiembre con La máquina sueña con humo [1], de la videoartista Eli Cortiñas [2], que permanecerá en el Espacio 1 hasta el 8 de marzo. La artista canaria revisita The Most Given of Givens, una instalación videográfica de tres canales creada en 2016 y adquirida recientemente por el Reina Sofía.

Eli Cortiñas, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. «The Most Given of Givens» [Lo más dado de lo dado], 2016. 3 canales de vídeo. © Eli Cortiñas, VEGAP, Madrid, 2026.
Cortiñas parte del cine como una maquinaria decisiva en la fabricación de imaginarios durante el siglo XX. A través del montaje de metraje encontrado, analiza la forma en que las películas de aventuras de Hollywood, incluida la popular serie de Tarzán, representaron a los pueblos africanos como una alteridad definida desde la mirada colonial.
La obra se completará con una instalación concebida para el espacio del Museo. La artista recurrirá a inteligencia artificial y archivos de imágenes licenciadas para uso comercial con el fin de cuestionar la aparente neutralidad de los dispositivos tecnológicos y expositivos.
La muestra estará acompañada por el ciclo cinematográfico Sobre imágenes y desobediencia, integrado por trabajos de Cortiñas y películas elegidas por ella que perturban o discuten los modelos hegemónicos de representación.
Miguel Ángel Rojas
El colombiano será el único varón al que se dedica una de las nueve exposiciones temporales. La noche, comisariada por María Wills Londoño [3], podrá visitarse del 11 de noviembre al 15 de marzo.
Más de medio siglo de trabajo respalda a uno de los nombres esenciales del arte latinoamericano. Su producción ha abordado episodios decisivos de la historia reciente de su país, desde el narcotráfico y la violencia hasta la migración, la explotación de recursos naturales o la destrucción de su patrimonio natural.

Miguel Ángel Rojas, «DAMA CHIBCHA», 1986. Impresión en gelatina de plata revelada parcialmente, láminas de metal y costura, 35 x 38 cm. Cortesía Galería La Cometa.
La oscuridad funciona como hilo conductor de la muestra. Comienza en la penumbra de los cines donde Rojas fotografió encuentros homosexuales y llega hasta el negro de los carbones con los que compone cartografías de territorios erosionados. Sus primeras investigaciones en el laboratorio fotográfico desembocaron en trabajos pioneros que incorporaban tanto su identidad indígena y mestiza como su homosexualidad.
El recorrido atenderá igualmente a la intimidad que establece con las personas retratadas. En sus obras, el cuerpo aparece como lugar del placer y del deseo, pero también como superficie sobre la que actúan la desigualdad, las violencias culturales y las presiones económicas.
Marta Minujín

Marta Minujín, «La Destrucción», 1963. Getty Research Institute, Los Angeles (2014.R.20) Donación de la Fundación Roy Lichtenstein en memoria de Harry Shunk y Janos Kender. Fotografía: Shunk-Kender ©J. Paul Getty Trust.
Una semana después, el 18 de noviembre, el Museo abrirá La Menesunda según Marta Minujín [4], que se prolongará hasta el 8 de marzo. Comisariada por Manuel Segade con la colaboración de Beatriz Jordana y Cayetano Limorte, la exposición recupera uno de los proyectos pioneros de las instalaciones inmersivas del siglo XX.
Marta Minujín y Rubén Santantonín crearon La Menesunda en 1965 para el Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires. Aquella ambientación efímera sustituyó la observación distante por un itinerario multisensorial en el que los visitantes debían desplazarse, reaccionar y tomar decisiones. La obra solo podía completarse mediante la participación de quienes la recorrían.
La versión que llega al Reina Sofía es fruto de la investigación emprendida en 2015 por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires a partir de fotografías, filmaciones y documentos, en estrecha colaboración con Minujín. Tras mostrarse en Buenos Aires, Nueva York y Copenhague, la reconstrucción se presenta por primera vez en España.
El proyecto incluirá además fotografías, dibujos y materiales relacionados con las acciones, performances y experiencias participativas desarrolladas por la artista entre 1963 y 1985. Será la primera retrospectiva centrada específicamente en su concepción del arte de acción y permitirá recorrer más de dos décadas de experimentación.
Anne Truitt
La programación de 2027 comenzará el 24 de febrero con Anne Truitt [5]. Pionera del arte minimal, comisariada por Vivien Trommer y abierta hasta el 14 de junio. La muestra culminará en Madrid la primera retrospectiva europea de la artista estadounidense después de sus escalas en Düsseldorf y Grenoble.
Truitt exploró la relación entre forma, color y percepción mediante esculturas de apariencia austera que, sin embargo, conservaron una fuerte dimensión autobiográfica. Aunque su trabajo suele vincularse con el minimalismo, la artista se apartó de la impersonalidad y la ausencia de referencias defendidas por buena parte de aquel movimiento.
Sus esculturas evolucionaron hacia estructuras verticales sencillas en las que el color fue adquiriendo todo el protagonismo. Dispuestas en el espacio, componían una suerte de paisaje arquitectónico que Truitt supervisaba cuidadosamente en cada montaje. El Museo reunirá esculturas, pinturas, dibujos, fotografías de instalaciones históricas, diarios y cuadernos de trabajo, además de una película con entrevistas realizadas en su estudio.
El recorrido prestará especial atención a la evolución de su paleta y al empleo, a partir de los años setenta, de tonalidades tradicionalmente asociadas a lo femenino. Esa elección puede entenderse como una contestación a la severidad cromática que terminó identificándose con el minimalismo.
Fernanda Laguna

