“Siempre estoy buscando nuevas formas de desacralizar el elitismo que rodea al mundo del arte”, explica Orlin para describir su proyecto de pequeñas piezas audiovisuales. En estas grabaciones, Orlin trabaja con los vigilantes grabándoles en distintas situaciones. Para ella son niñeras particulares que cuidan pinturas y esculturas. Y es que los museos, además de ser lugares de exhibición, descubrimiento, conservación e historia, son los espacios del trabajo diario de los vigilantes que dan la bienvenida al público y garantizan la seguridad de las personas y de las obras expuestas.

Además, Orlin ofrece este miércoles, 20 de marzo (Nave 11, 20.30 h), una conferencia performática, Una hora con Robyn, en la que cada espectador se convierte en un actor que se involucra en el proceso creativo de la coreógrafa y que puede experimentar en primera persona cómo trabaja en sus piezas.

Naves Matadero también acoge el estreno en España (22, 23 y 24 mar. 20.30 h) de And So You See… Our Honourable Blue Sky And Ever Enduring Sun… Can Only Be Consumed Slice By Slice… Un solo interpretado por Albert Ibokwe Khoza, “un ‘réquiem para la humanidad’ –explica Orlin–, hecho por mí para un actor de la próxima generación de sudafricanos… lleno de nociones positivas e inquisitivas… tratando de vivir con la destrucción que seguimos creando. Y que continúe sirviendo para las próximas generaciones… preguntándose si es posible, como sudafricanos, colonizar Mozart y al mismo tiempo usar lo cotidiano como un vehículo”.

Robyn Orlin

Esta bailarina y coreógrafa es conocida en su país por la constante irritación que provocan sus obras. Premiada con la máxima condecoración al mérito en las artes de Francia, ha transformado durante treinta años los límites entre el arte performativo y la danza. A través de su ecléctico trabajo con disciplinas como el vídeo, las artes plásticas o el texto, entre otras, retrata la difícil y compleja realidad de su país.

En cada proyecto busca la manera de incluir a la comunidad y al público. Su punto de partida es su entorno inmediato, que actúa como un trampolín para abrir temas relacionados con la cultura, la historia y la identidad. En sus obras, a menudo, el público se encuentra en el escenario durante la actuación y los artistas entre los espectadores. Y es que a Robyn Orlin le gustaría que todo el mundo fuera bailarín.