Con la publicación, en 2022, de Los dos lados, Teresa Cardona [3] (Madrid, 1973) puso en marcha una serie de novelas negras ambientadas en San Lorenzo de El Escorial. Sus tramas incluyen personajes y escenarios reales porque, como confiesa la escritora e historiadora del arte, «cuanto más cercano es lo que se cuenta, más real parece; y cuanto más real, más creíble resulta la historia».
Desde entonces, además del título inicial, Siruela ha publicado Un bien relativo, La carne del cisne y A la vista de todos. Cuatro libros que son ahora objeto de un peculiar mapa que invita a descubrir el municipio escurialense a través de la literatura.
Como apunta la autora a lo largo de la conversación, quienes recorran el itinerario propuesto conocerán de primera mano los escenarios que dan vida a las tramas protagonizadas por los inspectores Blecker y Cano, inseparables ya de las calles del Real Sitio y de su vida cotidiana.
—¿Cómo y por qué surge la idea de una serie ambientada en San Lorenzo de El Escorial?
Es un lugar al que estoy muy unida desde pequeña; ya mis abuelos subían los fines de semana. San Lorenzo no era solo un lugar de veraneo: era el bálsamo de Fierabrás. No había enfermedad o situación vital para la que no se recomendaran unos días en El Escorial. ¿Estabas cansada o habías pasado una enfermedad? Súbete unos días a El Escorial. ¿Tenías que estudiar o sufrías mal de amores? Ve y date unos paseos por San Lorenzo. Una verdadera panacea.
Además, para mí, la novela negra tiene que ser, ante todo, creíble. Por eso, para ambientarla, muchos autores escogemos lugares que conocemos bien, en los que hemos pasado muchos años y que nos permiten convertir el entorno en un personaje más.
—¿Qué la diferencia esencialmente de otras series de novela negra?
En primer lugar, el entorno: no todos tienen la suerte de poder vivir e investigar junto a uno de los monumentos más notables de la humanidad. Fuera de bromas, lo que puede marcar la diferencia es el pequeño escenario en el que ocurren mis crímenes, que permite a mi pareja de guardias civiles investigar a la antigua usanza. En mis novelas, los crímenes se resuelven en el pueblo gracias a los interrogatorios y a la colaboración de los habitantes de San Lorenzo. No reciben ayuda del FBI ni encuentran la respuesta en la darknet, sino que tienen que callejear, preguntar y deducir en el Real Sitio.
—¿El medio rural es el eje de sus historias?
La ventaja de ambientar este tipo de novelas en el medio rural es que, en un pueblo, encuentras, concentradas en un espacio pequeño, todas las bajezas humanas y, al mismo tiempo, todos los aspectos maravillosos que también se dan en el ser humano. Los personajes se conocen, hablan entre ellos, saben de qué pie cojea cada cual y eso, desde mi punto de vista, enriquece el resultado.
Además, creo que esta clase de escenarios cuenta cada vez con más adeptos entre los lectores de novela policíaca, a quienes, en general, les gustan mucho los lugares y los personajes reconocibles. Cuanto más cercano es lo que se cuenta, más real parece; y cuanto más real, más creíble resulta la historia.
—¿Con cuál de las cuatro novelas que hasta ahora integran la serie se siente más satisfecha?
Cada una tiene algo especial. Un bien relativo fue la primera y tengo mucho cariño a sus personajes. Es una historia muy negra y, a pesar de ello, sus protagonistas me producen una inmensa ternura. En Los dos lados, probablemente sea el conflicto ético que se plantea lo que más me gusta. La carne del cisne se adentra en un tema peliagudo que me hizo dudar y plantearme las cosas desde distintos puntos de vista. A la vista de todos fue, quizá, la más personal, pues en ella aparecen escenas que yo misma había vivido.
—¿Cómo percibe que los habitantes de San Lorenzo hayan aceptado convertirse en protagonistas literarios?
Por ahora nadie se ha quejado… Y eso que he elevado una barbaridad la mortalidad de este lugar tan tranquilo. Les estoy muy agradecida porque, cuando incluyo a algún personaje real, siempre les parece bien y nadie se niega. No deja de plantear conflictos, ya que, a veces, la gente me pide aparecer, incluso como víctima o asesino, pero suele ser algo inviable: quienes menos imaginas se ofrecen como homicidas y son difíciles de novelar.
—¿Qué encontrará quien emprenda la ruta literaria que ahora se propone?
Un paseo diferente que le permitirá no solo seguir los pasos de Karen y Cano en las novelas, sino también descubrir lugares que pasan inadvertidos ante la imponente presencia del monasterio, pero que merecen una visita. Desde palacios de Juan de Villanueva hasta los enclaves naturales con las mejores vistas; desde callejuelas escondidas del siglo XVIII hasta colonias veraniegas con villas del XIX perfectamente conservadas. Quienes hayan leído los libros averiguarán incluso dónde se puede comer bien.
En definitiva, quien siga este mapa podrá sentarse en las terrazas en las que los investigadores debaten sus casos, entrar en los mismos comercios que frecuentan o incluso acercarse a sus casas. Si hay suerte, quizá pueda ver a los personajes paseando por el Real Sitio. Solo hay que dejar volar la imaginación…
—¿Cuáles son los puntos clave de esa ruta literaria?
La ruta parte del centro de la población, la plaza de la Constitución. Atraviesa las calles que utilizamos todos los habitantes del pueblo y conduce, como he dicho, hasta las callejuelas menos conocidas. Acerca al visitante a la Casita del Infante y a su maravilloso jardín. También lo lleva hasta el monasterio y hasta el lugar desde el que se obtiene la mejor vista. Sube al paseo de la Horizontal y, en pocos minutos, traslada al visitante a un magnífico entorno natural. Atraviesa el pueblo y asciende hasta uno de sus barrios más elevados, Las Casillas, donde se encuentra el convento de las Carmelitas Descalzas, aún en activo.
—¿Por qué son importantes estos lugares?
Son lugares a los que Karen y Cano tienen que acudir para investigar, pero también los que frecuentan a diario para tomar un café, comprar la cena, pasear o salir por la noche a comentar los casos. Cada parada está relacionada con ellos y aparece en los libros. Además, la gente de fuera —los habitantes de San Lorenzo lo saben perfectamente— sentía curiosidad por conocer dónde y cómo viven.
—¿Tendrán continuidad las andanzas de Blecker y Cano?
¡Claro! El siguiente caso está en la cocina. Vuelve a tratarse de un crimen cometido en el pueblo, esta vez en el centro de la localidad. Aunque, en esta ocasión, no solo San Lorenzo, sino también El Escorial, el municipio vecino, tendrá mucho protagonismo.
(Además de la serie descrita, Teresa Cardona, seudónimo de Teresa Todenhoefer, ha publicado novela negra en Francia bajo el seudónimo Éric Todenne, tras el que también se encuentra el escritor Éric Damien. Escritas a cuatro manos, Un travail à finir y Terres brûlées están protagonizadas por el teniente Andreani, un policía amante de la música clásica y del jazz.)
