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«Quiero confrontar lo analógico y lo digital»

hoyesarte.com entrevista a Canogar para indagar sobre su faceta en el terreno teórico, donde desarrolla también una importante actividad, y para desvelar las claves de sus últimos proyectos expositivos que se pueden ver actuamente en Estados Unidos, Noruega o Alemania, además de en España.

A la hora de crear, ¿qué nace primero? ¿La idea o el material?

Es una simbiosis de las dos, sin duda. Globalmente reincido en temáticas que relacionan el organismo con la tecnología y una exploración del espacio de la pantalla de la sociedad del espectáculo. Pero una obra específica nace del encuentro de un material (o una escena urbana o una fotografía sacada de la prensa) que intuyo que potencialmente me va a ayudar a avanzar en mi investigación, va a descubrir un aspecto nuevo de mi investigación global del que hasta ese momento no me había percatado.

¿Cuándo surge la idea de trabajar con materiales reciclados y por qué?

Surge de una serie de salidas que hago por la ciudad, que llamo Foto Safaris, con la bicicleta y la cámara al hombro. Intento ir siempre a lugares desconocidos para mí, y tomar fotos de escenas urbanas que me golpean o me resultan sorprendentes, sin pensar inicialmente las causas de ese interés. Tomo fotos de estas escenas, que se convierten en bocetos para obra posterior. Hace unos cuatro años, sin darme cuenta, empecé a fotografiar escombros de edificios demolidos, amontonamientos de basura, etc., y fue así como descubrí un apasionante paisaje formado por montañas de ordenadores, televisores, cables, etc. Sintetizaba de golpe mi interés por los excesos de la sociedad de la información.

 

 «Estoy especialmente interesado en rescatar tecnologías hechas obsoletas por ciclos económicos acelerados»

 

Consigue crear poesía en el espacio con la luz, arrancando los objetos de su propia materialidad. ¿Cómo se consigue esa magia?

Fundamentalmente a través del juego, en un estado de ensimismamiento que de vez en cuando consigo en mi estudio. En estos momentos preciados, que suelen ser muy silenciosos, exploro como un niño los materiales que tengo entre manos, probando distintos efectos y dejándome llevar por lo que los mismos materiales van aportando. En este sentido, veo mi intervención artística como un dejar-hacer a los materiales, que sean éstos los que me vayan indicando el camino. Empiezo con una idea inicial, pero según voy trabajando van surgiendo muchas cosas, muchas de ellas accidentales, que intento amortizar e incorporar a la obra.

Lo orgánico se hace patente a través de lo tecnológico en algunas de sus obras, ¿no es esto una contradicción?

Es una contradicción fundamental del ser humano en la actualidad. Las tecnologías son nuestro espejo, nos reconocemos en ellos, al tiempo que nos resultan totalmente ajenas. Donna Haraway describió en Simios y Cyborgs como las tecnologías parecen cada vez más vivas y los seres humanos más inertes.

¿Clasificaría de evolución este nuevo giro que ha tomado su práctica dejando tentativas desarrolladas a finales de los 90 como su sistema de multiproyección a través de fibra óptica?

Sí, creo que he dejado atrás para siempre la fibra óptica. Realmente me siento muy poco en control de mi trabajo, es la obra la que me va indicando el camino, y ahora mismo, este camino parece que se dirige hacia otras tecnologías lumínicas hasta ahora no exploradas.

 

 «Sigo inmerso, casi perplejo, por el perpetuo amontonamiento de residuos electrónicos que veo en las chatarrerías industriales»

 

¿Cuáles son sus intereses actuales? ¿De dónde nacen sus inquietudes? ¿Se ve influenciado por el trabajo de algún artista en particular?

Estoy particularmente interesado en la arqueología de los nuevos medios, utilizar la historia de la imagen tecnológica para entender mejor nuestro presente. Están adquiriendo gran importancia los soportes de la imagen, o los artefactos que nos ayudan a construir imágenes, como contenido mismo de la obra, es decir, cintas de video, cámaras fotográficas, DVD.

Un descubrimiento fundamental para mí en los últimos años ha sido el artista estadounidense Anthony McCall, que ha trabajado desde los años 70 en la espacialización de la imagen proyectada. Estoy interesado en esta forma de trabajar la imagen proyectada, una imagen que se sale del marco de representación y que contamina nuestro espacio físico más inmediato. Quiero explorar la paradoja de la tangibilidad de la imagen proyectada, dar a lo efímero de la luz una presencia escultórica

¿Cómo surge su participación en uno de sus últimos proyectos, Abierto X Obras?

