La obra de Chillida explora el potencial volumétrico del espacio. Sus esculturas se originan a partir de pequeños tubos de acero cuyos extremos se expanden generando capas, cavidades y aberturas que gravitan sobre su propio cuerpo. A la hora de crearlas deja visible en su piel la textura de las soldaduras que unen las pequeñas piezas, provocando un juego visible de contrastes. Un ejercicio que desarrolla el equilibrio entre las dualidades de dentro y fuera, de lo visible y oculto, la suspensión y la gravedad. La obra pide al espectador una actitud activa a fin de encontrar desde el punto de vista, siempre cambiante, un camino dentro de las cavidades por donde orientar la mirada y el pensamiento.

En el caso del dibujo, el artista sigue las exploraciones iniciadas en la escultura y, partiendo del vacío, construye un tejido de formas de marcado carácter geométrico que se convierten en “colonias” creadas con ritmos repetitivos y variaciones. De fuerte impacto visual, en monocromo, sus dibujos son rigurosas variaciones formales que crecen orgánicamente.

La exposición de Gorka Chillida entra en diálogo con otra muestra, esta dedicada al arte concreto, una de las líneas expositivas históricas de Lanfranco Bombelli, fundador de la Galería reabierta en 2003 por Huc Malla.

La constelación de artistas vinculados a la biografía de Bombelli establece un marco histórico y conceptual afín a las composiciones geométricas basadas en los mínimos medios plásticos, que en el caso del arte concreto halla su inspiración en la matemática así como en Gorka Chillida en composiciones abstractas que crecen de manera orgánica.

Esta muestra paralela incluye obra gráfica de artistas como Max Huber, Max Bill, Richard Paul Lohse, Bruno Munari, Dario Grossi, Heijō Hang, Jakob Bill, François Morellet, Sol Lewittt, Antonio Calderara o Adolfo Estrada.