Fernanda Laguna. «Lesbiana», 2001-2003. Collage. Colección de la artista.
Mi corazón es un imán ofrecerá desde el 3 de marzo hasta el 12 de julio la revisión más completa realizada hasta ahora de la obra de Fernanda Laguna. La exposición está comisariada por Miguel A. López, con Mariano Mayer como comisario adjunto, y llegará a Madrid después de su paso por el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
Laguna ocupa una posición difícil de situar en una disciplina. Desde comienzos de la década de 1990 ha trabajado en la pintura, el dibujo, la escultura, el bordado, la literatura, el vídeo, la edición y la creación de espacios independientes. Su trayectoria ha diluido deliberadamente las fronteras entre producción artística, activismo y vida cotidiana.
La retrospectiva reconstruirá ese recorrido individual y colectivo mediante obras, cuadernos, libros de poesía y novela, instalaciones y fotografías personales. Más que ordenar una carrera convencional, el conjunto permitirá observar la formación de comunidades y redes de colaboración en las que confluyen distintas generaciones, deseos y luchas.
Laguna recurre a la belleza, la amistad, el juego y la fantasía para desactivar la solemnidad del arte contemporáneo. Desde esa posición, su obra acompañó la voluntad de transformar las estructuras patriarcales que condicionaban la escena argentina hace tres décadas y anticipó algunas de las genealogías más combativas del feminismo actual.
Monir Shahroudy Farmanfarmaian

Monir Shahroudy Farmanfarmaian, «Group 9 (Convertible Series)» [Grupo 9, serie Convertibles], 2010. Espejo y vidrio pintado por el reverso sobre yeso y madera. Dimensiones variables. Familia de Monir Shahroudy Farmanfarmaian.
El 14 de abril llegará la primera retrospectiva en España de Monir Shahroudy Farmanfarmaian [6], organizada junto al Moderna Museet de Estocolmo y el Kunstmuseum de La Haya. Comisariada por Asrin Haidari, podrá verse hasta el 30 de agosto.
La creadora iraní desarrolló desde los años sesenta un lenguaje en el que la abstracción de la vanguardia neoyorquina convivía con los patrones y técnicas del arte persa. Una de las claves de su trabajo fue el ayeneh-kari, revestimiento tradicional elaborado mediante pequeños fragmentos de espejo. Sus composiciones geométricas no responden únicamente a una búsqueda formal, sino que mantienen una relación profunda con principios filosóficos del sufismo.
El recorrido reunirá dibujos geométricos, series florales, textiles, cajas y construcciones de espejos. Esa variedad permitirá apreciar una práctica marcada por las tensiones entre modernidad y tradición, pero también por la identidad, la espiritualidad, la diáspora y una experiencia vital atravesada por el exilio y la violencia.
La Ribot
El Palacio de Velázquez acogerá del 23 de abril al 30 de mayo Resolución, una exposición de La Ribot [7] comisariada por Marcella Lista. El proyecto reunirá por primera vez la totalidad de las Piezas distinguidas creadas por la artista entre 1993 y 2024.