Una invitación directa de Teresa Velázquez, que entonces estaba en la dirección del Matadero Madrid. Al irse Teresa al Reina Sofía, el proyecto fue continuado por Pablo Berastegui y Manuela de la Villa, que son los que llevan ahora mismo la programación de este singular espacio. La primera vez que vi Abierto X Obras hace 3 años, me quedé fascinado; fue una suerte recibir luego una invitación para realizar un proyecto. Abierto X Obras fue la cámara de refrigeración del matadero municipal de la ciudad. En este espacio hubo un incendio y, afortunadamente, no se han restaurado las paredes calcinadas. Todo esto le daba a la sala un aire muy potente.

Fuegos Fatuos es el nombre de otro de sus proyectos más recientes. ¿Por qué ese nombre?

Los fuegos fatuos son fenómenos lumínicos que aparecen en cementerios y zonas pantanosas, y son un efecto químico originado por la combustión de fósforo. Se relaciona con la descomposición de materia viva. Este concepto describía perfectamente el proyecto. Todas las instalaciones de la exposición estaban realizadas con material muerto encontrado en chatarrerías, centros de reciclaje y en la basura. Quería relacionar su descomposición con la que ocurre con la materia viva. Además, todas tienen luz, igual que el fuego fatuo. 

¿Cómo funcionan/dialogan las piezas con este espacio tan especial?

Creo que es difícil encontrar un diálogo estrecho entre espacio y obra expuesta. Cada pocos años surge un proyecto en el que las dos cosas se complementan y potencian. Siento que esta exposición era uno de estos proyectos. Las cinco instalaciones expuestas estaban creadas con tecnologías que se habían sacado de circulación y que, en definitiva, habían muerto. Igualmente, en el espacio expositivo, todavía se sentía el eco de muerte de los animales sacrificados. Yo he querido dar una nueva vida a estas tecnologías descartadas a través del arte y de la luz.

Podríamos afirmar que estéticamente Circadian Rhythms evoluciona desde Palimpsesto, expuesta en el Reina Sofía. ¿De dónde nace la idea para las demás piezas?

Las demás piezas nacen de un deseo de crear pantallas escultóricas realizadas con detritus tecnológico, de tal forma que las pantallas no son solo unas superficies que reciben luz, sino que metafóricamente alteran la lectura de lo proyectado. Me resulta frustrante ver en el arte tantas pantallas blancas y rectangulares, y busco crear una relación más rica entre imagen proyectada y superficie de proyección. En cuanto a los contenidos, sigo inmerso, casi diría perplejo, por el perpetuo amontonamiento de residuos electrónicos que veo en las chatarrerías industriales y centros de reciclaje, y son un testimonio del exceso de información que tanto me abruma personalmente, y que es uno de los temas nucleares de mi investigación artística. Estoy especialmente interesado en rescatar tecnologías hechas obsoletas por ciclos económicos acelerados, y crear una confrontación entre lo analógico y lo digital. Esta confrontación es la que mi generación ha vivido muy aceleradamente y que quizás yo todavía estoy intentando procesar.

 

 «El exceso de información crea una amnesia permanente. No podemos retener un presente con tantos estímolos visuales y sonoros»

  

¿Qué papel jugaba la memoria en el contexto de Fuegos Fatuos?

El exceso de información crea una amnesia permanente. Literalmente, no podemos retener un presente con tantos estímulos visuales y sonoros. Esta pérdida de la memoria significa fundamentalmente la disolución de nuestra identidad. No somos nadie sin nuestras memorias. Cuando tiramos nuestros ordenadores a la basura, o nuestras cintas VHS, o nuestras cámaras fotográficas, estamos colectivamente eliminando nuestra memoria colectiva. Siento que estos materiales electrónicos que descartamos tienen una memoria, que a través del arte intento volver a despertar.

¿Y el espectador?

El espectador, en su deambular por la exposición, descubría paulatinamente las diversas instalaciones, y tejía su propio hilo narrativo, sus propias interpretaciones. Lo más atractivo del género de la instalación es que se rompe con la posición estática del espectador, y se le obliga a rodear la obra, explorarla desde distintos ángulos. Esta mirada en movimiento crea un complejo mapa cognitivo que pone en marcha otras formas de interpretar y sentir la realidad.

¿Cuál es su próxima parada?

Tengo en marcha varios proyectos de intervenciones en espacios públicos, algunos permanentes, otros para festivales tipo nuit blanche en diversas ciudades. Este contexto urbano es un gran reto para mi, e intuyo que hay muchas posibilidades de crecimiento para mi. Además, estoy trabajando en diversos proyectos museísticos.