La exposición, destaca su comisario, Antonio Tabernero, “propone un recorrido por la obra de un fotógrafo que siempre se consideró amateur, y cuya producción es una de las más singulares de la fotografía, no solamente por su dimensión poética y por su extraordinaria libertad de expresión, sino también por la natural sencillez con la que abordó su interpretación del mundo”.

La contemplación de la obra de Cualladó hace patente la dificultad para expresar con la palabra las imágenes que aparecen en el escenario de la visión. “Nos asusta enfrentarnos al vacío de las imágenes porque nos lleva a un lugar de nosotros mismos que desconocemos. Él se las arregla para hacernos ver en lo que muestra una cosa que no se ve”, añade el comisario.

De formación autodidacta, la obra de Cualladó destaca por configurar un estilo de mirada realista, componiendo un universo poético propio y transmitiendo el intenso latido vital de una época. El apogeo de su labor se produjo en las décadas de los 50 a los 70, unos años que se reflejan en la exposición a partir de sus series fotográficas realizadas principalmente en Madrid, París y Asturias.

Autorretrato con camiseta, 1958. Gabriel Cualladó.

Autorretrato con camiseta, 1958. Gabriel Cualladó.

En estas imágenes, no busca temas ni personas relevantes sino que, ofreciendo su mirada más humanista, retrata escenas sencillas, desprovistas de artificios, para captar los instantes de su vida cotidiana.

Así, por estas fotografías transitan familiares, amigos y personajes anónimos que conforman un mosaico cercano e intimista. El Rastro de Madrid fue uno de sus escenarios fotográficos predilectos, reflejando la vida de este escenario y los personajes que lo habitaban a través de un uso intensivo de la sombra, del negro que, en el caso de Cualladó, siempre es un espacio de vida.

 

“No intervengo en la actitud de los sujetos que fotografío. Es más bien al revés: es «su» actitud lo que me da la clave de si la imagen me interesa o no”

Gabriel Cualladó

La carrera de Cualladó continuó siendo fecunda hasta poco antes de su fallecimiento en 2003, como demuestra el proyecto fotográfico Puntos de vista para el Museo Thyssen-Bornemisza, del que esta exposición incluye una amplia selección. En esta serie cambia radicalmente su modo de mirar, puesto que el tema principal es el público del museo. Así, el fotógrafo mira a gente que, a su vez, mira y que incluso es mirada por el pintor de las obras, en un juego caleidoscópico revelador.

Estos últimos años de la actividad fotográfica también están reflejados en la muestra a través de una pequeña serie realizada con polaroid. Como apunta Tabernero, “investigó tímidamente el color, sirviéndose de esta cámara que ofrecía colores muy especiales y que otorgaba a la imagen un ambiente poético”.

La muestra cuenta con préstamos de importantes colecciones, como el Museo Reina Sofía, el Museo Thyssen-Bornemisza o el IVAM, así como de la colección de la familia Cualladó, y se acompaña de un catálogo de las obras con textos de Antonio Tabernero, de la especialista Marie-Geneviéve Alquier, del fotógrafo Carlos Cánovas y de la filósofa Nelly Schnaith.