La Ribot, «Oh Compositione», 1997. Foto: Caroline Morel Fontaine.
La muestra prolonga y reformula Panoramix, presentada en el mismo edificio en 2003. Desde los años noventa, La Ribot ha trasladado su trabajo coreográfico al espacio expositivo, donde los límites entre danza, performance, escultura e instalación pierden estabilidad. El público no permanece inmóvil ante la obra, sino que se desplaza con ella y modifica constantemente su perspectiva.
Resolución tendrá dos dimensiones complementarias. Una metaperformance activará las Piezas distinguidas como un organismo continuo y cambiante. A su alrededor se desplegará una instalación compuesta por fotografías, dibujos, esculturas, objetos y elementos arquitectónicos. La exposición abordará así la relación entre archivo y acción, además de las transformaciones que experimenta una performance cuando entra en el museo.
Marlene Dumas

Marlene Dumas, «The Painter», 1994. Óleo sobre lienzo. The Museum of Modern Art, New York. Fractional and promised gift of Martin and Rebecca Eisenberg, 2005.
La primera retrospectiva española de Dumas abrirá el 28 de abril y permanecerá hasta el 13 de septiembre. Bajo el título Durmiendo con el enemigo, la exposición comisariada por Gloria Moure reunirá alrededor de ochenta pinturas, dibujos y collages realizados desde la década de 1970.
Dumas trabaja con imágenes procedentes de la prensa, la historia del arte y su archivo personal. Lejos de reproducirlas, las transforma en pinturas que interrogan la manera en que miramos el cuerpo, el dolor, la violencia o el deseo. La figura humana domina una obra reconocible por su intensidad psicológica y por una ambigüedad que evita las interpretaciones cerradas.
El montaje no seguirá un orden cronológico. Las piezas se articularán mediante núcleos temáticos y asociaciones que pondrán en contacto épocas y técnicas diferentes. El erotismo y la muerte, la intimidad y la distancia, el placer y el duelo o las fricciones entre palabra e imagen recorrerán una selección en la que el retrato ocupa un lugar central.
Tras su presentación en Madrid, la exposición viajará a la Bourse de Commerce de París y a la Pinakothek der Moderne de Múnich.
Pacita Abad

Pacita Abad, «Subali», 1983. Pacita Art Abad Estate Singapur. Image courtesy of Pacita Art Abad Estate.
La última de las nueve propuestas será Pacita Abad [8]. Urdir solidaridades, que ocupará el Palacio de Velázquez desde el 8 de julio hasta el 10 de enero. La exposición, comisariada por Agustín Pérez Rubio y organizada junto al MUDAM de Luxemburgo y EMMA de Finlandia, reunirá más de sesenta obras, en su mayoría de gran formato.
Abad renovó el trapunto, una técnica de acolchado y costura nacida en la Italia del siglo XIV. Sobre lienzos sin bastidor añadió telas, botones, estampados y lentejuelas hasta conferir a la pintura una presencia escultórica. Esos materiales remiten a contextos culturales no hegemónicos y sostienen un vocabulario artístico basado en la empatía, la solidaridad y el compromiso.
La artista abandonó Filipinas en 1970 después de encabezar una protesta estudiantil contra la dictadura de Ferdinand Marcos. Instalada en Estados Unidos, dejó los estudios de Derecho para dedicarse al arte. Sus posteriores viajes y estancias en América Latina, Asia y África alimentaron una obra atenta a las migraciones, las guerras, los desplazamientos y las consecuencias del colonialismo.
La muestra se centrará en las conexiones sociopolíticas de una producción que rehúye la representación distante. Abad abordó situaciones que conoció personalmente e incorporó técnicas vinculadas a culturas originarias y tradicionales, cuestionando su reducción occidental a la categoría de objetos etnográficos.
Institución abierta y permeable

