La intervención, desarrollada por Sebastián Arquitectos, eleva la superficie del museo hasta los 4.661 metros cuadrados. El proyecto modifica los accesos, reorganiza las salas y mejora la conexión entre los distintos niveles del edificio. También amplía considerablemente la superficie destinada a exposiciones temporales y recupera elementos patrimoniales de la construcción histórica.
La renovación afecta igualmente a la forma de presentar las colecciones. Junto a una nueva ordenación de las obras, se han incorporado experiencias audiovisuales, recursos interactivos y realidad virtual. La intención es aprovechar las posibilidades de la tecnología para explicar aspectos de la creación de Goya que difícilmente pueden apreciarse mediante la contemplación directa, manteniendo las piezas originales como centro de la visita.
Una de las transformaciones más visibles se encuentra en el exterior. El museo estrena acceso desde la calle Santiago, en las inmediaciones de la plaza del Pilar, a través de una fachada de piedra que incorpora fragmentos inspirados en algunas de las imágenes más conocidas de sus grabados. La composición utiliza piezas de hasta tres metros y se completa con una gran pantalla lateral destinada a proyectar imágenes, actividades y contenidos relacionados con la programación.
El nuevo acceso modifica la relación del museo con su entorno urbano. A partir de él se articula una circulación interior renovada, con recorridos que conectan las distintas plantas mediante rampas y otras mejoras de accesibilidad. Entre los espacios incorporados destaca una terraza-mirador desde la que se contempla la basílica del Pilar y parte del conjunto histórico zaragozano. El proyecto añade así una perspectiva de la ciudad estrechamente vinculada a la biografía del pintor.
La ampliación ha permitido además aumentar la superficie de la sala de exposiciones temporales, que alcanza los 315 metros cuadrados y dispone de una configuración de doble altura. Es precisamente este espacio el que acoge Solo Goya. El arte de ver, concebida expresamente para la reapertura.
La intervención arquitectónica ha prestado especial atención a la conservación del inmueble. Entre las actuaciones destaca la recuperación de la galería de arquillos situada en la parte superior de la casa del siglo XVI, un elemento que vuelve a adquirir protagonismo dentro del conjunto.
La reorganización de las salas permanentes establece una secuencia que comienza con los antecedentes artísticos de Goya, continúa con los espacios dedicados a su producción y termina con la pintura y la escultura de los siglos XIX y XX. Este último ámbito permite examinar la influencia del artista sobre las generaciones posteriores y situar su aportación en una perspectiva histórica más amplia.
Estampas
Uno de los cambios más significativos afecta a la sala de estampas, cuya renovación ha hecho posible aumentar considerablemente el número de obras expuestas. Entre las incorporaciones figuran las Copias de Velázquez, realizadas por Goya entre 1778 y 1785, junto a otras que hasta ahora no formaban parte del recorrido público.
La ampliación de esta sección concede mayor atención a la producción gráfica del pintor, una faceta esencial para comprender sus investigaciones técnicas y su manera de abordar los asuntos políticos, sociales y humanos que recorren su obra.
El periodo de cierre también ha servido para acometer la limpieza y restauración de toda la colección. A ello se suma la instalación de las maquetas de Francisco Bayeu, presentadas anteriormente en el Patio de la Infanta, que ahora ocupan una sala dedicada al artista.
La colección permanente incorpora asimismo trece tablas y una caja de apuntes de Sorolla, además de El sueño de Goya, obra del cubano Roberto Fabelo que recupera el imaginario del pintor desde la creación contemporánea. La presencia de ambos artistas amplía las conexiones que el museo establece entre la obra goyesca y otros momentos de la historia de la pintura. También se ha habilitado un nuevo espacio para actividades didácticas destinado al público escolar.
El programa de renovación museográfica introduce diferentes experiencias digitales que abordan la trayectoria de Goya desde perspectivas complementarias. Una de las principales es Goya, el gran observador, una instalación inmersiva desarrollada mediante pantallas de dos plantas de altura. Las proyecciones, acompañadas de música, sonido y efectos visuales, recorren episodios de su vida y de su producción, prestando atención a su interpretación de los acontecimientos históricos, a la psicología de sus retratados y a los asuntos relacionados con la condición humana.
Otra instalación interactiva se dedica a las técnicas del grabado. A través de ella se explican los procedimientos calcográficos y litográficos utilizados por el artista, así como las innovaciones que introdujo a lo largo de su carrera.
Las herramientas de digitalización permiten, por su parte, explorar pinturas y dibujos en alta y superalta resolución. Este recurso facilita la observación de detalles difíciles de distinguir a simple vista y de modificaciones realizadas durante los procesos de creación.
La realidad virtual adquiere especial relevancia en Goya en las alturas, una experiencia que propone recorrer los conjuntos murales de la basílica del Pilar, Aula Dei y San Antonio de la Florida. Mediante este sistema, los visitantes pueden examinar las pinturas desde puntos de vista que normalmente resultan inaccesibles y conocer aspectos de su ejecución y evolución artística.
El programa incluye también Goya geolocalizado, una herramienta que sitúa sus obras en museos y colecciones de diferentes países, y Guerra, desastre y ruina, centrada en la Guerra de la Independencia y los Sitios de Zaragoza. Esta última relaciona los Desastres de la guerra con otras representaciones artísticas y documentos del periodo.
