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Hammarskjöld, la paz como dramático objetivo

El economista y diplomático sueco Dag Hammarskjöld es una de esas figuras a las que volver para hallar las claves del pasado y vislumbrar, si fuera posible, las soluciones de nuestro complejo presente. Su empatía y compromiso social y humano son retratados de forma enérgica a través de la sobria interpretación del actor Mikael Persbrandt, que remarca la verosimilitud y emocionalidad de una narración que emerge como elegía por aquellos héroes que vivieron y murieron deseando un mundo mejor. Persbrandt, uno de los iconos del cine danés contemporáneo, se convierte en Hammarskjöld, y captura su misericordia, dando cuerpo y rostro a su dignidad.

En 1961, a Dag Hammarskjöld le queda un año como secretario general antes de poder retirarse a Österlen y a su ansiada libertad. La Guerra Fría está en su apogeo y su epicentro es la recién formada República Democrática del Congo. Hammarskjöld asume la tarea de negociar la paz en el país, liderando las tropas de la ONU en su primera operación bélica. Una misión que muchos califican de imposible y otros de suicida.

Al mismo tiempo, su vida da un vuelco cuando un viejo amigo aparece inesperadamente en Nueva York. Hammarskjöld se da cuenta de que ha perdido una parte importante de su vida y de que quizá sea demasiado tarde para recuperarla. Esta circunstancia le lanza a una batalla entre su sentido del deber con las Naciones Unidas y el intento de disfrutar de su vida privada.

En esas circunstancias numerosos miembros de las fuerzas de paz de la ONU son asesinadas en Katanga por mercenarios pagados por la industria minera que conspira contra los planes de unidad nacional propuestos por el secretario de la ONU quien, decidido a poner fin al conflicto, el 18 de septiembre de 1961 subió a un avión en un último y desesperado intento de conseguir la paz embarcándose sin saberlo en el viaje más decisivo y peligroso de su vida.

A lo largo de su existencia, Hammarskjöld sorprendió a los sistemas políticos occidentales con su afán antibelicista y sus férreos preceptos éticos. Era un hombre ingobernable, que se alejaba de la laxitud burocrática e ideológica esperada en los sistemas políticos imperantes. 

En la defensa de sus principios se adentró en terrenos pantanosos, proponiendo soluciones, abrazando la realidad y asumiendo con honestidad las necesidades de un continente, el africano, devenido almacén económico del primer mundo. Al serle concedido el Nobel de la Paz en 1961 se subrayó que “Hammarskjöld tuvo la oportunidad de ejercer su poder y lo hizo; puede que no cambiara el mundo pero removió conciencias”.

El director y coguionista de la película, Per Fly, cita un texto del propio Hammarskjöld: “Reza para que tu soledad te impulse a encontrar algo por lo que vivir, algo lo suficientemente grande como para morir por ello” y comenta: “Este breve poema que escribió en 1952 capta el núcleo de su carácter: su soledad, su deseo de una vida con sentido -y la muerte- como cumplimiento del plan que Dios hizo para él. Este misterioso personaje me ha fascinado durante años. Dag Hammarskjöld fue el segundo secretario general de las recién fundadas Naciones Unidas. Diplomático de gran habilidad, Kennedy le calificó como el mejor estadista de la historia. Era un idealista intrépido que quería una ONU fuerte basada en el concepto de los derechos humanos. Su objetivo era crear una sociedad internacional en la que todos los países trabajaran juntos por un mundo mejor para todos. La paz mundial en nuestro tiempo”.

Hammarskjöld. Lucha por la paz

Dirección: Per Fly

Guion: Per Fly, Ulf Ryberg

Intérpretes: Mikael Persbrandt, Francis Chouler y Cian Barry

Fotografía: John Christian Rosenlund

Música: Raymond Enoksen

Suecia, Noruega, Dinamarca / 2023 / 114 minutos

Distribución: Twelve Oaks Pictures