
David Alfaro Siqueiros. Retrato de Natasha Gelman (1950).
Compuesta por 160 obras, la colección traza un relato sólido y excepcional de la modernidad artística mexicana. Pintura, dibujo, grabado y fotografía conviven en un conjunto que no solo reúne nombres fundamentales, sino que articula una mirada histórica sobre identidad, cultura y transformación social.
En su núcleo más icónico destacan las 18 obras de Frida Kahlo, una presencia extraordinaria si se tiene en cuenta la escasez y el valor de su producción. Diez pinturas, siete dibujos y un grabado recorren toda su trayectoria creativa, desde la afirmación íntima del autorretrato hasta la construcción de una iconografía que hoy forma parte del imaginario colectivo.
Junto a Kahlo, la colección reúne obras esenciales de Diego Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso o Francisco Toledo, entre otros. El recorrido se completa con una notable selección de fotografía mexicana, con autores como Guillermo Kahlo, Manuel Álvarez Bravo, Lola Álvarez Bravo o Graciela Iturbide, que amplían el relato hacia el territorio de la imagen moderna.
El origen de la colección está íntimamente ligado a la historia personal de Jacques y Natasha Gelman, quienes comenzaron a formarla en México a partir de la década de 1940. Su relación directa con los artistas, su implicación en la vida cultural del país y su convicción de que el arte moderno mexicano merecía un reconocimiento internacional fueron decisivos. No se trató de un coleccionismo distante, sino de un diálogo continuo con los creadores, que permitió reunir obras clave en el momento mismo de su gestación.
A lo largo de las últimas décadas, la Colección Gelman ha sido exhibida —total o parcialmente— en instituciones como la Tate Modern, el Museo Reina Sofía, el Brooklyn Museum o la National Gallery of Australia, consolidando su prestigio en el ámbito internacional.

Frida Kahlo. Autorretrato con collar (1933).
En virtud del acuerdo alcanzado, la Fundación Banco Santander será la responsable de la conservación, investigación y difusión de la colección. Una primera selección de obras se presentará en Faro Santander [3], coincidiendo con la inauguración de este nuevo espacio cultural el próximo mes de junio. La Colección Gelman Santander se convertirá así en uno de los pilares de su programación inicial, junto a la Colección Banco Santander, marcando desde el inicio la vocación internacional del centro.
Más allá de su dimensión institucional, este acuerdo representa un gesto significativo de cooperación cultural entre México y España. Permite, además, que un conjunto excepcional continúe vivo, accesible y en diálogo con públicos diversos. La Colección Gelman Santander no es solo un compendio de grandes nombres, sino una narración compleja y profundamente humana sobre el arte, la modernidad y la mirada, que ahora inicia una nueva etapa con vocación de futuro.
Historia de una colección

Francisco Toledo. Perro con escoba (1972).
La historia de la Colección Gelman es, en sí misma, un relato de desplazamientos, alianzas personales y decisiones estratégicas que explican tanto su coherencia como su prestigio. Todo comienza en el México de los años cuarenta, cuando Jacques Gelman, empresario judío de origen ruso vinculado a la industria del cine, decide establecerse definitivamente en el país tras casarse con la checa Natasha Zahalka. Integrados en la vida cultural mexicana y en contacto directo con artistas, intelectuales y cineastas, los Gelman inician un proyecto de coleccionismo poco habitual para la época: apostar de forma decidida por el arte moderno mexicano cuando aún no gozaba de pleno reconocimiento internacional.
La colección se articula desde el principio a partir de relaciones personales. Los Gelman tratan directamente con artistas como Diego Rivera, Frida Kahlo, Rufino Tamayo o Gunther Gerzso, a quienes no solo compran obra, sino a quienes apoyan activamente en su proyección pública. El encargo a Rivera del retrato de Natasha en 1943 suele señalarse como uno de los momentos fundacionales del conjunto. A partir de ahí, la colección crece con un criterio claro: reunir obras clave que den cuenta de la modernidad artística del país, sin dispersión ni eclecticismo forzado.
Paralelamente, los Gelman forman otras dos colecciones de gran importancia: una de arte moderno europeo —con obras de Renoir, Matisse, Picasso, Miró o Kandinsky— y otra de escultura precolombina. La primera será donada en 1998 al Metropolitan Museum of Art de Nueva York, un gesto que subraya el peso internacional del matrimonio como mecenas y coleccionistas.
Tras la muerte de Jacques en 1986, Natasha continúa ampliando la colección mexicana con la asesoría del curador estadounidense Robert R. Littman, a quien nombra albacea en su testamento. A su fallecimiento en 1998, Littman crea la Fundación Vergel para administrar y preservar el conjunto, garantizando su unidad y su circulación internacional. Durante décadas, la colección viaja por museos de referencia en Europa, América y Asia, consolidando su reputación como uno de los fondos más importantes del arte mexicano del siglo XX.
Un nuevo capítulo se abre en 2023, cuando la familia Zambrano adquiere la colección a la Fundación Vergel. Lejos de disgregarla, mantiene su integridad y su vocación pública, preparando el terreno para una nueva etapa. Esa etapa se materializa con el reciente acuerdo por el que Banco Santander asume su gestión a largo plazo a través de la Fundación Banco Santander.
De colección privada nacida del diálogo directo con los artistas a patrimonio cultural de alcance internacional, la Colección Gelman ha atravesado contextos políticos, cambios de propiedad y traslados geográficos sin perder su identidad. Esa continuidad —rara en el mundo del coleccionismo— es, precisamente, una de sus mayores fortalezas.