En total, 51 imágenes elegidas entre más de 500 que pueden visitarse en la Twin Gallery de Madrid, en el marco de PhotoEspaña, hasta el 11 de julio. También algunas esculturas de cerámica basadas en las fotos, tres lienzos y un libro que se editará a partir de todo el material. Es el resultado de tres años de trabajo y diferentes viajes por Noruega, Portugal, Francia e Inglaterra. Todo en analógico y en blanco y negro. Atemporal. Muy hilado estéticamente. Con mucho poder.

En su anterior reportaje, Let me kiss you, Saraiba también se adentraba en terrenos musicales. Lo hacía entonces sobre los fans de Morrissey y él era más bien un espectador, una persona que hacía las fotos de algo que creía que era interesante. Ahora, con The Black Mark, se embarra por completo y cuenta el retrato de su propia vida. “Es la primera vez que hago algo en lo que me involucro tanto. Trata un tema del que no se habla, y si alguna vez se hace, ni yo ni nadie de mi entorno nos vemos reflejados y por eso sentí la necesidad de hacerlo”.

Reivindicación y crítica

Saraiba quería reflejar otra realidad, otro perfil frente a los miles y miles que existen, y hacer también una crítica al ‘hombre homosexual establecido’, “al que sale en televisión como Jesús Vázquez o Boris Izaguirre, que tienen todo mi respeto, pero que son un tipo de gente con la que nunca me sentí identificado”, explica.

No se siente fuera del ambiente gay. Ha creado su entorno. No sale por Chueca, ni compra las marcas que se supone que debería comprar. Tampoco escucha a Madonna. Sus tíos eran los heavys del barrio y creció escuchando metal. De pequeño quería ser como el cantante de Metallica, ir lleno de tatuajes, de pendientes y llevar camisetas con calaveras. Reconoce que faltan espejos y referentes. “La gente joven necesita más. El mundo homosexual que te presentan, el de las masas, es sólo uno y creo que este proyecto puede abrir el debate sobre cuántos prismas desconocemos sobre la homosexualidad”.

The Black Mark puede dividirse en dos tipos de fotos, uno más de paisaje, del festival en sí, y otro más de retratos en primera persona. Todos hombres, metaleros, homosexuales. Cada instantánea está muy medida y por ello el proyecto ha exigido muchas horas, ir a un sitio y que no salga ninguna foto, ir a otro y que tampoco. “Es un trabajo que tiene algo de monje, de buscar y de esperar”.

Con él, el artista quería reivindicar el formato analógico y demostrar cómo todavía hoy se puede hacer algo con poco. Le encanta Instagram, y hasta se declara un adicto, pero cree que no debemos olvidar que hay otros formatos. Tenía que ser, además, en blanco y negro, como en blanco y negro son las portadas de los discos de estos grupos y también sus camisetas: “Todo es de estos colores porque no hay dinero, se hace barato y fotocopiado y así se crea una estética de lo roto, de lo viejo, de lo cutre y de lo que no importa que es inmortal. La foto en blanco y negro es atemporal y algunas parece que son de hace 20 años”.

“Los doblemente marcados”

El logotipo del documental The Black Mark es de Christophe Szpajdel, un diseñador famoso dentro del metal extremo que publicó hace años un libro llamado The Lord de Logos y que ha hecho logotipos para todas las grandes bandas. Saraiba le conoció en un festival en Portugal, le contó la idea, y él accedió a hacerle el logo por 20 euros. “Es algo muy bonito y muy underground. Te das cuenta de que cuando te mueves por esos círculos las cosas son mucho más sencillas, más baratas y más accesibles”. Imita al de una banda de black metal, y con él el artista hizo parches que ha ido dando a todos los hombres gays que ha ido conociendo en festivales: “Me parecía divertido crear como un nuevo símbolo de la homosexualidad que no tuviera arco iris y que supusiera empezar desde cero”.

El proyecto ha ayudado así a visibilizar a una comunidad con una idiosincrasia particular que viene de una estética muy marcada. La ha retratado y la ha dotado de un símbolo. Entre el metalero y el gay hay muchos puntos en común. Curioso que, según confiesa el propio Saraiba, nunca se haya sentido rechazado por alguien que escucha este tipo de música por su condición sexual, y que en cambio se haya sentido mucho más rechazado por el mundo homosexual por escuchar metal y llevar cazadora de cuero.

“La gente que pertenece a la escena underground han sido los niños marginados de los barrios. Son los frikis de la clase, de su casa, y tienen una simpatía hacia otros marginados. En cambio, la comunidad homosexual ahora mismo está superdeteriorada, en el sentido de que no estamos nada unidos y la televisión y los medios de comunicación han vendido una imagen con la que el 90% no nos sentimos identificados”.

Una escena constante

The Black Mark, como no podía ser de otra forma, tiene una banda sonora natural que lo acompaña. Grupos como Immortal, Burzum, Emperor, Gorgoroth o Bathory, la banda de la que toma el nombre en referencia a un disco suyo de mediados de los 80 que se llama Under the shine of the Black Mark. Un guiño y a la vez una referencia al doble sentido de la expresión “la marca negra”: “Es como decir que esta gente está más que marcada”.

En relación a la situación actual del heavy, Saraiba cree que en festivales España ha perdido todo lo que tenía, sin embargo “no hay ningún público más fiel que el del metal” porque es el que de verdad hace que no muera. “Hablamos de grupos que no son fugaces como The Strokes o Franz Ferdinand, que tienen dos o tres discos y no vuelven a tocar en el Palacio de los Deportes nunca más. La escena metal es algo muy constante, y quizás lo que falla es que la gente en España tiene una cultura musical nula”.

Para él hay que partir de eso. España no es un país como Inglaterra o como Estados Unidos donde la gente tiene una cultura musical muy rica. “Aquí sólo un 20% de la población, independientemente de la música que le guste, va más allá. Recuerdo cuando era pequeño lo difícil que era conseguir música. Entonces incluso se cambiaban los discos. Es muy triste que hoy día que todos tenemos acceso a todo no se consuma en condiciones”.