Aunque su formación se encaminó hacia el vidrio, Donné pronto derivó en instalaciones y videoarte, aunque al poco tiempo comenzó de nuevo, esta vez como escultor y pintor. Él considera que pinta como un escultor. En cualquier caso, los límites entre pintura y escultura son difusos en su obra. Esculturas que se pueden colgar en una pared, en las que la luz que se proyecta sobre ellas juega un papel importante.

Su trabajo es minimalista. El resultado final de todo un proceso que empieza desarrollando una idea, haciendo cálculos, tomando medidas, realizando dibujos y esquemas que ocupan la mayor parte del tiempo en el proceso de creación. El resultado final es la culminación de una larga reflexión, ya que sólo cuando todo encaja empieza a materializar la obra. Una ejecución vulnerable, ya que una línea equivocada, un solo movimiento dudoso puede distorsionar toda la obra que se revelaría como inutilizable. Las pinturas monocromas, realizadas con precisión geométrica, dan lugar a sensibles trabajos que consisten en una secuencia de varias idénticas o similares porciones que van enlazadas unas a otras.

Dave Donné no sigue tendencias. Tiene muy claro lo que quiere hacer y por qué lo quiere hacer. Para él, cada momento es único y cuando traza una línea no puede volver atrás, lo que exige una gran preparación. Su trabajo es como el de un cirujano que sabe que la precisión es imprescindible, que a veces en la vida las cosas solo se pueden realizar una vez y no hay vuelta atrás.