La cineasta explica que “la razón por la que empecé a escribir esta película fue las ganas de acompañar a todas aquellas personas que están al cuidado de un ser querido, y en especial a esos jóvenes que se convierten en cuidadores precoces, empujados inevitablemente a madurar y a sacrificar parte de su juventud por amor”.
La historia nos adentra en la vida de Claudia, que, a sus 18 años, no quiere ser una heroína. La enfermedad de su madre irrumpe como una tormenta silenciosa que obliga a redefinir los roles en una familia que lleva tiempo desconectada. Entre el deber de cuidar y el deseo de vivir como cualquier chica de su edad, Claudia busca un modo de habitar esa nueva realidad, que transformará los vínculos entre toda la familia.
Protagonizada por la novel Mascort, que logra una convincente interpretación libre de toda afectación, junto a Sonia Almarcha, Tomás del Estal y la reciente ganadora de los premios Goya y Gaudí Laura Weissmahr, Yo no moriré de amor parte de la propia experiencia de la cineasta: “En mi casa siempre ha habido broncas —recuerda Matute—. A menudo nos hemos mandado a la mierda los unos a los otros y nunca hemos sido de grandes muestras de cariño. En definitiva, no hemos sido una familia afectuosa y, según crecía, me sentía cada vez más diferente a ellos. El plan estaba claro: ‘En cuanto sea mayor de edad me largo’. Pero, cuando llegó ese momento, mi madre empezó con unos inquietantes despistes que nos pusieron en alerta a todos. Meses después, unas pruebas médicas confirmaron que, tras un microinfarto cerebral, mi madre había empezado a desarrollar demencia frontotemporal, una enfermedad neurodegenerativa, es decir, sin vuelta atrás; es decir, que todo va a ir a peor. ¿Y ahora qué?”.
“De los 18 a los 27 años ocupé gran parte de mi vida en el cuidado de mi madre. Mis hermanas, mi padre y yo. Todos nos echamos a la espalda esa tarea mientras seguíamos con nuestras vidas y se instalaba una tristeza en la nuca que no te dejaba estar en el día a día al cien por cien. Aunque en esos nueve años seguimos discutiendo entre nosotros y mandándonos a la mierda, compartíamos un dolor, un cansancio y una frustración comunes que me hicieron empatizar con ellos como nunca antes. Veía la fragilidad de mi madre y la vulnerabilidad de mi padre y mis hermanas, y sentía un amor y un dolor inéditos, muy potentes, que a veces eran demasiado. Así que desconectarme emocionalmente, disociarme, fue bastante clave en esos años. Aunque estaba acompañada por grandes amigas, muchas veces me sentía sola porque nadie de mi edad estaba pasando por una situación parecida. Quique, Andrea, Bego y Mikel son amigos que conocí a posteriori y que han sufrido las mismas circunstancias: sus padres o madres enfermaron de alzhéimer a edades muy tempranas. Al compartir mi historia con ellos y ellos conmigo sentí un gran alivio. Nos habían atravesado sentimientos que nos avergonzaban y que nos hacían sentir culpables, como querer huir, culpar al familiar por lo que está pasando, la impaciencia, la rabia o desear que la muerte llegara ya”.
Licenciada en Comunicación Audiovisual y diplomada en Arte Dramático, Marta Matute fue seleccionada en 2020 en las Residencias de la Academia de Cine con el largometraje que ahora estrena. Un filme que recibió el Premio SGAE de Guion Julio Alejandro 2021.
Yo no moriré de amor es una coproducción hispano-belga de Solita, Elastica y Saga Film (Bélgica), con el apoyo del ICAA, Eurimages, la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, RTVE, Movistar Plus+ y Filmin, y con la financiación de ICO Crea SGR y Triodos Bank.
Yo no moriré de amor
Dirección y guion: Marta Matute
Intérpretes: Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Laura Weissmahr, Tomás del Estal, Guillermo Benet
Fotografía: Sara Gallego
Música: Simon Fransquet
España, Bélgica / 2026 / 94 minutos
Elastica Films