Completa las propuestas audiovisuales Como si hubiese pintado el futuro, una pieza inspirada en las reflexiones del crítico John Berger sobre la actualidad de la mirada goyesca.
La ampliación incorpora una vertiente académica con la creación del Centro de Estudios Francisco de Goya. Sus fondos reúnen más de 1.400 volúmenes especializados y documentación procedente de colecciones como las de Federico Torralba, Pérez Serrano y Camón Aznar, además de materiales vinculados a la Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. El centro está concebido para favorecer la investigación sobre el pintor y proporcionar recursos a especialistas, estudiantes y creadores. Su puesta en marcha añade una dimensión de estudio y documentación a las funciones expositivas del museo.
El arte de ver
La reapertura tiene su principal atractivo artístico en Solo Goya. El arte de ver, comisariada por Luis Fernández-Galiano con el asesoramiento de Víctor Nieto y José Ignacio Calvo.
La exposición reúne cerca de medio centenar de obras procedentes de museos, instituciones y colecciones particulares españolas y extranjeras, muchas de ellas presentadas juntas por primera vez. Entre las entidades prestadoras figuran el Museo del Prado, Patrimonio Nacional, la National Gallery de Londres, la Galería de los Uffizi, la Hispanic Society of America, el Museo Thyssen-Bornemisza, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o el Museu de Arte de São Paulo.
El título remite a El arte de ver, una publicación traducida al español por Juan Agustín Ceán Bermúdez a finales del siglo XVIII. La referencia sirve de punto de partida para una exposición que se aparta de la ordenación estrictamente cronológica y propone examinar la particular manera en que Goya observó e interpretó cuanto sucedía a su alrededor.
La muestra se articula en tres grandes secciones que recorren las luces y las sombras de su producción, su extraordinaria capacidad como retratista y las relaciones personales que dejaron huella en su pintura. El primer ámbito, Las luces y las sombras, aborda dos dimensiones que conviven en la trayectoria de Goya. Por una parte, la luminosidad de las escenas vinculadas a sus primeros años y a los cartones para tapices; por otra, las representaciones de la violencia, la superstición y los aspectos más perturbadores de la existencia humana.
Entre las piezas seleccionadas figuran el tapiz El quitasol, procedente de Patrimonio Nacional, y el cartón El albañil herido, prestado por el Museo del Prado. También puede contemplarse La merienda, de la National Gallery de Londres.
Frente a estas imágenes, Caníbales descuartizando a sus víctimas, llegada del Musée des Beaux-Arts et d’Archéologie de Besançon, introduce al espectador en una vertiente mucho más sombría de su producción. El diálogo entre estas obras permite comprobar cómo Goya fue incorporando a su pintura asuntos cada vez más incómodos, sin abandonar por ello la observación de la vida cotidiana y de los comportamientos humanos.
La segunda sección, El poder del retrato, reúne personajes de la aristocracia, el ejército, la Iglesia y la burguesía. Su interés reside en la capacidad de Goya para representar a sus modelos atendiendo tanto a su posición social como a sus rasgos individuales. Entre sus obras sobresalen La duquesa de Alba, de 1795, procedente de la colección de la Casa de Alba, y La Tirana, conservada en depósito en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. A ellas se suma María Teresa de Vallabriga a caballo, llegada de los Uffizi, junto a los retratos de María Vicenta Barruso Valdés y de su madre, Leonora Valdés de Barruso, identificados en la documentación de la muestra como los primeros encargos burgueses realizados por el pintor.
La selección incluye asimismo el retrato de Amalia Bonells de Costa, del Detroit Institute of Arts, y varias efigies masculinas, entre ellas las de Antonio Raimundo Ibáñez, Nicolas Philippe Guye y Juan Antonio Llorente, procedentes respectivamente de instituciones de Baltimore, Virginia y São Paulo.
La reunión de estas pinturas permite apreciar la variedad de recursos con los que Goya abordó el retrato y su atención a la individualidad de cada personaje, más allá de las convenciones propias de la representación social.
Afectos
El último ámbito, Los lazos del afecto, se concentra en los familiares, amigos y personas próximas al artista. Aquí se encuentra Autorretrato en el taller, procedente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, junto a El tío Paquete, del Museo Thyssen-Bornemisza, y el retrato de Pedro Mocarte, prestado por la Hispanic Society. Completan este conjunto las imágenes de sus consuegros Martín Miguel de Goicoechea y Juana Galarza de Goicoechea, pertenecientes a la Colección Abelló.
La sección permite examinar una faceta más íntima de la producción de Goya, en la que el interés por el carácter de los personajes se despliega a través de vínculos personales y familiares.
Con esta selección concluye un recorrido que abarca registros muy distintos de su pintura, desde las composiciones luminosas hasta las escenas de violencia y los retratos de su entorno más próximo.
La exposición cuenta además con un libro catálogo que reproduce las obras reunidas e incorpora ensayos sobre el artista. Su programación complementaria comprende un ciclo de conferencias, previsto hasta diciembre, con la participación de académicos, profesores y escritores, así como visitas guiadas y actividades didácticas.
La reunión excepcional de pinturas procedentes de colecciones internacionales coincide así con la renovación de un edificio histórico, la ampliación de sus instalaciones y la reorganización de unos fondos que ahora pueden contemplarse desde nuevas perspectivas.






