Hannah Ryggen, «Etiopia», 1935. La historia no se repite, pero rima.
Las exposiciones temporales tendrán su correspondencia en una transformación gradual de la Colección. La segunda edición de La historia no se repite, pero rima establecerá un diálogo entre el Guernica y Etiopía, el tapiz antifascista realizado por Hannah Ryggen en 1935 como respuesta a la invasión del país africano por las tropas fascistas de Mussolini. Ambas obras coincidieron en pabellones contiguos durante la Exposición Internacional de París de 1937.
El centenario de la Generación del 27 propiciará la reorganización progresiva de cinco salas de la segunda planta del edificio Sabatini. Cerca de un centenar de obras, algunas inéditas o incorporadas recientemente, recuperarán la presencia de creadoras en instituciones como el Lyceum Club, el Círculo de Bellas Artes y el Salón de Otoño. El proyecto también atenderá a las disidencias sexuales, la Exposición de artistas españoles residentes en París de 1929, la Residencia de Estudiantes y la Escuela de Vallecas.
La conmemoración se extenderá a Granada con F. G. L. Flamenco García Lorca, un proyecto comisariado por Pedro G. Romero que reunirá casi 300 obras prestadas por el Reina Sofía. La exposición se desplegará por el Centro Federico García Lorca, el Museo de Bellas Artes, el Centro Cultural Gran Capitán, el Palacio de los Condes de Gabia y el Centro José Guerrero. Su propósito será estudiar el flamenco como una clave desde la que interpretar la producción poética, visual, musical y política de Lorca.
Más de 150 obras viajarán asimismo al Museo de Arte Moderno de Varsovia para Perlas y cicatrices. La confrontación entre las colecciones de ambas instituciones examinará la violencia, el autoritarismo, el colonialismo y las luchas sociales que atravesaron los siglos XX y XXI en España, América Latina y Polonia.
El programa Pieza única dedicará su espacio a Personaje caído I, de Manolo Millares [9], coincidiendo con el centenario del nacimiento del artista canario. En febrero tomará el relevo Shelly Belly Inna Real Life, vídeo de Cecilia Bengolea rodado en Jamaica y centrado en las relaciones entre cuerpo, música, danza, naturaleza y cultura africana.

Manolo Millares, «Personaje caído I», 1970. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. PIEZA ÚNICA.
La antigua sala de Protocolo de Sabatini, intervenida por Estudio Herreros, se convertirá por su parte en un nuevo espacio para archivos. La primera exposición reunirá alrededor de un centenar de fondos del Archivo Lafuente vinculados con la experimentación verbal y tipográfica de las vanguardias históricas. Su apertura servirá de antesala a la futura sede del Reina Sofía en Santander.
La centralidad del cuerpo se prolongará en los programas públicos mediante la incorporación estable de las artes vivas. María Gimeno presentará su conferencia performativa Queridas viejas, que restituye a las artistas omitidas en los manuales de historia del arte. La programación musical conectará con la presentación de la Colección comprendida entre 1975 y la actualidad mediante actuaciones de Ana Curra y Plena Pausa, el proyecto de J, líder de Los Planetas, creado a partir de filmaciones inéditas de Iván Zulueta.
Educación pondrá en marcha un Programa de Mediación Expandida y renovará sus actividades escolares, familiares y accesibles. La Biblioteca reforzará la formación de usuarios, los encuentros alrededor de libros de artista y fotolibros y sus colaboraciones con Wikimedia y Photobook Club Madrid. El área de Estudios reunirá nuevas becas, residencias, seminarios y cátedras, mientras el Instituto Cáder de Arte Centroamericano publicará su primer libro. Cine y Nuevos Medios dedicará retrospectivas y focos a Pere Portabella, Radu Jude y Ulrike Ottinger, además de recorrer las transformaciones de Argentina desde la crisis de 2001 mediante un ciclo de 22 películas relacionado con las exposiciones de Marta Minujín y Fernanda Laguna.
Las distintas líneas convergen en una misma aspiración. El Reina Sofía quiere presentarse como una institución abierta y permeable, capaz de revisar sus espacios, sus métodos de investigación y las relaciones que mantiene con sus públicos.