Las obras muestran formas abstractas de colores intensos que parecen ser el resultado de una explosión de color cuyas formas resultantes están a punto de desvanecerse.

Sobisch entiende el arte actual más por los modos que por los temas y más por el espacio que por los límites. Se refiere a sí mismo como un “artista conceptual que no trata de representar lo conocido y que no cree que se mejoren las cosas añadiendo, sino quitando, hasta dejar sólo los aromas de una idea”.

Su trabajo se enmarca dentro de los volúmenes geométricos, a los que adhiere un tratamiento lumínico para transformar la geometría concreta en efímera, empleándolo como un campo de representación poética y filosófica de las formas. El color y la luz le otorgan a sus obras un toque de espiritualidad y conciencia.