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¡¡¡Estáis despedidos!!!

El cine no podía permanecer ajeno a toda esta realidad. Hace algún tiempo dedicamos este blog a Up in the air, ahora coinciden en cartelera cuatro propuestas que, desde distintos enfoques pero con el común denominador de la crisis (precedentes, consecuencias y perspectivas), plantean, denuncian y reflexionan.

Inside job

Brutal. No se anda por las ramas a la hora de ponernos delante de los ojos la cruda realidad de la crisis que nos envuelve. El derrumbe financiero ha supuesto más de 20 billones de dólares en pérdidas y un reguero de millones de personas que han perdido ahorros, casas y empleos.

Inside job dibuja un panorama desolador. Políticos corruptos, empresarios amorales, sistemas putrefactos, pocos se salvan a la hora del reparto de responsabilidades.

Narrada por el actor Matt Damon, la película es fruto de una minuciosa y larga investigación mundial. Rodado en Estados Unidos, Islandia, Inglaterra, Francia, Singapur y China, este documental está llamado a convertirse en referente en su género, y eso que por lo demoledor del contenido y de sus conclusiones parece fruto de la más pesimista de las ficciones.

Inside job
Dirección: Charles Ferguson
Estados Unidos / 2010 / 120 minutos

 

The company men

Irregular. Va cogiendo fuerza a medida que transcurre su metraje para llega a una parte final de mucho calado. No es una gran película pero esta cargada de elementos que la hacen interesante.

Mensaje escueto y rompedor: la codicia voraz se ceba también en los aparentemente menos vulnerables. The company men centra su atención en un alto ejecutivo que pierde su trabajo y ha de hacer frente a los gastos contraídos. Asistimos a la dura crónica de su nueva vida. Una situación en precario para la que ni él ni su familia habían sido preparados. Magnífico Tommy Lee Jones en un papel que transmite desolación sin servirse de gesto superfluo alguno.

The company men
Dirección: John Wells
Estados Unidos / 2010 / 104 minutos

La doctrina del shock

Michael Winterbotton da una vuelta de tuerca más en su sólido compromiso cinematográfico y adapta (ayudado por Mat Whitecross, con el que ya había co-dirigido Camino a Guantánamo), el best-seller traducido a treinta lenguas La doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre, de la periodista y columnista del New York Times Naomi Klein.

Lo que el libro y de manera muy fiel al texto del que parte la película refleja son los orígenes del capitalismo salvaje basado en las teorías radicales del Premio Nobel de Economía Milton Friedman, principal representante de la llamada Escuela de Chicago, grupo de economistas cuyos postulados constituyeron la base de las políticas neoliberales que se establecieron en la década de los 80 en el Chile de Pinochet, en el Reino Unido de Margaret Thatcher o en los EE.UU. presididos por Ronald Reagan. El concepto-madre que Friedman proponía era que el mercado es la única fuente de riqueza.

Amarga lectura la de esta doctrina. Amarga lectura la de esta cinta que clama por la búsqueda de alternativas a un neoliberalismo en gran medida responsable, –así se denuncia en las imágenes, las intervenciones y en las entrevistas que la ilustran–, de las invasiones de Afganistán e Irak.

La doctrina del Shock
Dirección: Michael Winterbotton y Mat Whitecross
Gran Bretaña / 2009 / 79 minutos

Vamos a hacer dinero

Se rodó dos años antes que Inside job, pero su menor repercusión pudiera hacer pensar que estamos ante una segunda parte de aquella. No es así. Documental más que digno, tiene en la sencillez, en la ausencia de espectacularidad, una de sus mayores virtudes, si bien cae en un discurso excesivo de cifras, estadísticas y porcentajes que acaban por confundir al espectador. Pero queda la lacerante denuncia de su mensaje y eso, números aparte, se expone con una claridad que duele.

Vamos a hacer dinero
Dirección: Erwin Wagenhofer
Austria / 2008 / 107 minutos

Así las cosas, triste, lamentablemente, sigue repitiéndose cada día en los despachos del mundo la patética escena de alguien, –que no suele ser el más cualificado, ni el más útil, sino aquel que por razones extralaborales tiene la sartén firmemente cosida a su mano–, que sin que se le mueva un músculo de la cara ni de la vergüenza, poniendo cara de circunstancias –como si lo sintiese– y mirando más allá del contorno material de las cosas dice aquello de: ¡¡¡Estás despedido!!!