Comisariada por Tomàs Llorens, la exposición reúne un total de 52 obras –principalmente pinturas, algunas esculturas y litografías– procedentes de museos y colecciones de todo el mundo, entre las que están algunas de sus piezas más destacadas, como La barca (1926), Sociedad, París (1931), Autorretrato con corneta (1938), Ciudad. Noche en la ciudad (1950) o Los argonautas (1949-50), el tríptico que dio por terminado el mismo día en el que falleció prematuramente en Nueva York.

Como recuerda Llorens, “la pintura de la primera etapa de Beckmann es ecléctica. Además de a Max Liebermann o Lovis Corinth recuerda a otros artistas alemanes de la generación anterior. Pero la influencia más importante y duradera fue sin duda la de Cézanne; su preocupación por aunar la representación de los volúmenes con la superficie bidimensional del lienzo se convertiría en una de sus principales obsesiones durante toda su carrera”.

Sin etiquetas

Beckmann creía que no podía haber una pintura nueva basada en principios doctrinales nuevos; lo único nuevo en arte son las nuevas personalidades de los artistas. El interés por enlazar con la gran tradición de la pintura se convirtió en objetivo principal de su trabajo durante esta primera etapa, lo que le llevó a enfrentarse con el vanguardismo de los expresionistas de su generación. Como señala Llorens, “el profundo rechazo al carácter colectivo, sectario y doctrinal de estos movimientos permaneció como sustrato de sus posiciones individualistas frente a todas las corrientes artísticas colectivas con las que se encontraría hasta el final de su vida”.

“Creo que amo tanto la pintura justamente porque me obliga a ser objetivo. No hay nada que odie tanto como el sentimentalismo”, escribió el artista en 1918 en un texto en el que explica sus principios creativos. Rechazo del sentimentalismo, objetividad, concentración en la plasticidad del cuadro… Beckmann fue el primer artista que formuló esos principios básicos sobre los que se funda una de las corrientes dominantes en la poética de la posguerra, aunque cuando ésta acabó convirtiéndose en una tendencia de moda bajo el nombre de Neue Sachlichkeit (Nueva objetividad) y él mismo fuera reconocido por muchos como su principal representante, él continuó, hasta su último aliento, rechazando cualquier etiqueta.

Dos secciones

La exposición está estructurada en dos secciones. La primera, de menor tamaño, está dedicada a la etapa vivida en Alemania desde los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando comienza a ser reconocido públicamente, hasta el ascenso del nazismo en 1933, cuando es destituido de su cargo en la escuela de arte de Fráncfort y se le impide exponer sus obras en público.

Para Llorens, la presentación, la representatividad e importancia en el conjunto de la producción del artista ha sido el principal criterio de selección de las obras reunidas en esta sección. En la segunda, más extensa y que recorre los años en Ámsterdam (1937-1947) y Estados Unidos (1947-1950), donde vivió tras verse obligado a abandonar Alemania, la elección de las piezas se ha realizado según un criterio temático: el exilio, tanto en sentido literal, por la propia experiencia vital de Beckmann, como figurado, por el significado que tuvo para él como condición básica de la existencia humana en general y del hombre moderno en particular. Por este motivo, los cuadros alegóricos –a los que dedicó mayor esfuerzo y tiempo de trabajo (todos los trípticos y lienzos de gran formato que pintó son composiciones alegóricas)– son los más abundantes en esta selección.

Los retratos, paisajes y naturalezas muertas, géneros tradicionales que practicó a lo largo de toda su carrera, han sido elegidos también por sus resonancias alegóricas. Esta parte del recorrido se estructura en torno a cuatro metáforas relacionadas con el exilio: Máscaras, centrada en la pérdida de identidad que se asocia con la circunstancia del exiliado; Babilonia eléctrica, sobre el vértigo de la ciudad moderna como capital del exilio; El largo adiós, que plantea la equivalencia entre exilio y muerte, y El mar, metáfora del infinito, su seducción y su extrañamiento.

Tras su presentación en el Thyssen, donde cuenta con el patrocinio de la Comunidad de Madrid, la exposición podrá verse también en Barcelona, en las salas de CaixaForum, del 21 de febrero al 26 de mayo de 2019.