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«Mi obra es un puzle incompleto hasta que alguien la mira»

—Tu obra y tu formación tienen un carácter académico y están inspiradas en la pintura clásica. ¿En qué momento de tu trayectoria te inclinaste hacia lo que consideras figurativo?

Por una parte, al estudiar Bellas Artes y ser una gran enamorada de la historia del arte, he aprendido muchísimo de los grandes maestros; por otro lado, la academia, con sus normas, me ha mostrado cómo seguir ciertos pasos, lo cual, en mi caso, que tengo un «desorden ordenado», me ha permitido encontrar la clave para diferenciarme. Empecé a jugar con la abstracción y la expresión, manteniendo paletas de colores y una composición estructurada. Así es como me muevo entre los márgenes de lo abstracto y lo académico; de ahí nace ese pequeño espacio que es mi obra.

—Hablando de ese juego de percepción, ¿qué esperas que sienta el espectador cuando está frente a tu obra?

Espero que la complete. Mi obra es como un puzle incompleto hasta que alguien la mira y consigue concluirla. Tomo como referencia una imagen y la descompongo; juego con la abstracción mientras conservo los elementos que, en mi memoria, me han parecido importantes. Quizá sea la composición general del cuadro, quizá la paleta, quizá ciertos elementos que reorganizo… Con toda esta información presentada como un puzle, al intentar decodificarla se crea la propia realidad del cuadro, y es en ese momento cuando adquiere su significado.

Claudia Alonso-Allende. Fotografía: © Luis Domingo.

—Te inspiras en frescos, arte barroco, renacentista… ¿Has pensado explorar otros momentos del arte, quizá más contemporáneos?

Siendo muy sincera, no lo he pensado aún. He partido del Renacimiento, del Barroco, del Rococó o el Romanticismo… Generalmente parto de obras figurativas porque mi proceso consiste en deconstruirlas. Ahora que lo pienso, podría inspirarme en Jenny Saville, quien hace retratos de mujeres muy figurativos y, mientras sean figurativos, podrían servirme como punto de partida. Es decir, podría ser interesante tomar a un autor contemporáneo y trabajar sobre una obra reciente, o incluso llegar a colaborar con algún artista en activo. No me lo había planteado, pero me gusta la idea.

—Tu trabajo pide una mirada pausada, de descubrimiento. ¿Crees que eso la diferencia de la infinidad de imágenes y estímulos a los que estamos expuestos hoy?

Totalmente. Hoy en día se está perdiendo la paciencia; ya no sabemos esperar y, desgraciadamente, eso propicia que haya más desencuentros. Se va perdiendo la capacidad de dar cabida a otras posibilidades. Si tú tienes una opinión y otra persona tiene otra, es su forma de percibir una realidad y es su propia realidad. El mayor enemigo que tenemos ahora mismo es la rapidez con la que algo se convierte en «verdad». No se deja espacio para una segunda oportunidad, una reflexión más pausada ni para un punto de vista distinto. En mi caso interpreto una obra ya existente desde otra percepción; en cierta forma, en mi obra hay una llamada de atención encubierta.

—Salgamos del cubo blanco. Recientemente hiciste una colaboración que sacó tu obra a la calle. ¿Qué representó para ti que tu obra estuviese a la vista de todos?

Fue una maravilla, porque fue divertidísima. Fue una colaboración que realicé con la Empresa Municipal de Transportes de Madrid. No solo consistió en sacar el arte a la calle, sino en cambiar el lienzo: en este caso, autobuses. Para mí, como artista madrileña, ver mis obras circulando por las calles de mi ciudad fue un orgullo. Más allá de eso, lo divertido fue transformar un autobús. Ya no es un soporte bidimensional, un rectángulo o un círculo, sino un objeto móvil enorme, con muchísima visibilidad y al alcance de todos.

—¿Te gustaría experimentar más hacia lo urbano?

Me encantaría. Todos los retos que me permitan expresar mi obra me hacen feliz, ya sea un mural, un tren o un coche. Al final hay que conseguir que las personas no encasillen el arte únicamente en los museos.

Claudia Alonso-Allende. «Minerva», 2024. Técnica mixta sobre lienzo. 150 x 200 cm.

—¿Qué piensas de las colaboraciones con marcas?

Hay muchas que apuestan por el arte y tienen plataformas que ayudan a dar visibilidad a los artistas al tiempo que refuerzan el valor de su marca. Si están bien comisariadas, pueden ser beneficiosas para ambos. Por ejemplo, Loewe, con la que he trabajado, es una marca española que sigue fabricando los bolsos de manera artesanal y cuya fundación tiene un premio a la artesanía artística, y eso aporta valor tanto a la marca como al ecosistema del arte. Creo que se pueden crear sinergias muy interesantes y enriquecedoras.

—¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Tengo la grandísima suerte de que voy a cursar el máster de pintura del Royal College of Art. Estoy muy emocionada e intrigada porque, al final, vuelvo a ser estudiante y a competir. Lo bueno es que voy a saber quiénes son mis colegas, y lo malo es que seguro que serán muy buenos, porque es una escuela con mucho prestigio, lo cual también me animará a mejorar y a aprender de los otros.

—¿Y a nivel de producción artística? ¿Qué quieres hacer allí?

Voy con mi propio proyecto. Espero que me guíen y me ayuden a configurarlo mejor. Mi idea es seguir produciendo, seguir evolucionando en mi obra. Como he explicado antes, me gusta trabajar por colecciones porque me permiten avanzar y construir una línea discursiva en el tiempo en lugar de pintar al azar. A mí me ayuda porque, como he dicho, soy un desastre ordenado. Mi idea es continuar, porque siento que no se puede parar.

Claudia Alonso-Allende. Fotografía: © Luis Domingo.

Claudia Alonso-Allende. Fotografía: © Luis Domingo.

—¿Qué consejo darías a los artistas que empiezan?

Puedo hablar desde mi propia experiencia. Cuando salí de la carrera empecé a trabajar en el mercado secundario del arte, lo cual me hizo entender muchas cosas al ver piezas de primera mano que de otro modo no habría tenido la posibilidad de conocer. También me enamoré de la artesanía. Por otro lado, me tomé el tiempo necesario para descubrir qué era lo que quería hacer y crear mi propio estilo, mi lenguaje. Si soy honesta, hubo mucho trabajo detrás. Es una profesión muy dura, pero también tuve golpes de suerte. Y por golpes de suerte me refiero a personas que, en momentos clave, me empujaron a hacer algo. No siempre fueron elecciones propias, pero supe escucharlas y me lancé a ello. En muchas ocasiones me equivoqué, pero en otras me descubrí a mí misma.


La obra de Claudia Alonso-Allende no busca resolverse de inmediato: pide tiempo, distancia y una mirada dispuesta a completar el puzle. En esa tensión entre memoria, pintura clásica y percepción, construye un lenguaje propio que invita a cuestionar cómo miramos y cómo damos sentido a lo que creemos reconocer. Su próxima etapa en Londres abre un nuevo capítulo para una obra que, desde la tradición, sigue encontrando formas contemporáneas de ser redescubierta.

Claudia Alonso-Allende. «Libertad». Técnica mixta sobre lienzo. 150 x 200 cm.