Impulsada por la Sociedad de Amigos de Sorbas [3], la Fundación Pedro Soler nace a partir de la voluntad del artista de mantener reunidas en su localidad natal tanto su obra como las colecciones que ha atesorado. Soler cederá a la institución su vivienda y un amplio conjunto de óleos, cerámicas, manuscritos, dibujos y bocetos originales. También pasarán a formar parte de sus fondos piezas de numerosos autores reunidas a lo largo de su vida.
El proyecto tiene uno de sus principales centros de actividad en la propia casa del artista, situada en el tajo del Afa, el desfiladero sobre el que se levanta el casco antiguo del municipio. Es una de las escasas casas colgadas históricas que se conservan intactas en la localidad y constituye, por sí misma, una muestra del singular urbanismo del municipio. Pedro Soler acometió su restauración con el propósito de respetar la arquitectura original y preservar el carácter del edificio.
La vivienda se transformará en la Casa Museo Pedro Soler y permitirá acercarse al universo plástico y literario del autor desde el lugar que ha inspirado buena parte de su obra. No funcionará únicamente como espacio expositivo. El inmueble acogerá también una residencia para artistas con la que la fundación pretende favorecer la creación contemporánea y propiciar la llegada de nuevos artistas a Sorbas.
Esta doble función permitirá que el legado recibido no quede reducido a una colección estática. La intención es convertirlo en el punto de partida de una actividad cultural continuada, abierta al encuentro entre disciplinas y generaciones. De este modo, la casa conservará la memoria de su propietario y prolongará el espíritu de una trayectoria construida mediante el diálogo constante entre distintas formas de expresión.
Creación arraigada
Nacido en 1942, Pedro Soler mostró desde niño una inclinación natural hacia el dibujo. Retrataba en portales y esquinas cuanto sucedía a su alrededor, desde el movimiento de los mercados hasta las caballerías y las mujeres del pueblo. Aquellas escenas cotidianas anticipaban una mirada atenta a las personas, las tradiciones y el entorno en el que había crecido.
Su aprendizaje continuó en la Escuela de Artes de Almería. En 1962 se trasladó a Barcelona, donde entró en contacto con los círculos de vanguardia y comenzó a exponer una obra que más adelante viajaría por Europa y América. En la ciudad catalana fue además uno de los fundadores de la tertulia intelectual El Velódromo. La distancia geográfica, sin embargo, no debilitó su relación con Almería ni apartó a Sorbas del centro de sus intereses.
La crítica ha destacado con frecuencia el carácter polifacético de su trabajo. Su actividad no se limita a la pintura, aunque en este ámbito ha empleado con soltura el óleo, la acuarela y el dibujo. La figura femenina, la mitología y la tauromaquia aparecen entre los motivos recurrentes de una producción orientada hacia la búsqueda de lo esencial.
La cerámica ocupa otro lugar decisivo en su obra. Soler ha trabajado el barro desde el conocimiento de la tradición alfarera de Sorbas, una práctica de profundas raíces históricas en el municipio. En sus piezas, ese saber popular convive con el lenguaje de su pintura y adquiere una dimensión contemporánea sin perder el vínculo con el oficio del que procede.

Sorbas (Almería). Foto: Domingo Leiva.
Su dedicación a la literatura amplía todavía más este territorio creativo. Como narrador y poeta, ha publicado títulos como Sorbas. Historias del Paraíso, Relatos imprudentes, El cuaderno de Aída y 119 poemas sin futuro. Palabra, imagen y materia forman así partes complementarias de una obra concebida sin divisiones rígidas entre géneros.
Apoyo a nuevos autores
Uno de los primeros cometidos de la Fundación Pedro Soler será catalogar y custodiar los fondos cedidos. La diversidad del conjunto exigirá una labor capaz de ordenar pinturas, cerámicas, manuscritos y bocetos, tanto del propio artista como de los autores presentes en sus colecciones. La conservación de este patrimonio facilitará su posterior estudio y difusión pública.
La institución también quiere apoyar a los creadores locales. El carácter multidisciplinar de Soler servirá como referencia para estimular el trabajo de nuevas generaciones de pintores, escritores y ceramistas. La futura residencia artística desempeñará un papel destacado dentro de este objetivo al ofrecer un espacio vinculado al paisaje y a la historia cultural de Sorbas.
A estas líneas de actuación se suma el propósito de reforzar el turismo cultural del municipio. La fundación aspira a conectar el valor artístico e histórico de Sorbas con el singular entorno geológico de sus yesos. La apertura de la casa museo ampliará los motivos para visitar la localidad y permitirá mostrar su patrimonio desde una perspectiva en la que creación, arquitectura y territorio aparezcan estrechamente relacionados.
La protección de los bienes culturales de Sorbas y su comarca constituye otra de las finalidades de la entidad. Su radio de acción no se circunscribirá, por tanto, a la producción de Pedro Soler. El proyecto pretende intervenir en favor del patrimonio local entendido en un sentido amplio y contribuir a su conocimiento, conservación y transmisión.
La Sociedad de Amigos de Sorbas, promotora de la fundación, ha desempeñado durante años una labor activa en la vida cultural de la localidad. Pedro Soler figura entre sus socios fundadores y ha ocupado la presidencia de la entidad. También fue uno de los artífices de la revista cultural El Afa, una publicación con veinticinco años de trayectoria que refleja la continuidad de su compromiso con la cultura sorbeña.
La puesta en marcha de la nueva institución reúne y ordena ahora iniciativas que hasta el momento habían discurrido por diferentes caminos. La obra del artista, su colección, la casa restaurada y su participación en la defensa del patrimonio pasan a integrarse en una estructura destinada a garantizar su continuidad.
La Fundación Pedro Soler surge así de un gesto de entrega a la localidad que ha alimentado la mirada de su creador. Al ceder su vivienda y sus fondos, el artista hace posible que una parte esencial de su trabajo permanezca en el lugar donde nació. Sorbas no será únicamente el escenario biográfico de su trayectoria, sino también el espacio desde el que esta podrá conservarse, investigarse y darse a conocer.
La futura casa museo permitirá recorrer una creación modelada por la luz, el paisaje y la cultura popular del municipio. La residencia de artistas, por su parte, abrirá ese legado hacia el porvenir. Entre ambas iniciativas se perfila una institución concebida para custodiar la memoria sin renunciar a mantenerla activa. La mirada de aquel niño que dibujaba cuanto ocurría en las calles de Sorbas encontrará de este modo una nueva forma de prolongarse.
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